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Entradas que hablan sobre «Estados Unidos»

  1. Las preguntas de Osama

    Lo escribí el Lunes 2 de mayo de 2011

    En ocasiones, una noticia suscita tantas preguntas que abruma, que es mejor dejarla reposar y, con el tiempo, dejar que todo el cacareo se depure.

    Así está ocurriendo en este momento. Se cruzan tantos datos, detalles y conspiraciones que están saliendo cientos de mensajes absurdos, como este que ahora mismo se encuentra en El País:

    Ok. Afganistán no tiene mar.

    Bueno, podría ser un tropiezo (del que ya se ha dado cuenta todo el mundo pero que siguen sin subsanar). Pero el hilo estrella está siendo la veracidad de la noticia. Porque todos los medios afirman que Estados Unidos ha matado a Osama Bin Laden, pero ¿es que han visto el cuerpo en una fotografía que no fuera ese burdo trucaje? ¿Por qué se la juegan tanto evitando un verbo declarativo? ¿Está confirmada la noticia? ¿Cómo? ¿Con qué fuentes? ¿Con los enviados especiales que no tienen en Pakistan?

    Estas son las horas de la intoxicación. Ahora, filtrar esa fotografía trucada es la treta perfecta para que Obama no pueda anotarse el tanto; y para que recelemos. Para que nos inmunicemos contra una posible verdad: ¡Obama os ha mentido! ¡No creáis una sola palabra!

    También son horas críticas para todo Occidente, empezando por Estados Unidos. La fragilidad de una victoria que el presidente estadounidense intenta ocultar es evidente: si en los próximos días Al Qaida comete un atentado de los gordos, vuelta al punto de partida. Vuelve a girar la rueda del odio y de los miedos, y de los intereses. Vuelven los cadáveres.

    Incluso las imágenes de los estadounidenses celebrando su victoria militar (no es otra cosa) son peligrosas. El ensañamiento sobra, y vuelvo a ver resucitado, a mi alrededor, el anti americanismo barato post-11S. Todo un varapalo para la imagen exterior de uno de los países que más perjudicada la tiene ya de por sí.

    Probablemente la muerte de Bin Laden, digan lo que digan, es cierta: se han producido condenas y felicitaciones de instancias que, supuestamente, pueden verificar la información. Pero solo por eso lo sabemos: nuestros medios siguen afirmando en lugar de andarse con pies de plomo.

    Y lo digo porque este tipo de emergencias informativas nos empujan a quienes tenemos voz y voto en el mundo (es decir, todos los que tengamos una conexión a Internet) al coso, a polarizarnos, a posicionarnos y olvidar, con euforia y pasión, que no existen el bien y el mal, que lo que nos cuenten carece de valor (¿Alguien es capaz de citar los nombres de tres terroristas que cometieran el 11S? ¿Y el 11M?).

    A día de hoy, lunes 2 de mayo, a las 13.39 del mediodía, tenemos bastantes más preguntas que respuestas. Sin ansias, y con la cabeza fría se analiza todo mucho mejor. Conviene recordarlo.

     


  2. El día de sacar la basura

    Lo escribí el Domingo 3 de octubre de 2010

    En los últimos días me he enganchado con bastante entusiasmo a esa excelente serie que era El ala oeste de la Casa Blanca. Aún estoy viendo la segunda temporada, una de las escritas por Aaron Sorkin, que es, igualmente, el guionista de La red social, la nueva película de David Fincher sobre Mark Zuckerberg, creador de Facebook.

    La serie, por lo que he podido saber, cuenta con el asesoramiento de bastantes personas que trabajaron en diversas administraciones, y se centra, además de los aspectos más políticos o domésticos, en cuestiones que tienen que ver con la comunicación.

