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	<title>¡Bah! &#187; Editoriales</title>
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	<description>El irreductible blog diario</description>
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		<title>De haitianos, desastres y maratones</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Jan 2010 11:35:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
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		<description><![CDATA[Hasta en la sopa están los terremoteros, oiga.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me había propuesto esquivar esta entrada pero, visto lo visto, parece imposible.</p>
<p>Estoy, últimamente, lo suficientemente concentrado en mis cosas como para no enterarme de nada de lo que ocurre a tres manzanas de mi casa, incluidos terremotos de magnitudes insalvables. Pero hete aquí que lo de Haití se me ha plantado en la puerta de la habitación, en el armario de las tazas del desayuno y hasta en los blogs que suelo consultar: uno va a por un poco de lechuga al supermercado, y alguien ha montado una colecta &#8220;desinteresada&#8221;; acude a la Facultad a un examen, y Renfe ha logrado imprimir unos carteles bastante más caros de lo que recaudará; todos los artistas buenrolleros del mundo han organizado sus maratones (en el de la sala El Sol se las ingeniaron para que figurara en las notas de prensa hasta la marca de guitarras que las había cedido); y hemos llegado, por fin, a una de esas situaciones en las que si no donas pasta eres el demonio en persona aunque, si lo haces, has ganado la santidad sin pensarlo.</p>
<p>Está muy bien que de vez en cuando el Altísimo nos dé la oportunidad de redimirnos de todos nuestros pecados pretéritos, que ponga un <em>checkpoint</em> para guardar la partida y seguir como si tal cosa. Porque no nos dejemos engañar: está en la naturaleza humana el que nos revuelvan algo las imágenes que llegan desde Haití, pero también lo está que, si no nos enteramos de ellas, o si sencillamente lo hubiéramos oído contar, nos diese exactamente lo mismo.</p>
<p>A esto sigue el argumento de la nivelación por lo alto, que completa el <em>checkpoint</em> divino: si ayudamos a Haití, estamos siendo hipócritas, porque en otros lugares del mundo están ocurriendo barbaridades a diario que nos dan igual. Entonces, igual que hacemos con las colecciones de quiosco en septiembre, nos hacemos de Amnistía Internacional (¿soy el único que ha notado que últimamente el número de captadores callejeros se ha multiplicado?), de Greenpeace y de Médicos Sin Fronteras.</p>
<p>Luego quedarán cinco columnistas neo-ilustrados para recordarnos cuán malos somos (incluyéndose a sí mismos, lo cual es aún más desgarrador) y, finalmente, un puñado ínfimo de gente capaz y valiente, se irá a donde tercie a echar una mano.</p>
<p>Lo realmente cruel de todo este proceso es el terror, cada vez más evidente, que nos tenemos a nosotros mismos: resulta mucho más sencillo dar algo de dinero y llorar las injusticias del mundo que asumir que esas supuestas injusticias son INHERENTES a la especie humana, son lo único que ha mantenido la Tierra en movimiento. Aquí va otra verdad:  el cambio climático (¡tachán!) se debe, en gran medida, a su socavamiento: en vez de renunciar al bienestar que tan bien nos sienta, tratamos de convencernos de que lo mejor que podemos hacer es elevar el nivel de vida de los 6.000 y pico millones de personas que ya anegamos el planeta. Error.</p>
<p>Lo de Haití es un drama televisado, una gran mentira vestida de verdad analizada, masticada y vendida por un puñado de trajeados sin ideas que ya han logrado sentar las bases de un lugar común en el que nos sentimos cómodos (no así el terrible caso de la Gripe A, en el que todos fuimos escépticos y listos como nosotros solos): llorar, llorar, dar, llorar, insultar a los políticos (siempre hace bonito) y, por fin, bajar a por el pan y los periódicos el domingo por la mañana para alternar entre las páginas de moda de <em>El País Semanal</em> y las últimas noticias del seísmo.</p>
<p>Menos mal que no me entero de lo que ocurre a tres manzanas de mi casa.</p>
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		<title>Traducir y callar</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Nov 2009 09:39:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>
