Esta mañana Ana Pastor (la de la tele, no la otra: eso tendría demasiado morbo) ha entrevistado a Francisco Álvarez Cascos en Los Desayunos de RTVE. A saber: inundaciones, pinza PP PSOE, Niemeyer, Festival de Cine, RTPA… «Espere, ¿podemos ir por partes?»
Cascos esbozó lo que ya intuíamos, aunque con algo más de claridad: complot, voto de rebeldía contra el status quo de PP y PSOE y situación insostenible en Asturias. Todo, fantásticamente empaquetado para la televisión nacional y aguantando (esto no se lo he visto a hacer ni a Ahmadineyad) los envites de Pastor con calma, sin perder los nervios ni desviarse un ápice del discurso.
El presidente rebaña de donde no hay: una pregunta sobre la situación que ahora mismo se vive en el Oriente de Asturias, con ríos desbordados, le sirve para colar una lección de geografía para madrileños. El proyecto de Foro, dice, no es una locura o una chochez de político crepuscular. Con este sencillo toque, pretende desarmar la idea instalada en ciertos sectores de la región, y no digamos ya allende Pajares.
Cascos sabe, con todo, sentarse ante una cámara y hablar. Sabe explicar lo que quiere explicar y, aunque uno no esté de acuerdo, puede llegar a entender qué se le pasa por la cabeza. Por ejemplo: preguntado sobre el asunto Niemeyer (que ha cambiado de nombre y se llama Centro Cultural Avilés, aunque él no lo dice para marcar la continuidad voluntariosa de su partido), él explica lo de la auditoría, lo del agujero de dinero público, la necesidad de corregir una situación y escurre el bulto de la programación con una solvencia pasmosa. A fin de cuentas, lanza al televidente de la calle Serrano, usted no ha venido en su vida al Niemeyer y no va a hacerlo ahora, así que cállese.
Pero, cuando tocaba explicarlo, en su día, quien apareció en los telediarios de toda España detrás de una mesa llamando aficionada a Jessica Lange era otro, era el consejero de Cultura. Su vehemencia fue el abono de las manifestaciones que aún hoy se están produciendo. Él no tuvo la mano de su jefe, y se sometió a un desgaste innecesario: error de comunicación desde arriba hacia abajo.
En otras ocasiones le fallan las formas, la comunicación, al propio Cascos, por falta de transmisión en el sentido opuesto: preguntado sobre el relevo del Festival Internacional de Cine de Gijón, se acuerda del franquismo para refererise al colectivo de cineastas que han pedido el retorno de Cienfuegos (son 500), y obvia las 1.000 personas que se manifestaron frente al Ayuntamiento dos días después del cese. Error de cálculo que una simple llamada desde el consistorio hubiera atajado. Estoy seguro de que sus palabras le han costado, por lo menos, 30 manifestantes y un periodista de un medio nacional más en la manifestación de este viernes.
Cascos sabe sentarse ante una cámara y hablar, y aguanta el tipo como pocos ante una periodista de la voracidad de Ana Pastor. Otrosí, como presidente de un partido y de una Comunidad Autónoma, creo que lo habitual es que ese mensaje (desde el punto de vista comunicativao, no del fondo: esa es otra guerra) se vaya filtrando hacia las bases, de forma que si yo hubiera visto la entrevista mientras que desayunaba en un bar, y me hubiera ciscado en él, alguien, un militante, un forero que pasara por allí me hubiera agarrado tiernamente del brazo y me hubiera explicado qué está pasando. Quizás incluso me hubiera convencido, quién sabe.
Pero ocurre que cuando la cadena se rompe, cuando la idea no llega y cuando la nube de manifestantes de la RTPA nos impide ver a los dirigentes de Foro entrar en la Junta General del Principado, o escuchar lo que pretenden decir, no hay defensa posible.
¿Sabía Cascos dónde se metía cuando decidió volver, no a pescar salmones precisamente? Eso sólo lo sabe él. Ese es el fondo de su proyecto. Lo que seguro que no sabía, o no esperaba, era que el mensaje iba a ser tan dificil de colocar. Y ahí está la clave.
