Estaba el lunes pasado viendo nosequé zapping, tirado en el sofá, cuando aparecen Jordi González, ese solemne presentador de programas rosas, y mi ministro de Fomento preferido, José Blanco. Salto del incipiente letargo, y me pregunto si será un avance de la nueva película de Goddard –al que, si no fuera por el plantón de Cannes, seguiría dando por muerto–.
No, será real: veamos lo que piensa el número dos del PSOE: que le han criticado en los últimos días por ir a ‘La Noria’, pero que a él no le importa porque tiene una «másima»: el político ha de ir «donde esté la gente». ¡Por fin alguien valiente, no como Montilla, ese desaprensivo que pasó de irse a quemar contenedores a Canaletas!
Seguía sospechando que era un sueño, y que, como digo, Goddard había pasado a mejor vida; le rescaté de la categoría de «genio fallecido», gracias al episodio blanquiano. Sí, resulta que el tipo no solo aguanta sino que sigue haciendo películas, como ‘Film Socialisme’, una ida de olla sin precedentes.
En cualquier caso, en el preciso instante en el que nuestro ínclito ministro acudía a la cadena de Berlusconi, yo –y otras enecientas mil personas que no nos encontrábamos delante de la caja tonta– estábamos distribuidos entre los estridentes conciertos que tomaron la Gran Vía; o en las Vistillas, aprovechando que por un día Madrí se baja del pedestal para ofrecer unas gratas fiestas de pueblo; o tomándonos un vermú a la fresca de una noche más que agradable, con la gorra y el clavel. Y a mí, la verdad, si no llega a ser por el camarero del bar de paisanos de la esquina, que está muy puesto, nunca se me hubiera ocurrido pensar que realmente Goddard sigue vivo o que ‘La Noria’ sigue emitiéndose…

