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Entradas que hablan sobre «Festival Internacional de Cine de Gijón»

  1. De revuelos y festivales

    Lo escribí el Viernes 27 de enero de 2012

    A diario, encuentro un motivo (alguno más peregrino que otro) para abrir un periódico. Muchas veces me doy cuenta de lo obsceno de la idea en el preciso instante en el que miro la portada; otras, me detengo y lo leo con avidez, acompañado de muchos cafés y pinchos, y sin mirar el reloj.

    Últimamente predomina el primer caso, solo superado por el esfuerzo aeróbico y gimnástico de enterarme de la misa a la media; pero en ese vacío, en ese aburrimiento total en el que la primera página me pesa, en general, más que una bolsa de la compra repleta escaleras arriba por la densidad de temas, me doy cuenta de lo difícil que es optimizar fuentes y reducir la lectura al mínimo necesario para cualquier mortal.

    Camps estalla en todas las portadas, y se debate, en foros nacionales muy sesudos e informados, sobre la necesidad de rehabilitarle. Ahora bien, en ese debate no se tiene en cuenta, para nada, el caso de corrupción que sigue coleando en Asturias y que no ha valido portadas de más medios que los de aquí. Todo ello, a pesar de que tiene el mismo –si no más– alcance.

    Ayer por la mañana me levanté, me tomé un café y me fui a la Casa de la Palmera a dos ruedas de prensa. Una, de un espectáculo infantil y la otra, de uno de danza. Todo parcía apacible, hasta que entré por la puerta de la sala y me encontré únicamente a la gerente del Teatro Jovellanos, María Teresa Sánchez, delante de una nube de cámaras dando explicaciones sobre la próxima (ocurrió a las cuatro) proclamación de Nacho Carballo como nuevo director del Festival de Cine de mi ciudad.

    El asunto era portada en los digitales asturianos al cabo de un par de horas, justo cuando me senté a comer, escuchando la radio (de ámbito nacional) donde alguien seguía destripando el asunto Camps, o quizás la reunión de Rajoy y Merkel. Pero con profusión y ganas, con tertulianos y todo, con saña. Con tiempo radiofónico.

    En Gijón se organizaba la mundial con Cienfuegos, Carballo y demás. O puede que, en la barra de un chigre, dos paisanos miraran el asunto Camps en la tele con el vermú en una mano y el palillo rechupado en otra, murmurando: «Y la otra, ¿qué?»


  2. Festival de cine, o de lo que sea

    Lo escribí el Jueves 12 de enero de 2012

    Rápido: resulta paradójico que el camino más corto para ser mejor que los demás no pase por intentarlo, sino por intentar, en cambio, ser el mejor a secas. Uno puede esforzarse lo que quiera en superar a aquellos que cree sus rivales, y quizás tenga algún éxito; pero está muy claro que el que irá por delante es el que no compara, el que no busca. Será el que encuentre, al final.

    Otra paradoja: he participado en la cobertura del Festival Internacional de Cine de Gijón los últimos dos años y, en total, creo que mientras duró tuve tiempo de ver menos cine que cualquier otra semana del año.

    Ayer, su hasta ahora director, José Luis Cienfuegos, fue destituido y sustituido en un corto espacio de tiempo por Nacho Carballo. No es cuestión de meterse en los porqués y en los entonces de la decisión, pero sí es inevitable echar la vista atrás, en la medida de lo posible, y topar con (¡qué empacho!) más paradojas: en las tripas del festival vivía gente que entregaba mucho más de lo que recibía (en su cuenta corriente) por el trabajo que hacía; y la otra gente, la que llenaba las salas, parecía feliz con lo que recibía. Quizás no con las películas, pero sí con el hecho de tener algo que criticar, o que hacer con su intelecto, al menos, durante la semana que dura el Festival.

    En quienes participaban descubrí que, sin ser necesariamente los mejores, sí existía la voluntad de serlo. Pero de serlo como decía al principio: de serlo de corazón, de serlo en el día a día y no al presentar todos esos números aburridísimos en torno a los que orbitará, ahora, el debate por la destitución. De serlo con lo que había y con lo que no, de tomarse unas cervezas en los conciertos de por la noche y de llevar despiertos las horas que hiciera falta cuando el resto empezara a desperezarse. De hacerlo bien.