		<category><![CDATA[Vistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Nos gusta traducir.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estudio cuarto de carrera de la licenciatura (sí, licenciatura) de Traducción e Interpretación, el último curso. No me pondré ahora a relatar en qué ha consistido y consiste mi formación en &#8220;la segunda profesión más antigua del mundo&#8221;; baste decir que me han dado clase 5 profesores (cinco) en toda la carrera que hayan practicado la traducción profesional en algún momento de sus vidas y que los otros (más de diez, y de 20 me atrevería a decir) eran lingüistas, filólogos, o mejor, teóricos de la traducción que nunca han traducido (paradojas de la vida).</p>
<p>Ocurre con frecuencia que se organiza algún debate en clase sobre esas marcianadas que tanto nos gustan: la invisibilidad del traductor (¿hasta qué punto se tiene que notar que estamos ante una traducción?), cómo hay que afrontar la traducción de determinado tipo de texto (¿leerlo previamente o no? ¿usar software de apoyo o hacerlo a pelo?), y mi preferido: euros.</p>
<p>La obsesión que ha desarrollado cierta gente en esta carrera —fomentada, en ocasiones, por conferenciantes con problemas para pagar las facturas— por los euros y la situación laboral del traductor les ha convertido en aguerridos sindicalistas de cuchillo entre los dientes antes incluso de asomarse de lejos a lo que es el mercado: escuchar hablar a veteranos del mundillo que han tenido que luchar por leyes que reconozcan nuestro estatus les envalentona y llena el espíritu de ganas de venganza contra el empresario maligno.</p>
<p>Entretanto, se van nutriendo, en su burbuja de instituto —&#8221;¡Mierda, este 5,2 me baja la media!&#8221;—, de lo que los lingüistas insertan en sus cerebritos: un mundo idílico en el que se traduce un párrafo por hora, en el que cada recoveco del texto se puede y debe explorar, en el que la traducción es una actividad científica, compleja, para la que hacen falta un método y sabiduría teóricas que, por supuesto, nunca adquiriremos (e ignorantes moriremos).</p>
<p>Con este unvierso cocinado en los pasillos, despachos y congresos de facultades mal iluminadas rondándome, estaba hace unas semanas en casa cuando sonó el teléfono: &#8220;Alejandro, soy X. Tengo una traducción para ti; cambio climtáico; 70 páginas; fatal escrito; te lo mando.&#8221;</p>
<p>Otra vez la adrenalina, otra vez noches sin dormir, otra vez correr, volar, pasar páginas del diccionario, comer delante del ordenador. Otra vez curro del que nos motiva  a los que nos gusta el tipo de trabajo que en algún momento te lleva a preguntarte: &#8220;¿En qué hora&#8230;?&#8221; Otra vez traducir el doble de lo recomendable en un día, otra vez sonreírse al pensar en el libro acabado. Otra vez, la satisfacción que pocos entienden o quieren entender: otra vez, traducir y callar.</p>
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		<title>De cómo perdimos la razón</title>
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		<pubDate>Mon, 12 Oct 2009 10:29:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
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		<category><![CDATA[Internet]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XXI]]></category>

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		<description><![CDATA[De cómo nos volvimos locos a base de Internet. Inundación, anegación y autodestrucción.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El mundo de Internet en general y el de los blogs en particular siempre me han parecido fascinantes. Y es que en esta soleada mañana de octubre acabo de toparme con dos nuevos fragmentos de la locura que ha engendrado la Red de redes: en primer lugar, Google Wave, el nuevo despropósito de la macroempresa californiana para sorbernos los sesos y que sirve para&#8230; ¡Hacer relaciones sociales, hablar con los amigos y compañeros de trabajo en directo, compartir archivos, estar conectados! Me cuesta contener la emoción ante tan innovador y práctico recurso. ¿Qué será lo próximo? ¿Google Splash, para bañar a tu perro virtualmente?</p>
<p>Lo segundo con lo que he tropezado ha sido con un refrescante artículo (que no enlazo porque lo voy a poner a caer de un burro) sobre cómo escribir una entrada diariamente en tu blog. Una de las claves es la aplicada en el propio artículo: adaptar libremente otro ya publicado, incluyendo un enlace al final y procediendo, a continuación, a bombardear con él todas las redes sociales y comunidades habidas y por haber. A todos nos gusta ser leídos, pero como bien apunta la &#8220;autriz&#8221;: &#8220;Cantidad no significa calidad.&#8221; Gracias, autriz.</p>
