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Entradas que hablan sobre «Españoles»

  1. Haciendo Historia

    Lo escribí el Sábado 19 de junio de 2010

    logoculturasResulta que hace exactamente una semana estaba tirado en el sofá, contemplando fascinado el almidonado cuello de Carmen Sevilla presentando la película de turno en ‘Cine de Barrio’, cuando lanzaron el consabido «esto es lo que ocurrió aquel año». 1969, para ser exactos.

    Desfiló por la pantalla una velada sucesión de cortes recuperados de la videoteca, con esa entusiasta vocecilla tan del NO-DO uncida con música algo velada por el paso de los años y, por encima, una narradora relatando los triunfos de Eurovisión, las visitas a la Luna y demás gestas.

    Un día antes de aquel sábado, había empezado el Mundial; cuatro días después, los suizos se la iban a armar a la roja. A miles de kilómetros, el vertido del Golfo de Méjico; y nuestra Asturias a punto de hundirse o de ponerse a flotar…

    Dentro de unas cuantas décadas, imagino que estaré tirado en el sofá y la Carmen Sevilla correspondiente mandará «un besito… para esa artihta… que la quiero musho…» y volverán a desfilar las imágenes; pero entonces serán de Villa con las manos en la cara, de la mancha naranja flotando en el mar, o de suelos anegados en el occidente astur: y entonces, imagino que no recordaremos sólo lo que ocurrió en este junio de 2010, sino, además, que el inefable cuello de Carmen no hacía más que impedirme volver a coger los apuntes, y que brindamos por el penúltimo examen de la carrera minutos antes del gol de Suiza, y que contemplamos la mancha de petróleo desde la cafetería de la Facultad, justo después de que el dueño volviera a cambiar furtivamente de canal para ver ‘Pasión de gavilanes’…

    No habrá voz del NO-DO, ni esa musiquilla velada, pero sienta tan bien saber que habremos hecho Historia…


  2. Ahumados

    Lo escribí el Sábado 12 de junio de 2010

    logoculturasEn mi facultad está prohibido fumar desde el 1 de enero de 2006, lo cual no fue óbice para que la gente siguiera haciéndolo por los pasillos. Estaba aquel hombre de tupida barba blanca, de Filología Francesa, creo, que se enfrentaba a quienes echaban unos cigarros entre clase y clase, pero poco más.

    Luego vino la campaña publicitaria; después, las amenazas; finalmente, dos vigilantes de seguridad cuya única misión, que yo sepa, es vigilar tan innoble hábito. No obstante, a más de uno y más de dos profesores hemos visto, furtivamente, salir a vaciar los ceniceros de sus despachos a las 8 de la tarde, cuando ya quedan pocas almas por los pasillos.

    Además, la cena de graduación que tendrá lugar dentro de un par de semanas será «libre de humos», por consenso del sector talibán de mi carrera; y seguro que dentro de tres o cuatro promociones se van a un vegetariano a beber zumo de soja y a comer tofu hasta que les salga por las orejas: la culpa de que un puñado de pobres malnacidos de blando cerebro se dedicaran a fumar era de una sociedad anticuada y de unos referentes pochos, claro.

    Es una pena que quienes fuman vayan a tener que irse a la calle siempre que quieran echar unas bocanadas; y que la próxima cruzada vaya a ser contra la comida basura; sin embargo, uno no puede más que dar saltos de alegría por seguir poder llegando hasta la Universidad en un vagón de metro que huele a perro mojado por la dudosa higiene de los viandantes; por poder seguir disfrutando del reggaeton a todo trapo en los móviles de ciertos especímenes; porque nunca nos vayan a quitar esos audaces bocinazos infantiles, que ponen a prueba las frecuencias sónicas, y que tanto nos alegran la estancia en bares, trenes, restaurantes… Fumar ya no mola; ser un cabestro, sí: para todo lo demás, Ministerio de Sanidad.


  3. El Retiro 16.16

    Lo escribí el Sábado 5 de junio de 2010

    Un 1 de junio en Madrid que parece un 15 de agosto. Tres asturianos caminando arduamente por el Parque del Retiro, con el fin de visitar, un año más, la Feria del Libro. Y digo: «Uy, qué poca gente, vaya a gusto que vamos a estar.» Pero, ay, son las 16:16 de la tarde y aquí no hay ni un alma: literalmente, las casetas están cerradas y no hay más que un par de atribulados vigilantes de seguridad tratando de huir del sol.

    Encontramos a una editora con un escritor en una de las terrazas: «No, es que está cerrado de dos a seis para comer.» ¿Cómo? «De hecho, ayer abrí el puesto a las seis menos diez y me dijeron que si volvía a hacerlo, me penalizaban.»

    Tras un par de horas de espera en un banco, empezamos a surcar los puestos. Susana, en el de TREA, habla del bajón que se está notando en las ventas: «Es cierto que aún llevamos pocos días y que el primer fin de semana de Feria coincidía con el último del mes, pero así todo se está notando que se vende menos con respecto al año pasado.» Juan, por su parte, aguanta el calor a pocos metros, en la caseta del Gremio de Editores de Asturias: «Lo más sorprendente está siendo la cantidad de asturianos que se acercan por aquí, piden la revista Ábaco, preguntan por autores… Especialmente, y no sé por qué, veo mucha presencia de gente de Gijón.»