    Por desgracia, no quedan muchos sitios, o muchas familias de la cultura, en las que ese espíritu siga vivo. Que desapareciera ese reducto sería una pena. Por eso espero que siga vivo, esté a su frente Carballo o el mismísimo Carlos Rubiera. Les deseo suerte en la empresa: solo así podrán ser mejores que. Solo así podrán ser los mejores.


  3. Vil metal

    Lo escribí el Lunes 28 de noviembre de 2011

    El vil metal, el pecunio, el dinero. Al final, es de lo que llevamos hablando toda la semana en el Festival Internacional de Cine de Gijón, que terminó el sábado.

    Se ha completado un ciclo que está empezando a ser frecuente en Asturias en los últimos tiempos: se celebra un acontecimiento anual, como es este, y de pronto empieza a mirarse con otros ojos, con extrañeza la edición correspondiente: ¿Será rentable? ¿Le quitarán las subvenciones? ¿Habrá exabruptos? ¿Se pegarán unos con otros? Ay, qué nervios.

    En eso andamos con el festival, con el «cadáver aún caliente», como dice un amigo mío.

    Montxo Armendáriz, en el encuentro que mantuvo el mismo sábado con medios y aficionados, dijo muchas cosas con las que no estoy de acuerdo, pero sí dijo una que, aunque todos sabemos, conviene que alguien nos recuerde de cuando en cuando: que no todo se puede medir en términos económicos.

    A los gijoneses, a los asturianos, como a todo el mundo, nos gusta salir de casa y hacer cosas. Así, en general. Nos gusta ir a conciertos, a exposiciones, al teatro, a la ópera, al Aquasella, a beber hasta caernos al suelo, de botellón, de excursión, de fartura a algún pueblo perdido, de viaje… Nos gusta, nos gusta todo eso y más.

    Por desgracia, Asturias no es grande y acusamos, en cierta medida, ese efecto Springfield, el pueblo de Los Simpson: tenemos de todo, pero, en muchos casos, tenemos uno solo. Chigres tenemos a manta, y buena comida, también: es por lo que se nos conoce. Así todo de vez en cuando nos gusta tachar de esa lista de arriba la fartura y la borrachera y ocuparnos de otras tradiciones, acudir a distracciones que ni salen caras ni salen mal.

    Se me ha olvidado añadir, a la lista de cosas que nos gustan, otra más: criticar. No con mezquindad –o sí– pero es algo que nos presta por la vida. Aunque solo sea por mantener los viejos usos, esperemos no perder nunca esa posibilidad: la de criticar. Que encima, es gratis.


  4. Jurado popular

    Lo escribí el Sábado 13 de noviembre de 2010

    Me ha crecido un flequillo que tengo que cortarme. Aún no he sucumbido a las gafas (no me hacen falta, por suerte); ni se me han ceñido los pantalones tanto a las piernas. Sí tengo una rebeca (por si refresca, ya se sabe) en el fondo de armario, pero me falta una pashmina con la que dar empaque a mis palabras en las tertulias. Pero ese día puede llegar de un momento a otro.

    En el Café Dam las espirales de humo y conversaciones en torno a lo más granado del Festival se multiplican por estas fechas, y en casi cualquier rincón de la ciudad pueden divisarse encendidas conversaciones. Conversaciones que pueden no ser tales, ojo, sino deliberaciones del jurado joven del festival, compuesto, en general, por perfiles como el arriba descrito. Esto es, el 92% de la población cimavillense, en algún momento de su vida.

    Será difícil tener a Julia Roberts correteando por la alfombra roja, aunque Joaquin Phoenix esté en las pantallas de la Laboral; eso sí, ese mismo espíritu que llevará al gijonés joven a plantarse, dentro de cinco décadas, a pie de obra para comentar la calidad del mortero, encontrará una buena formación en este primer acercamiento.

    Sin duda, lo mejor del Festival: como si Perry Mason se pasara por La Plaza; como si Jessica Fletcher se dejara caer por el Sonotone: durante unos días, cualquier cineasta puede caer fulminado en el rincón más insospechado y, cuando se abra el plano, descubriremos que una imagen desconocida y juvenil está detrás del veredicto. No hay como esta cita para recordar que, por suerte, este festival sigue siendo como Hacienda: somos todos.