<p>Esto entronca con la peculiar noción de éxito que tiene la gente de esta calaña. Miden el éxito de un blog por los millones de visitas que recibe, por los comentarios que le dejan, por la prontitud de sus actualizaciones. Todo esto está muy bien, pero ¿dónde quedó el gusto por releer los artículos pasado un tiempo y no avergonzarse de ellos? ¿Dónde quedó la necesidad de cuidar UN POCO nuestra lengua y no vomitar frases inconexas desde un móvil para que las lean nuestros 658.000 contactos de Twitter en menos de 30 segundos? ¿Dónde quedó la calidad, suplantada por la afición a anegar la Red a base de insulsas entradas con el único fin de recibir un puñado de visitas más? Si dedicáramos algo más de tiempo a hacernos un buen café y a lecturas distintas del catálogo del Carrefour, Internet sería un lugar mejor. Creo.</p>
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		<title>Hablar de lo que no se sabe</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2009/09/06/hablar-de-lo-que-no-se-sabe/</link>
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		<pubDate>Sun, 06 Sep 2009 12:00:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Estados Unidos]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Sudamérica]]></category>

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		<description><![CDATA[El síndrome del vejete dirigiendo obras públicas desde la valla llega a la política internacional.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Estoy despachando los <em>New Yorkers</em> atrasados y he encontrado, en el del 20 de julio, un incisivo reportaje sobre el sheriff del Condado de Maricopa (Arizona). El pollo se llama Joe Arpaio, podéis leer un resumen del artículo <a href="http://www.newyorker.com/reporting/2009/07/20/090720fa_fact_finnegan">aquí</a>.</p>
<p>Bueno, la gracia del personaje reside en que es un inmigrante italiano de 77 años de los que las pasó canutas de pequeño, creció sin madre y, en general, ganándose la vida desde que era un chaval en las fuerzas del orden. Luego se retiró y en 1992 se presentó como candidato a sheriff (allí funciona como unas elecciones, se elige sheriff cada cuatro años) y en el puesto lleva desde entonces, saboreando la peligrosa miel resultante de mezclar política chusca con poderes policiales.</p>
<p>Cuenta el artículo que su nueva obsesión es la inmigración ilegal: apuntaré, sólo como ejemplo de sus expeditivos métodos, la solución impuesta para solventar el problema de la saturación de las cárceles: instalar tiendas de campaña militares al sur de Phoenix (que cae en su jurisdicción), a tiro de piedra de una perrera, un vertedero y una planta de tratamiento de residuos; rodearlas de alambre de espino; y colgar de una de las torres vigilancia un neón que reza &#8220;Plazas libres&#8221;.</p>
<p>Huelga decir que, aunque hasta aquí no haya llegado, la figura del sheriff Arpaio es tan odiada como idolatrada por aquellos lares: es la típica historia que, bien filtrada por el tamiz de un estudiante de 3º de Ciencias Progres, daría cuenta de lo paletos y de lo analfabetos que son estos yanquis, que siguen votando a esta especie de ogro neonazi. En fin, lo de siempre.</p>
<p>Ahora bien, este artículo me ha hecho cruzar la frontera en dirección sur y ponderarlo usando la balanza de dos noticias que recientemente nos han llegado: en primer lugar, esta semana hemos sabido que 18 personas habían sido asesinadas en Ciudad Juárez a sangre fría por unos sicarios, que dos quedaron con heridas graves y que tres se desvanecieron (y van&#8230;). La situación allí es insostenible, creo que de eso no nos cabe ninguna duda. Estamos hablando, cuidado, de un lugar que se encuentra a pocos kilómetros de la frontera con los <em>States</em>, donde tenemos una buena remesa de Arpaios esperando para cazar al ilegal, ponerse un par de chapitas y empezar a usar los méritos en sus carreras por los pasillos de Washington.</p>
<p>La otra noticia es el asesinato de Christian Poveda, en El Salvador, a manos de las Maras, sobre las cuales había realizado un reportaje. Según he leído, estas bandas se llevaron por delante a 3.700 personas el año pasado: otra animalada.</p>
<p>Quiero decir con esto que William Finnegan ha podido firmar un artículo sobre Joe Arpaio que incluye conversaciones con él y con su equipo en el que no le tiembla la mano al insinuar que el sheriff es poco menos que un dictador, un personaje sin escrúpulos ni demasiados problemas para saltarse un puñado de leyes. Y nadie le ha pegado un tiro por hacerlo.</p>
<p>Y toda la gente que ha votado a Arpaio teme a &#8220;lo que hay al sur&#8221;, ora debido a la burricie, ora debido a noticias como las que llegan de Juárez; la gente que le ha votado también odia, sin duda a causa del desconocimiento y, probablemente, a causa también del temor mencionado. Y si a esto le sumamos la estirpe que citaba, la de quienes manipulan, crean y recrean para beneficiarse (Arpaio, seguramente, el capitán de todos ellos), tenemos un cóctel lo suficientemente denso como para que simplificarlo y servirlo bien remozadito y masticadito no resulte demasiado complicado a ciertos medios de comunicación de cuyo nombre no quiero acordarme.</p>
<p>La realidad americana (norte, sur y centro) es, si no imposible, muy complicada de entender. No digamos ya de compartir, apoltronados en esta península con una frontera de 11 km de mar y cómodamente alejados de lo que realmente está ocurriendo. Me encantaría que dejáramos de juzgar de una santa vez a Arpaios y compañía, pero no de lamentar que existan; que dejáramos de opinar sobre Ciudad Juárez como si fuéramos legisladores, pero no de horrorizarnos ante la crueldad humana; que nos diera tanta grima el asesinato de Christian Poveda como el hecho de que el gobierno de El Salvador no haya tardado ni una semana (¡milagro!) en detener a un responsable&#8230; Que dejemos, en definitiva, de hablar de lo que no sabemos.</p>
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		<title>Los reyes del servidor</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2009/08/03/los-reyes-del-servidor/</link>
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		<pubDate>Mon, 03 Aug 2009 14:24:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
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		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
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		<description><![CDATA[Qué injusta es la vida...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Leo en <em>El Mundo</em> de hoy un reportaje de media página sobre el creador de Facebook, uno de esos tipos de 25 años que hacen que los padres empiecen a mirar a los hijos universitarios con cara de «ya te estás dando prisa». Resulta que se forró a base de mangar fotos de sus compañeras del archivo de la universidad y, a partir de ahí, sólo había que dejar hacer a la máxima universal de la interné: «Dame chicas y fútbol, y te haré rico». De fotos de compañeras a red de colegas de universidad, de ahí a red social y <em>voilà.</em></p>
<p>Mientras tanto uno, que tiene aspiraciones poco más que napoleónicas con este blog, asiste perplejo a un nuevo episodio de desastre absoluto en el ínclito reino de la informática: se desenchufa mi página web un soleado domingo a mediodía por un oportuno fallo eléctrico, según descubro al enviarles un e-mail y así me tiro más de 24 horas.</p>
<p>Agradezco la consideración de enviarme a tomar algo el sol y despegarme del engendro maligno, pero sólo renuncio a la Red para ir a topar con el mencionado artículo, desde el cual me sonríe el tipo con su misma camisa de hace 6 años, vanagloriándose de su oficina de californianos enrollaos que llegan cuando quieren, comen gratis y curran poco: «Sí, Alejandro, mi hosting funciona y el tuyo no.»</p>
<p>Y mientras, mis reyes del servidor 20 horas intentando conectar el cable azul con el verde. Hay que joderse.</p>
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		<title>Fin de julio (gracias)</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Jul 2009 08:11:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>

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		<description><![CDATA[Termino julio con un sabor de boca excepcional: advertía a principios de mes que volvía a El Comercio en plan cafre y que me prodigaría poco por el blog estas semanas, pero al final me he venido arriba y he logrado actualizar todos los días, con más o menos tino. Siempre es un placer para [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Termino julio con un sabor de boca excepcional: advertía a principios de mes que volvía a <em>El Comercio</em> en plan cafre y que me prodigaría poco por el blog estas semanas, pero al final me he venido arriba y he logrado actualizar todos los días, con más o menos tino.</p>
<p>Siempre es un placer para mí producir y compartir el resultado, pero más grato aún ha sido descubrir que cuando las ideas no llegan y parece que las palabras no vienen, hay quien sigue leyendo, dando ganas de no parar y de mejorar.</p>
<p>Mil gracias a todos por hacer de este julio un mes excepcional.</p>
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		<title>Un pequeño 11-S</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Jun 2009 10:24:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
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		<description><![CDATA[Ayer me dejaron una de las mejores frases de la vida antes de confirmar la noticia de Jacko: "Michael Jackson no puede morir". Flipante.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ayer estaba, recién llegado a Gijón, tomando algo en cierto bar del centro al que siempre acudo en mis sesiones de lectura. Era ya tarde, la camarera revoloteaba recogiendo y limpiando y cerrando; su amigo, acodado en la barra, se concentraba en el enésimo gin tonic, y yo me bebía, no menos absorto, <em>The informers</em>, de Bret Easton Ellis.</p>
<p>Me llegó entonces un mensaje, que sólo decía: &#8220;Michael Jackson ha muerto&#8221;. Yo creí que era una broma, obviamente, pero al mismo tiempo me pareció imposible que alguien se inventara semejante  absurdidad. Cerré el libro y, algo desasosegado, pagué la cuenta y me fui. Les dije a los allí presentes antes de salir: &#8220;Me han dejado un dato curioso: murió Michael Jackson&#8221;. Los dos se me quedaron mirando.</p>
<p>El tipo, borracho de ginebra, no supo cómo reaccionar y balbuceó algo como que &#8220;Calla ho, que eso ye mentira.&#8221; La camarera se rió y opinó que no podía ser. &#8220;Michael Jackson no puede morir&#8221;.</p>
<p>A mí cada vez me parecía más verosímil, más real, hasta que llegué a casa, encendí el ordenador e Internet explotó ante mis ojos. Toda la portada de Facebook eran comentarios al respecto; en Google ya había indexadas 688 noticias de periódico, y todas, absolutamente todas las redes sociales, como ya han atestiguado otros bloggers, quedaron colapsadas.</p>
<p>Y es que en aquel bar, anoche, mientras compartía con el parroquiano y la camarera semejante información, se me aceleró el pulso, noté mis nervios momentáneos y tuve la sensación de que se había producido un pequeño sismo, un 11-S en miniatura, uno de esos días que no se olvidan y que luego contaremos a los nietos. &#8220;Recuerdo el día en que murió Michael Jackson&#8221;.</p>
<p>Y claro, imaginad cuando, superado el impacto inicial,  me entero de que Farrah Fawcett también murió ayer.  No somos nada.</p>
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		<title>Las barbas del vecino</title>
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		<pubDate>Tue, 19 May 2009 10:52:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
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		<description><![CDATA[Pedro J. mantiene, como tantos otros exponentes del periodismo contemporáneo, una batalla encarnizada contra las maldades que internet inflige a su profesión. ¿Dónde acabará esta pelea de gallos?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Entre los muchos fenómenos provocados por las nuevas tecnologías, hay uno que justifica sobradamente la afirmación de que Internet democratiza: la globalización informativa conlleva el acceso de todo el mundo a todo, y con ello la creación de mercados profesionales donde nadie, jamás, esperaría que florecieran.</p>
<p>El ejemplo de los blogs y de los periódicos es el más notorio, pero quiero empezar por otro que conozco algo mejor y del que quizás se hable menos: el mundillo de los traductores pirata.</p>
<p>Se trata de una práctica tremendamente frecuente en el ámbito friki de las series, y que ha generado un mecanismo tan rápido y eficiente que casi asusta: se emite el último capítulo de <span style="font-style: italic;">Lost </span>o de <span style="font-style: italic;">Prison Break</span> o de la serie de turno en Estados Unidos; los de aquel país lo graban durante su emisión y menos de una hora después de su final, está colgado en la Red. Entonces los de este lado del charco (o de Sudamérica: se dice, se comenta que en Argentina son muchos los traductores que se “regalan”) se lo descargan inmediatamente, lo despiezan en varios segmentos y se lo reparten. Comienza la traducción, que estará acabada la misma noche y el capítulo, disponible para todo aquel que no entienda inglés y quiera disfrutarlo. En la comunidad de la traducción profesional existe una gran polémica con todo este tema: hay quien defiende que habría que meterlos a todos en la cárcel; quien considera que son unos héroes; quien no les tiene miedo por la teórica escasa calidad de su trabajo; y quien defiende esta última postura con la boquita piñonera.</p>
<p>No entraré en valoraciones personales porque sería alejarse demasiado del tema central, baste observar que, en cualquier caso, la aparición de los traductores altruistas, piratas o como se les quiera llamar ha supuesto un importante terremoto en el mundo de la producción audiovisual. El público ya no considera de recibo esperar dos años a que su serie preferida se emita en España, ya no está dispuesto a comprar una caja con los DVD de una temporada completa. Claro que, en su mayoría, da por buena una traducción que puede no serlo, y está dispuesto a consumir un producto de inferior calidad (imagen, sonido: eso es innegable) por el mero hecho de ver el ansiado capítulo ya mismo. En cualquier caso, han cambiado las tornas.</p>
<p>Pues en el periodismo actual se da exactamente lo mismo. Me di cuenta leyendo las palabras de Pedro J. en Navarra el pasado viernes, cuando decía que “un bloguero no es un periodista por contar cosas”. Y un traductor pirata, ¿no se convierte en traductor por traducir cosas? He aquí el problema, la dificultad de definir qué distingue a un intruso de un profesional: la <span style="font-style: italic;">titulitis</span>. La vía fácil es afirmar que lo que hace a un periodista (o a un traductor) es el haber estudiado una carrera, que es el mensaje de fondo de ese discurso del terror, el de los profesionales que temen (con razón) quedarse sin empleo por  culpa de la gente que regala su trabajo o que cobra menos por él. O quienes sostienen (como intuyo que hacía Pedro J.) que se trata de una cuestión de análisis, de encontrar caras de la noticia. Da igual la excusa elegida, ya es hora de abrir los ojos: un tipo de Albacete que lleve toda su vida apasionado por la política estadounidense podrá competir con cualquier analista del <span style="font-style: italic;">USA Today</span>. Digo.</p>
<p>La otra dificultad es asumir que nuestro albaceteño es capaz de producir algo que quizás tenga peor calidad, a ojos de un experto, pero que venda 10 veces más: dinero contra calidad. Qué combinación más peligrosa. Peligrosa porque cuando la (supuesta, que hay mucho jeta) profesionalidad es inversamente proporcional al dinero generado lo fácil, de nuevo, es invocar al Estado y pedir una ley, una ayuda, o un algo que remedie la situación. Puede colocarse este parche, pero la cuestión de fondo perdurará: el público prefiere menos calidad; o le da igual. Eso es lo que hay que subsanar.</p>
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		<title>De demonios yanquis y derechos de autor</title>
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		<pubDate>Fri, 15 May 2009 10:37:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Con la tranquilidad de un viernes festivo, el diario Público incluye un detalladísimo artículo sobre el ya famoso informe de la IIPA, la Alianza Internacional para la Propiedad Intelectual (a.k.a. &#8220;los americanos&#8221;), que pone a caldo a nuestro gobierno por su enorme ineficacia a la hora de frenar la descarga ilegal, etc. Lo primero que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;">Con la tranquilidad de un viernes festivo, el diario <span style="font-style: italic;">Público </span>incluye un detalladísimo artículo sobre el ya famoso informe de la IIPA, la Alianza Internacional para la Propiedad Intelectual (a.k.a. &#8220;los americanos&#8221;), que pone a caldo a nuestro gobierno por su enorme ineficacia a la hora de frenar la descarga ilegal, etc.</p>
<p>Lo primero que trasluce el artículo es la dificultad ibérica para entender el concepto de &#8220;lobby&#8221;, que tan arraigado está en Estados Unidos y que tiene una importancia capital en el buen funcionamiento de la maquinaria democrática de aquel país. No el lobby entendido como herramienta chusca para chantajear a congresistas con escándalos sexuales, no, sino como un grupo de personas que, desde su posición de comunidad o de asociación defienden sus intereses; un conjunto que recomienda, asesora y trata de que ser escuchado reuniéndose con representantes electos en Washington, organizando <span style="font-style: italic;">think tanks</span> y grupos de presión; actuando, en definitiva, en los despachos, que es donde, en mi opinión, se ganan estas guerras.</p>
<p>Esto significa que el poder real y efectivo de la Alianza no es mayor que el de cualquier comunidad de vecinos, y que aunque desembarque en nuestro país con un nombre tan pomposo y un informe tan serio, no depende sino del gobierno de España que se adopten sus propuestas y se acepten sus opiniones.</p>
<p>El informe parte de una idea que ya se ha convertido en tópica: que la piratería es mala; luego, dedica un pescozón a nuestro gobierno por su ineficacia legislativo-ejecutivo-judicial para frenar esta situación. Y aunque se trata de un estudio muy bien documentado, el núcleo del problema queda fuera de su alcance: la SGAE como encarnación del cutrismo hispánico más arraigado, esas figuras casposas capaces de ganarse el odio de toda una sociedad consumidora de cultura por el mero hecho de defender sus jubilaciones en Torrevieja.</p>
<p>Lo que necesitamos no es una caza de brujas amparada por la ley, lo que necesitamos no es que nos expliquen qué está bien y qué está mal: lo único que nos hace falta es una industria del entretenimiento lo suficientemente dinámica y competente como para ofrecernos los avances que la tecnología ha puesto a nuestro alcance y olvidarse de las preocupaciones mezquinas de dos o tres viejas glorias. Es decir, no necesitamos que se inviertan nuestros impuestos en convencernos de que bajarse una película equivale a robar un coche; no necesitamos que se tiren horas y horas de nuestros ahorros en reuniones eternas para determinar si un quinceañero de Villaconejo de Abajo es un terrorista en potencia; necesitamos que se fomenten prácticas como poner a disposición de los internautas los contenidos íntegros de la televisión para su posterior disfrute; que se prime la iniciativa de un músico de ofrecer gratuitamente su trabajo y luego ganar dinero en una gira. Que se busquen medidas, de esta forma, que beneficien a todo el mundo aprovechando las posibilidades que, en 2009, nos brindan las nuevas tecnologías.</p>
<p>Cada día son más los españoles que piensan de esta manera, y alegra ver que una convicción tan sana (que no co-mu-nis-ta, como decía Bau-tis-ta en una en-tre-vis-ta) cuenta el soporte social necesario para impulsar un cambio en la concepción y consumo de cultura que no es ya una opción, sino una necesidad: somos muchos los ciudadanos que estamos más que dispuestos a pagar por la cultura de este país y deseosos por hacerlo, lo cual nos exculpa de los cargos de comunistas, y que no obstante prescindimos de dejarnos los cuartos  por el simple hecho de no pagar a quien no le estamos comprando nada. Pero ¿qué falta, pues, para que este cambio se ponga en marcha de una vez?</p>
<p>Paradójicamente, la carencia más urgente de los consumidores de cultura en España es un grupo de personas bien organizado, con argumentos sólidos y alguna que otra aptitud política, que pueda asesorar y convencer a la administración sobre las fronteras legales en esta cuestión; un conjunto de ciudadanos que despierte un debate real y de fondo sobre el problema; unas voces que (¡sólo por una vez!) aparquen ideologías y se sobrepongan a los caducos esteretotipos políticos (izquierda, derecha); un grupo de seres racionales que encarne las ideas, ya maduras y bien definidas, que exponía un poco más arriba: esto es, un &#8220;lobby&#8221;. Lo habéis adivinado: como el del demonio yanqui.</div>
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		<title>Sacar la basura</title>
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		<pubDate>Wed, 13 May 2009 09:40:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Anoche Buenafuente entrevistó a Julio Salinas, y estuvo bromeando con él, entre otras cosas, sobre un vídeo titulado <span style="font-style: italic;">El delantero más malo de todos los tiempos</span>. Salinas, después de la sucesión de cantadas futbolísticas, se puso medianamente serio y soltó una verdad como una casa: “En este país siempre nos acordamos primero de lo malo.” Buenafuente se quedó pensativo por un momento, y el ex futbolista planteó entonces una serie de ejemplos, dirigiéndose al público:</p>
<p>   — ¿Por qué nos acordamos de Arconada?<br />   — Por la cantada del 84— respondieron a coro.<br />   —¿Y de Carlos Sáinz?<br />   —“Carlos, trata de arrancarlo”— clamaron.<br />   —¿Y de Induráin?</p>
<p>Así siguieron un buen rato, y yo no pude evitar preguntarme por qué será tan cierta esta teoría, por qué hemos convertido ese morbo que despierta el error ajeno en una religión pura y dura: como decía, bastaba abrir los periódicos de hoy para darse cuenta.</p>
<p>La final del Athletic-Barça viene envuelta en una aureola de terrorismo futbolístico propiciada por la final de hace 25 años, casualmente la última que ha ganado el Athletic. Basta rebuscar mínimamente en YouTube para encontrar este vídeo de Maradona repartiendo, con la música del Mortal Kombat de fondo: 57.000 visionados y toda una ristra de vídeos relacionados.</p>
<p><object height="344" width="425"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/BCak9DFhLJ4&amp;hl=es&amp;fs=1"><param name="allowFullScreen" value="true"><param name="allowscriptaccess" value="always"><embed src="http://www.youtube.com/v/BCak9DFhLJ4&amp;hl=es&amp;fs=1" type="application/x-shockwave-flash" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true" height="344" width="425"></embed></object></p>
