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Entradas que hablan sobre «Españoles»

  1. Un millón ochocientos mil euros (públicos) después

    Lo escribí el Lunes 4 de julio de 2011

    Revisando la base de datos de contratación del Estado, he encontrado una campaña contratada en 2008 con el Centro de Investigación y Compra de Medios, S.L. (CICM) de lo más jugosa: la del Plan de Fomento de la Lectura, cuyo objetivo viene recogido en el pliego de cláusulas administrativas:

    El presente pliego tiene por objeto la contratación de la Creatividad y selección, reserva e inserción de medios on-line para la emisión de la acción de formación y comunicación social a través de los medios para creación e impulso del hábito de la lectura en los ciudadanos.

    Es decir, diseñar unos banners para que leamos más. En aquel momento tenía todo el sentido del mundo. Si no, atención a esta sugerente justificación que firma en el pliego de condiciones técnicas el subdirector general adjunto de la Subdirección General de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas (valiente cargo), Xosé Areses:

    Los resultados de los post-test realizados demuestran que lo padres se encuentran muy concienciados de la necesidad de inculcar el hábito lector a sus hijos. De acuerdo con el último postest realizado el 72% de los padres encuestados declaraban después de ver el anuncio que se animarían a fomentar la lectura entre sus hijos.

    ¿Cómo?

    –Disculpe, caballero, ¿cree que sus hijos deberían leer más después de haber visto un edificante anuncio? ¿Va a inculcarles la lectura?
    –No –responde el malvado padre perteneciente al otro 38%– creo que deben leer menos y drogarse más –risa malvada.

    Todo esto suena medio normal, hasta que nos ponemos a hablar de dinero. ¿Presupuesto para el plazo de ejecución, desde noviembre de 2008 hasta marzo de 2009? Un millón ochocientos mil euros brutos. Sí, así: 1.800.000. Eso da para muchos banners. ¿No?

    Pero no acaba ahí la cosa: he encontrado un informe del Ministerio de Cultura en el que se felicita por el exitazo de la campaña y justifica la necesidad de seguir con ella. Entre sus motivos de alegría figura que el 36,8% de los encuestados vio la campaña. Sin embargo, un 66,3% reconocía haber leído un libro en el último mes (el otro 33,7%, pobre, no había entendido la pregunta): es decir, si un 36,8% ha visto la campaña y un 30% más ha leído un libro sin haberla visto, ¿no deberíamos intuir que la campaña no ha servido absolutamente para nada?


  2. Hoy, en España (Cinco patinazos)

    Lo escribí el Domingo 24 de abril de 2011

    Creo que la operación salida ha llegado a las redacciones con todo su ímpetu. Repasando la prensa del viernes-sábado y la de hoy, domingo de resurrección, me he dado cuenta de que en tan solo dos ediciones, las principales cabeceras nacionales (confieso que no he tenido paciencia de consultar La Razón) han logrado condensar (todas) aquellos motivos por los que gustoso dejaría de leer periódicos.

    No son errores factuales, no son la clase de equivocaciones que se pueden cometer por las prisas. Eso ocurre a diario, y no se puede censurar.

    Se trata de errores, a mi jucio, más hondos, editoriales. Errores de sentido común, errores de fondo, errores que no hacen sino perpetuar la crispación, el cabreo y el hastío.

    Empecemos.

    Abc

    Abc, tratando de dar un giro a sus informaciones, ha hecho un examen a 400 estudiantes de bachiller sobre su cultura democrática y constitucional de cara a las próximas elecciones autonómicas y municipales, y también de cara a las generales del año que viene. ¿Están preparados estos neo votantes para enfrentarse a su responsabilidad?

    La respuesta es, obviamente, no.

    Los chavales no tienen claro en qué año se inauguró el AVE a Barcelona y en qué año a Sevilla; no tienen claro qué día se aprobó la Constitución; no tienen claro quién la redactó; no tienen claro cómo se elige al presidente del Gobierno. Sí. Es todo bastante comprensible, teniendo en cuenta que no se les enseña (y que, sencillamente, no estaban vivos: si no hubieran nacido un año después de que se inaugurara el AVE, seguramente se acordarían).