    Uno de los conceptos más interesantes que aparecen en la primera temporada es el del día de sacar la basura, que es el viernes. Los personajes, en una de esas brillantes secuencias de walk and talk marca de la casa (se desplazan por el enorme plató caminando y charlando en magníficos planos) explican cómo se dejan, para el viernes, comunicados y declaraciones de las que no interesa que se hable demasiado: los periódicos de Washington publican, en general, una columna diaria y, de esa forma, la avalancha de datos hace que el sábado –el día de menos seguimiento de la actualidad política, afirman ellos mismos– la información se pierda entre la abrumadora argamasa.

    Aquello me llamó mucho la atención pero ayer, sábado, comprobé divertido la verosimilitud de este dato: El País titulaba en portada: “EEUU utilizó a cientos de guatemaltecos como cobayas en los cuarenta”. Le dedicaba, igualmente, la quinta página a la noticia. Público no lo daba en portada, pero sí le dedicaba un pequeño espacio en la página 13.

    La declaración conjunta de Hillary Clinton y de la secretaria de Salud, Kathleen Sebelius, se produjo el viernes día 1, y aparece en la edición digital de los periódicos nacionales; ahora bien, ni El Mundo ni ABC recogen la noticia en su edición impresa… En su lugar, la noticia queda tapada en los grandes medios (incluyendo aquellos que se hicieron eco de la noticia) por la despedida de Rahm Emanuel de la administración Obama. Curioso ¿verdad?


  3. Que Lost nos pille confesados

    Lo escribí el Sábado 22 de mayo de 2010

    Para quien no esté enterado de la movida, explico lo que va a ocurrir el próximo domingo: Cuatro va a emitir cuatro de los últimos capítulos de Lost, luego va a estrenar el penúltimo subtitulado y, por fin, va a emitir –agárrense– el doble capítulo final con una diferencia de 30 minutos con respecto a la emisión estadounidense. La movida es que lo va a hacer subtitulado…

    Bueno, los fans de Lost se congratulan por esta iniciativa y, sin duda, tienen motivos para hacerlo: por fin, los piratillas de Internet han ganado la partida a los traductores profesionales que se desloman para que los capítulos lleguen en el menor tiempo posible: ojo, siempre he creído que tendría que ser el sector audiovisual el que se adaptara a los nuevos tiempos, y no al revés, pero tener a alguien subtitulando una serie como Lost en un intervalo de media hora, a riesgo de que se equivoque y la horda de frikis le meta fuego a Cuatro armada con azadas, me parece inhumano.

    Obviamente lo voy a ver, y no por ser fan de la serie sino por admirar el temple de quien vaya a llevar a cabo este triple mortal, y con la mera esperanza de que en la web de Cuatro cambien la expresión “generar los subtítulos” por algo un poco más elegante. No es que tenga que aparecer quien los vaya a hacer en pantalla pero, copón, ya les vale.


  4. Una de traficantes de armas

    Lo escribí el Martes 23 de febrero de 2010

    Sugerente título, ¿verdad?

    Hoy quiero hablar de Monzer Al-Kassar, personaje sensiblemente siniestro, retratado por The New Yorker recientemente. ¿A qué se dedicaba Monzer Al-Kassar? Cuenta el artículo que, inicialmente y de la mano de su hermano, al narcotráfico a escala McDonald’s; luego, al tráfico de armas; y, aprovechando contactillos y amigos de la profesión, se dice que llegó a tener potestad para desencadenar, frenar, arrancar de nuevo y manejar algún que otro conflicto armado.

    Este personaje, actualmente entre rejas tras una investigación de más de veinte años, operaba desde la pradisíaca y mediterránea villa de Marbella desde los 80, cuando hombres de negocios de su mismo perfil empezaron a instalarse en la Costa del Sol, algo para lo que, según cita el artículo, la Policía española no estaba preparada: se trata de gente tremendamente bien educada, que sabe lo que hace, que no se expone a riesgos y, lo que es más, que se conoce el derecho internacional como para cometer nimios y casi imperceptibles delitos en gigantescos movimientos de cargamento armamentístico.

