Sugerente título, ¿verdad?
Hoy quiero hablar de Monzer Al-Kassar, personaje sensiblemente siniestro, retratado por The New Yorker recientemente. ¿A qué se dedicaba Monzer Al-Kassar? Cuenta el artículo que, inicialmente y de la mano de su hermano, al narcotráfico a escala McDonald’s; luego, al tráfico de armas; y, aprovechando contactillos y amigos de la profesión, se dice que llegó a tener potestad para desencadenar, frenar, arrancar de nuevo y manejar algún que otro conflicto armado.
Este personaje, actualmente entre rejas tras una investigación de más de veinte años, operaba desde la pradisíaca y mediterránea villa de Marbella desde los 80, cuando hombres de negocios de su mismo perfil empezaron a instalarse en la Costa del Sol, algo para lo que, según cita el artículo, la Policía española no estaba preparada: se trata de gente tremendamente bien educada, que sabe lo que hace, que no se expone a riesgos y, lo que es más, que se conoce el derecho internacional como para cometer nimios y casi imperceptibles delitos en gigantescos movimientos de cargamento armamentístico.
A este lo cazaron: ¿cómo? Organizando una operación de la agencia antidroga estadounidense en España de agárrate y no te menees y logrando grabar al tipo hablando de sus negocios, para luego inducirle a viajar desde Málaga a Madrid para cerrar el trato y, sólo cuando estaba en el aire camino de Barajas, informar de quién era el buscado criminal a las autoridades españolas. Y es que Al-Kassar, sin ir más lejos, llamó a José Villarejo, su contacto dentro de la inteligencia antiterrorista (así, como suena) para preguntarle si lo de Madrid era una trampa. Villarejo, por suerte, no sabía nada.
Cuando todo esto se descubrió, los miembros de las Fuerzas de Seguridad con los que Al-Kassar tenía relación afirmaron que colaboraba con la inteligencia española en misiones internaciones secretas. Cada cual, que piense lo que quiera. A mí me parece una historia fascinante.
