RSS Feed

Entradas que hablan sobre «Españoles»

  1. El día del valor, o de los coj…

    Lo escribí el Martes 28 de septiembre de 2010

    Hoy parece ser el día del valor como cualidad superior o de los eso, de los redaños. Por dos acontecimientos muy distintos, pero que coinciden en las dosis de tan elevada cualidad espiritual.

    En primer lugar, el inevitable titular regalado ayer por Leire Pajín, el de que no recuerda nada de los GAL porque era muy pequeñita. Eso es valor, o una estupidez suprema. Es la táctica política conocida como «a tomar por saco»: tienes asesores, tienes un gabinete de comunicación y, teniendo en cuenta que la información sobre los pagos a Amedo fue portada de El Mundo de ayer, resultaba bastante probable que, siendo secretaria de Organización del PSOE (cargo que, por cierto, ocupó Txiki Benegas hasta dos años antes de realizar la operación destapada por El Mundo) le preguntaran al respecto. En fin, pensaré que es idiota. Qué remedio. (más…)


  2. Una contra-contrahuelga (29-S)

    Lo escribí el Lunes 27 de septiembre de 2010

    Pasado mañana es el día. Campañas informativas –persuasivas, para los amigos– y toneladas  de portadas e intervenciones después, llegará la hora de la verdad. Verdad que, antes de meterme a destripar la complicada estrategia huelguista que he elaborado, me gustaría decir que espero que lleguemos a vislumbrar: como cada periódico, medio de comunicación, gobierno regional y estamento institucional utilice los métodos de medición convencionales, vamos finos: la única percepción aceptable que podremos tener será la que observemos en nuestras calles. Aquí ni vencedores ni vencidos.

    Bien. La reforma laboral del Gobierno parece muy inaceptable, socialmente indignante y, por eso, hay que hacer algo. Sortearé la tentación de mencionar el otro montón de motivos que hemos tenido para ir a la huelga; quedémonos con que, ciertamente, para los curritos esta reforma supone un suntuoso y férreo grillete. Habrá que ver, no obstante, por dónde sigue evolucionando el pensamiento político de la clase dirigente, porque si pretendemos seguir siendo europeos, con nuestras reglas y previsiones para los ciudadanos, más nos vale lavarle la cara a nuestro modelo de empleo o de aquí a un tiempo nos veo desregularizando a la Reagan, solo que cinco décadas tarde. (más…)


  3. Ganas de llorar (o la princesa del pueblo)

    Lo escribí el Jueves 23 de septiembre de 2010

    Las ganas de llorar me están dando a mí en este preciso instante, en el que en TeleCinco se está emitiendo un documental que, según mi televisión, dura unas 4 horas.

    He decidido ponerlo por vocación informativa, por curiosidad por lo que estará viendo la mitad de este país ahora mismo, y porque sé que me dará pereza hasta buscarlo en páginas piratillas en el futuro. Su historia está siendo comparada, simultáneamente, con telenovelas marrulleras y con la gesta de Eva Perón (!).

    Lo peor de todo es que esta Princesa del pueblo, efectivamente, lo es. Y ojo, que su representante se esté forrando es estupendo; que TeleCinco haya sabido exprimir esta vaca está muy bien, pero no me da ninguna pena que la destrocen: porque es a su personaje, a lo que vende, a por lo que va esa (aparentemente exigua) cantidad de conciudadanos que la conocen y la odian. A esa proletaria de San Blas no me atreveré a decirle nada por freírle las putas croquetas a su hija.

    Pero no puedo evitar que me dé asco que en ese momento del día en el que quiero ver algo decente en la televisión uno de los canales generalistas esté copado por este producto y que, mientras, el resto de canales estén achantados por el exitazo que seguramente está lloviendo.

    Empiezo a creer que este somostodosiguales de tufo yanqui mal llevado nos está contaminando hasta extremos peligrosos. Yo aviso. Eso sí, cuando esta entre en la Moncloa de la mano de Vasile, hago las maletas y que os vaya bien, majos.


  4. El Monopoly del cooperante

    Lo escribí el Martes 24 de agosto de 2010

    Miedo me dan estas cosas. Ayer, por si alguien no se había enterado, llegaron a Barcelona los dos cooperantes que quedaban secuestrados en Mali: han sido unos meses muy largos de un caso del que la opinión pública casi se había olvidado. Había entrado en esa dinámica de estancamiento informativo que se rompe regularmente para recordarnos que siguen ahí, pero, aparentemente, en stand by.

    Ahora ya están en casa. Sus vidas valían dinero, o un prisionero, o algo, y seguramente por ello no se las arrebataron: eso sí, cuanto más altas son las apuestas (dos españoles por aquellos lares deben de equivaler a un hotel del Monopoly en la calle Serrano en términos diplomáticos) más opaca se va volviendo la pátina que lo recubre todo. (más…)


  5. El imperio de los gordos

    Lo escribí el Lunes 2 de agosto de 2010

    Llevo varios días dándole vueltas a un artículo sobre una noticia, aparecida en el diario Público, titulada «La ministra británica de Salud pide llamar “gordos” a los obesos». Qué tema espinoso: trataré de no herir sensibilidades.

    Pulsando impresiones, he recalado en la web de la Asociación Española para la Aceptación de la Obesidad (ellos lo escriben así, con mayúsculas), que, ironías de la vida, se llama gordos.org. Sólo quería mencionarla, porque uno podría pasarse horas navegando por esta organización casi equiparable a la de fans del cubo de Rubik.

    Volviendo a la ministra: opina que con este cambio terminológico, las personas con sobrepeso se sentirán culpables y adelgazarán más rápido (o al menos así lo relata Público). Como razonamiento deja bastante que desear, pero esconde el mismo proteccionismo grimoso que rezumaba aquel intento por prohibirnos el Burger King.

    El problema de los gordos, obesos, gente con sobrepeso u orondos es el de siempre: lo políticamente correcto enfrentado a una realidad social, añadiéndole el factor patológico. Nadie podrá decirle nada a quien padezca una enfermedad que le condene a una vida de curvas e inseguridades; pero a mí, personalmente, el gordo por deporte me da bastante reparo. Si has elegido comer como un animal, enchufarte tres bocadillos de chorizo en un trayecto Asturias-Madrid, cinco cervezas y dos cocacolas ¿por qué tengo que ceder los preciosos centímetros que arrebatas a mi asiento?

    Y alguien dirá que si el otro obeso, el patológico, no me molesta. Sí, claro, igual que –quien no quiera, que no lo reconozca– alguien con un problema de salud mental que se pasa el mismo viaje gritando. Pero como enfermedades tenemos todos, uno se aguanta y se calla –o lo intenta, o se va a otro vagón–.

    Hablando de esto el otro día con un amigo que defiende las curvas –y eso, sorprendentemente, le ha costado más de una crítica feroz– llegamos a la conclusión (novedosa) de que todo radica en hasta qué punto se nos ha ido la cabeza. Como bien indican en gordos.org, el problema no es tanto el volumen como la autoestima, la seguridad. Vivimos en una sociedad (tranquilos, trataré de esquivar el tópico) que no ve con buenos ojos determinados físicos; pero como la sociedad no es La Sociedad, S.A., esquivar aquello que nos acompleja, o incluso afrontarlo es mucho más fácil de lo que pretenden hacernos creer.

    Se montó una buena con aquella compañía aérea que pretendía cobrar dos asientos a quienes ocuparan demasiado espacio, y hubo quien se quejó. Bueno, es comprensible, pero yo en los aviones sigo procurando coger pasillo para encajar más a gusto mi metro ochenta generoso.

    Lo llevan repitiendo unos cuantos siglos: no somos todos iguales, y pretenderlo es absurdo; no es fácil haber nacido de esta o de aquella manera; lo único por lo que podemos pelear, no obstante, es por establecer un sistema de convivencia aceptable y digno para todos pero que, al mismo tiempo, establezca unos límites razonables a la libertad individual y a la colectiva: déjame fumar, maldito; déjame engordar, maldito; déjame decir tacos, maldito; pero evita que con ello moleste a los demás. No puedes hacer más, y si lo intentas, fracasarás.