    A decir verdad, impresiona ver el enorme Paseo de Coches tan repleto de puestos: librerías, editoriales e instituciones se intercalan por las largas filas; entre ellas, los cada vez más necesarios, publicitarios y abundantes pabellones promocionales: el cartel de la Feria de este año es de un gris sombrío, con un hombre que, sobre dos pilas de libros, mira hacia el cielo; dicen que la explicación a la ilustración no tiene nada que ver con «la que está cayendo, o similar», pero el hecho es que, a pesar de tratarse de «primera» hora de un martes, la visita resulta bastante más relajada que en años anteriores. Y sí: «ahora miran mucho; pero no compran tanto».

    Pero libros electrónicos y crisis aparte, los trescientos y muchos puestos que forman parte de esta edición de la Feria lucen igual de repletos que en años anteriores, con catálogos rebosantes de novedades más o menos apresuradas («La verdad es que en TREA no solemos preparar el catálogo con vistas a la Feria», a diferencia de muchas otras editoriales), más o menos interesantes, siempre pertinentes; con sus familias y casi veraneantes curiosos: por este parque, y por esta Feria, no pasan los años, ocurra lo que ocurra fuera.


  4. Culpa de la gente

    Lo escribí el Sábado 22 de mayo de 2010

    Estaba el lunes pasado viendo nosequé zapping, tirado en el sofá, cuando aparecen Jordi González, ese solemne presentador de programas rosas, y mi ministro de Fomento preferido, José Blanco. Salto del incipiente letargo, y me pregunto si será un avance de la nueva película de Goddard –al que, si no fuera por el plantón de Cannes, seguiría dando por muerto–.

    No, será real: veamos lo que piensa el número dos del PSOE: que le han criticado en los últimos días por ir a ‘La Noria’, pero que a él no le importa porque tiene una «másima»: el político ha de ir «donde esté la gente». ¡Por fin alguien valiente, no como Montilla, ese desaprensivo que pasó de irse a quemar contenedores a Canaletas!

    Seguía sospechando que era un sueño, y que, como digo, Goddard había pasado a mejor vida; le rescaté de la categoría de «genio fallecido», gracias al episodio blanquiano. Sí, resulta que el tipo no solo aguanta sino que sigue haciendo películas, como ‘Film Socialisme’, una ida de olla sin precedentes.

    En cualquier caso, en el preciso instante en el que nuestro ínclito ministro acudía a la cadena de Berlusconi, yo –y otras enecientas mil personas que no nos encontrábamos delante de la caja tonta– estábamos distribuidos entre los estridentes conciertos que tomaron la Gran Vía; o en las Vistillas, aprovechando que por un día Madrí se baja del pedestal para ofrecer unas gratas fiestas de pueblo; o tomándonos un vermú a la fresca de una noche más que agradable, con la gorra y el clavel. Y a mí, la verdad, si no llega a ser por el camarero del bar de paisanos de la esquina, que está muy puesto, nunca se me hubiera ocurrido pensar que realmente Goddard sigue vivo o que ‘La Noria’ sigue emitiéndose…


  5. En la corte

    Lo escribí el Sábado 8 de mayo de 2010

    logoculturasEl jueves de la semana pasada tuve el gusto, que se convirtió en orgullo –qué calidad, en serio– de asistir a la segunda representación en Madrid de As you like it, de William Shakespeare, a cargo de la compañía transatlántica orquestada por Kevin Spacey y Sam Mendes: ¿director ozcarizado dirigiendo dos montajes únicos durante cinco días cada uno? Eso hay que verlo.

    Eso es: ocho y cinco de la tarde, ya llevamos retraso y entra Ángeles González-Sinde en el patio de butacas; saluda a Elena Salgado; sortea a Pedro Almodóvar y ocupa su asiento. Parece que podemos empezar. En mi platea, una mujer resopla porque no alcanza a leer los sobretítulos mientras que los de la de al lado se murmuran y, en el descanso, se dicen: «Aún queda hora y media de suplicio…» El descanso es, efectivamente, como una obra de Shakespeare: si no fuera por los iPhones, uno diría que es Alicia Moreno, concejal de las Artes en el Ayuntamiento de Madrid, la Rosalind por cuyo amor se pasa toda la obra suspirando Orlando, a juzgar por la cantidad de miradas ávidas de contactos que en ella se posan, y no la excelente actriz que se está dejando la piel en las tablas.

    En la segunda parte, Almodóvar tiene que levantarse y sale corriendo del teatro, para volver pocos minutos después: menos mal, porque de haber esperado diez minutejos más, se hubiera cruzado con Jacques, el heredero del Duque, por el patio de butacas. Tras un emocionante epílogo que nos hace saltar del asiento a la mayoría –los de mi platea están haciendo lucha libre fuera del teatro porque la señora tampoco alcanzaba a ver el escenario, según ella por culpa del mastodóntico espectador que ocupaba el asiento de al lado; los de la platea de al lado duermen plácidamente– un puñado de celebérrimas sombras aprovechan, en un movimiento ejemplar, los segundos de oscuridad que median entre final de la obra y aplausos para correr. Pero no se lo reprochen: lo de aparcar está fatal en el centro por estas fechas…