Este día de huelga general sigue sin funcionar. ¿Qué ha sido lo positivo? ¿Qué se buscaba? ¿Una paralización de unas horas de la actividad económica del país que manifestara el desacuerdo? Sí, supongo que sí.
Sin embargo, me pregunto hasta qué punto es legítimo forzar este indicador –de una magnitud, por otra parte, imposible de medir en términos macroeconómicos o políticamente sociales– impidiendo, aunque sea a una sola persona, ganarse el pan en un día como hoy.
Yo ya he dicho que lo más sensato en este caso concreto me parecía trabajar más de lo normal y no engrosar el PIB, para repartir coscorrones a los que están a favor y en contra a partes iguales, pero soy de la opinión de que hoy más que nunca ni un solo español debería perder la oportunidad de percibir el salario al que tiene derecho. Lo menciono, más que nada, porque en los piquetes que he visto cerrando negocios el principal argumento era que estaban defendiendo los derechos de quienes habían decidido currar. Curioso.
Hoy han caído las caretas de unos y de otros. De los huelguistas, por la falta de organización –¿cómo puede haber triunfado todo el mundo? ¿cómo puede ser que los piquetes violentos y los pacíficos caigan en el mismo saco?– y de las autoridades, por una pasividad sólo rota a porrazos cuando ha sido necesario o cuando han considerado que lo era.
Según mi punto de vista, ha sido un día triste. Triste porque a pesar de vivir en el año 2010 en la televisión, a esta hora, sólo hay dos canales generalistas (Canal 10 e Intereconomía –mira tú–) que estén analizando lo sucedido; triste porque la última comparecencia del ministro de Trabajo ha sido a las 19.30, y prácticamente la ha calcado de las 8.30 de la mañana; y triste porque todos los servicios extra (limpieza, seguridad) que barren las calles de la basura (en todos los sentidos) de esta huelga general los estamos pagando todos. Todos.
Pero sobre todo triste porque, a falta de tan solo una hora, se confirma la impresión que tenía: no se ha conseguido nada más que un enorme caos del que cada cual puede extraer las conclusiones más convenientes, esas a las que me refería en la entrada anterior. Cada cual esgrimirá las suyas, y a ver quién las tiene más largas (las conclusiones).
En fin, que sigan jugando. Verás que risa cuando la Esteban acabe con el derecho a huelga.