    A este lo cazaron: ¿cómo? Organizando una operación de la agencia antidroga estadounidense en España de agárrate y no te menees y logrando grabar al tipo hablando de sus negocios, para luego inducirle a viajar desde Málaga a Madrid para cerrar el trato y, sólo cuando estaba en el aire camino de Barajas, informar de quién era el buscado criminal a las autoridades españolas. Y es que Al-Kassar, sin ir más lejos, llamó a José Villarejo, su contacto dentro de la inteligencia antiterrorista (así, como suena) para preguntarle si lo de Madrid era una trampa. Villarejo, por suerte, no sabía nada.

    Cuando todo esto se descubrió, los miembros de las Fuerzas de Seguridad con los que Al-Kassar tenía relación afirmaron que colaboraba con la inteligencia española en misiones internaciones secretas. Cada cual, que piense lo que quiera. A mí me parece una historia fascinante.


  5. Barack me robó el periódico

    Lo escribí el Miércoles 3 de febrero de 2010

    El gabinete de prensa de la Casa Blanca nunca había tenido que preocuparse en exceso de las nuevas tecnologías: hasta la legislatura anterior, valía con tener a un pollo que supiera usar Internet Explorer y enviar e-mails para enterarse más o menos de lo que se decía del presidente de Estados Unidos por ahí.

    Pero con la era Obama llegó la locura: Twitter, Facebook, Youtube ya eran una realidad, un monstruo de siete cabezas imposible de dominar. Sólo quedaba una opción: hacerse un hueco.

    En alguna ocasión he hablado ya de esos psicópatas de las nuevas tecnologías que con la excusa de la web 2.0 twittean hasta desde la cola del supermercado, y comparten con nosotros cada detalle de sus vidas mediante insulsos blogs en los que los enlaces a redes sociales ocupan más que el propio cuerpo del texto. Bien, pues de esta tendencia no se iba a salvar la prensa política estadounidense de hoy: habla un artículo reciente de The New Yorker de un corresponsal que a lo largo del día publica 3 ó 5 entradas en su blog y 8 ó 10 actualizaciones de Twitter. El ritmo de la noticia en Washington dura 24 horas, y vuelve a coger carrerilla antes de que amanezca.

    Vista la voracidad del nuevo periodismo, frenético e imparable, lo que la administración Obama decidió, como astutamente analiza el artículo de Ken Auletta, fue llevarles la noticia a la puerta de casa. Te abro un canal en Youtube, te modernizo la página web, contrato a un equipo de televisión: yo te lo cuento TODO. Yo soy la fuente directa; así, no se acalla a los medios de comunicación, sino que (esto suena rarísimo) se compite con ellos: ¿Quién hubiera podido pensar hace 30 años que el gobierno publicara un periódico propio? Ahora no sólo hace eso: tiene además un canal de televisión y, todo, con difusión mundial.

    Los medios tradicionales, mientras, están contra la pared: los tipos de los puros reclaman a los atribulados reporteros en mangas de camisa y con el lápiz sobre la oreja historias, historias, historias, y a éstos no les queda más remedio que tirar de Blackberry y procurar esquivar las faltas de ortografía; el periodismo no tiene más remedio que hacerse con un nicho ideológico y afianzarlo, a costa de cortar cabezas, y el análisis se va doblegando ante el hambre de sencillez poco a poco.

    La inmediatez ha permitido a un gobierno circunvalar a una prensa de dudosa moralidad y levantar, en tan sólo unos meses, un debate sobre la ética periodística y comunicativa que empieza a proyectar una sombra ligeramente siniestra sobre el idolotrado Obama, que ha dejado de molar algo de lo que molaba (pero sigue siendo guay).

    Aquí esto no pasa, y dudo que llegue a ocurrir. Como siempre digo, mientras que en un sótano de Washington un think tank mide cada uno de los términos que aparecerá en un discurso, aquí montamos un ministerio. Pero el poder, más que nunca, está en nuestras manos: ellos saben cómo funciona; nosotros, no.

    Es tonificante vivir en un país que sigue creyendo que es más eficaz regalar bolis y globos en los mítines que esto: