En ocasiones, una noticia suscita tantas preguntas que abruma, que es mejor dejarla reposar y, con el tiempo, dejar que todo el cacareo se depure.
Así está ocurriendo en este momento. Se cruzan tantos datos, detalles y conspiraciones que están saliendo cientos de mensajes absurdos, como este que ahora mismo se encuentra en El País:
Bueno, podría ser un tropiezo (del que ya se ha dado cuenta todo el mundo pero que siguen sin subsanar). Pero el hilo estrella está siendo la veracidad de la noticia. Porque todos los medios afirman que Estados Unidos ha matado a Osama Bin Laden, pero ¿es que han visto el cuerpo en una fotografía que no fuera ese burdo trucaje? ¿Por qué se la juegan tanto evitando un verbo declarativo? ¿Está confirmada la noticia? ¿Cómo? ¿Con qué fuentes? ¿Con los enviados especiales que no tienen en Pakistan?
Estas son las horas de la intoxicación. Ahora, filtrar esa fotografía trucada es la treta perfecta para que Obama no pueda anotarse el tanto; y para que recelemos. Para que nos inmunicemos contra una posible verdad: ¡Obama os ha mentido! ¡No creáis una sola palabra!
También son horas críticas para todo Occidente, empezando por Estados Unidos. La fragilidad de una victoria que el presidente estadounidense intenta ocultar es evidente: si en los próximos días Al Qaida comete un atentado de los gordos, vuelta al punto de partida. Vuelve a girar la rueda del odio y de los miedos, y de los intereses. Vuelven los cadáveres.
Incluso las imágenes de los estadounidenses celebrando su victoria militar (no es otra cosa) son peligrosas. El ensañamiento sobra, y vuelvo a ver resucitado, a mi alrededor, el anti americanismo barato post-11S. Todo un varapalo para la imagen exterior de uno de los países que más perjudicada la tiene ya de por sí.
Probablemente la muerte de Bin Laden, digan lo que digan, es cierta: se han producido condenas y felicitaciones de instancias que, supuestamente, pueden verificar la información. Pero solo por eso lo sabemos: nuestros medios siguen afirmando en lugar de andarse con pies de plomo.
Y lo digo porque este tipo de emergencias informativas nos empujan a quienes tenemos voz y voto en el mundo (es decir, todos los que tengamos una conexión a Internet) al coso, a polarizarnos, a posicionarnos y olvidar, con euforia y pasión, que no existen el bien y el mal, que lo que nos cuenten carece de valor (¿Alguien es capaz de citar los nombres de tres terroristas que cometieran el 11S? ¿Y el 11M?).
A día de hoy, lunes 2 de mayo, a las 13.39 del mediodía, tenemos bastantes más preguntas que respuestas. Sin ansias, y con la cabeza fría se analiza todo mucho mejor. Conviene recordarlo.