    Pero el trasfondo de la noticia parece, más bien, abonar el terreno a los comentarios. Los he consultado en diversos momentos y ahora mismo, a las 13.30, el primero es este, firmado por Marine Le Pen (es un poco largo, omito lo aburrido):

    HECHOS SON AMORES……La seguridad social Y CON MEDICINAS GRATUITAS, fue implantada por el régimen de Franco, para todo trabajador y familias. [...] El despido del trabajador era mucho más difícil que hoy [...] Al llegar a los 65 años: EL TRABAJADOR SE JUBILABA COBRANDO ÍNTEGRAMENTE LA PAGA QUE ESTUVIESE COBRANDO EN ACTIVO.

    Público

    El problema de fondo es, evidentemente la educación. En algo están, por una vez, de acuerdo Abc y Público. Claro que no tan, tan en el fondo. Titular de portada de Público.es ahora mismo:

    Los libros de texto se olvidan de la diversidad sexual

    Comentarios: 49 | S. HIDALGO / D. BARCALA

    Los activistas gays reclaman que la historia del colectivo se imparta más allá de Educación para la Ciudadanía y sea una materia transversal.

    No sé qué se puede decir. ¿Que sí, que vale? ¿Que no, que no vale? Da igual, todo lo que sea oponerse puede tener respuesta, agresiva, con olor a facherío: es la trampa que desde esa trinchera le tienden a Tertsch, a Losantos, a Burgos, a Sostres, a toda la caterva de indignados profesionales de la otra, la diestra, para poder perpetuar un partido de tenis aburridísimo entre estos y el incombustible Javier Vizcaíno.

    No deja de tratarse de una cuestión de lobby, término que suena bastante peor que «colectivo» pero que, creo se adapta mucho mejor a la realidad. El lobby gay tiene en Público un estupendo hogar, un buen sitio donde dejarse caer y dar pábulo a este tipo de informaciones (que no son informaciones, sino reivindicaciones) llamadas a dividir más: ¿O acaso si no estás en contra eres de derechas, y si estás a favor eres de izquierdas?

    La Gaceta

    Introduzco aquí la morcilla de turno de La Gaceta porque de absurda resulta casi entrañable. Fueron los chicos de Público los que fueron a darse cuenta, precisamente, de la situación de tensión que debió de vivirse en la redacción de la Castellana.

    Pongámonos: jueves santo por la noche, se ponen a preparar la portada de la edición de papel del viernes y sábado. Editoriales: correcto. Opinión: en su sitio. Informaciones: también. Eh, y mira qué fotón para la portada, de EFE, de unos legionarios llevando al Cristo en Málaga.

    Pero hete aquí que, a última hora, alguien se da cuenta de que uno de los legionarios lleva una esvástica tatuada en el brazo, una cosa discretita. ¿Solución? Sí, amigos: borrarla con Photoshop. Y dale otra vez a la matraca.

    Sin entrar en consideraciones religiosas, políticas, ideológicas, ni siquiera sobre el sentido común: ¿A nadie se le ocurrió pensar que en una foto del tamaño de una sábana nadie se fijaría en los detalles?

    El Mundo

    El caso de El Mundo atiende, más bien, a determinada línea desvencijada y morbosa que se empeñan en mantener, y que seguramente atrae a lo más selecto de la abyección patria. Titular de hoy:

    Se suicidó tras ser despedido

    El profesor español de Princeton, ¿víctima de una conspiración?

    La información versa sobre un señor que, cuatro días después de abandonar su puesto, se suicidó en su apartamento. El artículo no aporta absolutamente nada más que esa información, aunque sí se preocupa de regarla con una dosis de especulación gratuita y de frivolidad que a la familia del finado debe de haberle sentado de maravilla.

    Y si a esto le sumamos el hecho de que, salvo excepciones, es muy recomendable no informar sobre suicidios para que no se produzca un efecto llamada, tenemos el cóctel perfecto de lo innecesario, lo evitable y, por qué no, lo peligroso. Bravo.

    El País

    Por su uso de un español retorcido y trabado, me ha costado horrores leérmelo, pero finalmente lo he hecho. Me refiero al artículo de opinión de José María Izquierdo en El País de ayer y antesdeayer en el que, de alguna manera que se me escapa, ha logrado mezclar el fútbol de Mascherano o de Arbeloa con la postura del PP ante la negociación con ETA. Sí, sí, como suena.

    Recluido ya en los medios de extrema derecha, el exministro del Interior [Mayor Oreja], tan demócrata y tan cristiano, no tiene el menor empacho en utilizar el terrorismo como arma de destrucción del enemigo. [...]

    Y si en ambos casos los ejecutores del tajo y la bazofia son quienes hemos citado con nombre y apellido, qué duda cabe, muchos les acompañan en la complacencia del silencio, cuando menos, o del apoyo más o menos directo cuando más. Florentino Pérez, Jorge Valdano o los jugadores que no recriminan a Pepe la entrada alevosa a Messi deben llevarse la parte alícuota de la vergüenza. Como Mariano Rajoy o Dolores de Cospedal, tan contentos y sonrientes de que sus licántropos les hagan el juego sucio mientras ellos fungen, o lo intentan, que ya no cuela, de amigables centristas.

    No lo entiendo. Es decir, sí, pero hay que tener redaños.


  3. ¿Botellón?

    Lo escribí el Viernes 22 de abril de 2011

    Es miércoles. Se está jugando la final de la Copa del Rey entre silbidos y el himno a un volumen «en el umbral del dolor», según dicen.

    En una marisquería no muy lejos de la playa, algunos se hinchan con buenos productos del mar y con selectos vinos blancos. Fuera, pasan dos jóvenes sospechosamente emperifolladas –mañana es jueves santo y, por tanto, fiesta–: «Tía, ¿sabes que hay una movida que la copa cuesta 150.000 euros?» «¡Calla, ho!», contesta exageradamente su acompañante.

    A simple vista, cualquier chigrero que haya vuelto a la calle, a fumar para aliviar los nervios de tan cardíaco encuentro, diría que esas dos chicas son víctimas de su tiempo, frutos de una educación que reformar y de un sistema que se derrumba.

    Un par de horas antes de que comenzara el segundo de los partidos de la tetralogía llamada a parar el país, un candidato a la alcaldía de su ciudad estaba comprometido, en las redes sociales, con su mensaje político y su consabido discurso electoral.

    Sin embargo, ahora, al filo del fin de la primera parte, con el gol (que no es gol) de Pepe, con medio país saltando del butacón y el otro medio tratando de aislarse del deporte rey, nuestro candidato retransmite un escueto pero significativo «Qué mal Arbeloa…» Ahora estamos a lo que estamos.

    Hay quien se abstrae, en esta noche de abril, con un cine y una buena cena (la minoría) y hay quien se abstrae con un buen Madrid-Barça (la mayoría), con lo que ello conlleva. Hay quien se abstrae, en primavera en general, con un terraceo. Hay quien no deja de ser cabal. Y hay quien, imitando a sus mayores o tratando de cabrearles, se apalanca en el parque de turno para circunvalar los derechos que le otorga su edad y ponerse tibio. Pues bueno.

    Podríamos examinarlo todo (empezando por los botellones, siguiendo por los patadones de Messi al respetable) a la luz del café meditado del sábado por la mañana, al calor analítico y somnoliento de los lunes. Pero de momento, mañana es fiesta, y el marcador está a ceros.


  4. ¡Fascinaos!

    Lo escribí el Lunes 18 de abril de 2011

    No he leído el famoso ¡Indignaos! de Stéphane Hessel que, aparte de despertar a la juventud, debe de estar financiándole unos meses de vida cómoda. Eso sí, conozco su discurso y he escuchado a su «homólogo» español, José Luis Sampedro, hablar del agotamiento del sistema y de modelos de crecimiento y de ejes de poder y de claves de análisis.

    En las últimas semanas los ánimos, efectivamente, se están caldeando. Y en los últimos días, con unas vacaciones agradables y un verano prematuro a la puerta, más de uno se declara feliz y relajado del parón informativo. De que las malas noticias dejen de llovernos. Hasta que ve el excepcional Inside job y se cisca en los muertos de algún habitante de Wall Street. O hasta que lee un reportaje sobre la juventud, el paro y el hastío en España y hace lo propio con su situación en nuestro país. O hasta que, en un acto de masoquismo, se lee un periódico de arriba a abajo.

