Pocos minutos después de que, este mediodía, el parlamento catalán aprobara la prohibición de los toros en aquella comunidad, mi Facebook y mi Twitter empezaban a echar humo con reacciones (en general desaforadas) a tan polémica decisión.
La verdad es que a mí, personalmente, me ha costado mucho formarme una opinión al respecto; es más, no lo he hecho y dudo que llegue a hacerlo en algún momento. Todos los argumentos esgrimidos tienen dos, tres o cuatro filos, tanto de un bando como del otro: me cuesta empatizar con un bicho que sólo comparte conmigo el hecho de ser mamífero; me cuesta, igualmente, creer que es sano cargarse cosas para pasarlo bien. (más…)