    Situémonos en ese momento, el de decidir si nos dejamos salpicar por la bilis o no.

    En los últimos meses, he tenido la oportunidad de visitar ciertos círculos gastados, usadísimos, y de conocer a ciertas personas que parecen tener por valor supremo el embotamiento. La reacción natural ante ellos es la indignación y el desánimo. La mía y la de cualquiera, creo.

    Sin embargo, prefiero quedarme con ese otro grupo de profesionales, amigos, libros, entrevistados, compañeros, oyentes, profesores, escribientes, pensadores y guisos (qué judías hacen en Zamora, ¡qué judías!) que están ahí, al alcance de la mano.

    Al volver de tocar en Murcia hace unos días, perdido en Pozoamargo (Cuenca), estaba bajo la solana a unos 35 º. Un lugareño, que parecía estar masticándose a sí mismo, me miraba con curiosidad. Llevaba, a pesar del calor, un jersey y un abirgo, y unas botas. «Aprieta el sol, ya, ¿eh?», me dijo, acompañando sus palabras con lo que interpreté como una sonrisa. Y se metió en la tasca.

    Aquel hombre, despreocupado, me hizo recordar que de poco sirve indignarse. De poco sirve cabrearse ante el esperanzador (estoy siendo irónico) mercado laboral que nos agurda. Porque lo único que nos diferencia de ese hombre es que nos hemos podido formar más, hemos viajado más, hemos leído más, hemos tenido la oportunidad de conocer más. Eso, y que nosotros nos indignamos. Él, me imagino, se fascina. Porque hace sol y estamos a 35 º.

    Probablemente no vote en las próximas elecciones porque estoy agotado del rufianismo y la mezquindad; probablemente me cueste un mundo encontrar acomodo en este tiempo que nos ha tocado vivir porque no soporto la mediocridad, ni siquiera para echarme un bocado al plato. Como tantos y tantos. Pero estoy convencido de que no es imposible, ni siquiera es difícil vivir así: es tan fácil como sacar la cabeza de nuestro banales cabreos, levantar la vista, y tomar aire. Y dejarse fascinar.


  5. Madrileño y en 3D

    Lo escribí el Domingo 27 de marzo de 2011

    Es el primer martes por la tarde de la primavera en Madrid. Los oficinistas vuelven a casa paseando por la calle Luchana. Pero allí, en el cine que hace esquina, una cola que alcanza la puerta de la discoteca contigua se aprieta para sacar su entrada. No es que vayan a ver Torrente 4: no son jóvenes, ni fans atraídos por uno de los horterísimas preestrenos de la Gran Vía. Son señores y señoras ataviados con sus mejores galas que esperan pacientemente para aprovecharse del precio especial de un euro que hoy se les ofrece.

    Porque este Madrid, Madrid, Madrid del chotis no es necesariamente elegante, pero sigue teniendo encanto. Es, incluso, un pelín cutre cuando se lo propone. Eso sí, cuida el estómago y el bolsillo a partes iguales, y alimenta una de las pocas cosas por las que algunos no nos quejamos en absoluto de vivir en la capital del reino.

    Como aquellos mayores, procuro ir a cines de barrio cuando toca. Sigo prefiriendo las butacas desvencijadas y el estampado gastado de las paredes de esta sala al mega emporio de enfrente (los horrores de Las Rozas, a la vuelta de la esquina). Claro que la última vez que me acerqué a uno de estos cines, lo que topé fue a una taquillera borde negándome el descuento por llevar el carnet joven y a 4 personas ociosas desperdigadas por el patio de butacas. Igual que el pescadero sospechosamente sonriente y pesetero que suele intentar colarme estas doradas, «fresquísimas».

    Los viernes en el Camacho no cabe un alma, porque los camareros gruñirán con entusiasmo, pero nadie se resiste a la llamada de esos vermús alquímicos a euro y poco. En el Palentino corretean sin cesar los sábados, pero es que ¿quién puede hacer caso omiso a esos grasientos pepitos de ternera?

    Ahí lo tenemos: ¿por qué llena nuestro policía más insigne las salas del país? ¿Es lo que es, o es el 3D?