<p>En <span style="font-style: italic;">El País</span> dedican dos páginas enteras a Antonio Vega, indiscutible musicazo que recibe el consabido cocktail necrológico de sentimientos amargos y revisión de su carrera artística aderezado, como no podía ser de otra manera, con lo que todos esperábamos (¿y deseábamos?) oír: qué caña se metía, cuánta heroína en el cuerpo, no sé cómo aguantó tanto tiempo.</p>
<p>Y qué decir del enfrentamiento político (no lo digo yo: cualquier periódico de tirada nacional sustantiva “cara a cara” o “duelo” y apostilla “agrio”, “amargo”, “violento”) de la jornada: Zapatero vs. Rajoy, vencedores y vencidos, el morbo de las réplicas más impertinentes en bandeja. El mismo engranaje que mueve la apisonadora Operación Triunfo (un Risto Mejide) mueve el interés ciudadano por el debate. Luego no, luego la crispación es detestable y todos lamentamos que nuestros políticos no se lleven bien y arreglen la crisis. Pero mientras, pan y circo.</p>
<p>Los programas de vídeos caseros de niños chinos dándose cabezazos contra una mesa jamás dejarán de tener audiencia, y esos realities que tanto odiamos, esos programas tan deleznables en los que se abren las tripas de los concursantes y se sirven al respetable con un poquito de caspa no son sólo una apuesta segura, sino un síntoma exagerado, una manifestación que todos vemos con claridad, de un rasgo tremendamente arraigado en nuestra sociedad y que no resulta necesariamente evidente: el interés por lo oscuro, por lo menos bueno de la gente.</p>
<p>La basura que nos rodea nos atrae como a las moscas, cuesta resistir la tentación de echar un vistacito por la cerradura de la imperfección, aunque sólo sea para darnos cuenta de que ese famoso tan pluscuamperfecto en el fondo no lo es tanto; para odiar a algún político, periodista, comentarista, fantoche o caradura cuya ideología es del signo contrario a la nuestra (me encanta esa frase); para conocer lo que nadie más conoce y sentirnos más sabios; para odiar por envidia ciega e irracional; o, sencillamente, para tapar con la basura ajena la propia (“No, si es que llevarse dinero del Ayuntamiento siempre se hizo, lo hace todo el mundo.”).</p>
<p>Esto no pretende ser un pescozón, ni siquiera una crítica: me descubro a mí y a todos mis compañeros de viaje en el metro mirando con atención sibilina la silueta renqueante y apagada del creador de La chica de ayer en una foto junto a su esquela, buscando las cicatrices que una vida de excesos había dejado en él.</p>
<p>Luego ya vendrán las mitificaciones y beatificaciones; ahora lo que importa es la foto del ataúd, las causas de la muerte. Con Zapatero y Rajoy igual: ya veremos dentro de 20 años algún programa nostálgico en la tele que nos conceda distancia y sentido común para opinar (si procediera o procediese); ahora lo importante es ensimismarse en lo que no han hecho y en lo que han hecho mal, en quién tiene la lengua más viperina y los machos más grandes.</p>
<p>Menos mal que esta noche, como en las grandes ocasiones, podremos descalzarnos y reunirnos en torno a la televisión para disfrutar de un buen partido y de una cervecita fría. ¿A que sí?</p>
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		<title>Un mundo manejable</title>
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		<pubDate>Mon, 04 May 2009 09:34:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Bush]]></category>
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		<description><![CDATA[Acabo de encontrar en el canal Historia un reportaje, firmado por el periodista independiente y analista de medios Danny Schechter, sobre la estrategia de comunicación en la guerra de Irak. En él se diseccionan, sin llegar a caer en activismos a lo Michael Moore, todas las mentiras y estrategias de dudosa moralidad que la administración [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Acabo de  encontrar en el canal Historia un reportaje, firmado por el periodista independiente y analista de medios Danny Schechter, sobre la estrategia de comunicación en la guerra de Irak. En él se diseccionan, sin llegar a caer en activismos a lo Michael Moore, todas las mentiras y estrategias de dudosa moralidad que la administración Bush puso en práctica para dominar el flanco más importante del conflicto: el comunicativo.</p>
<p>Con él he recordado la muerte de José Couso, aquel cámara de Telecinco que murió abatido por disparos estadounidenses cuando estaba grabando desde el hotel de Bagdad en el que se encontraban los periodistas, he recordado a Jon Sistiaga en una azotea desvencijada pidiendo a un tipo cualquiera en un inglés primario que hiciera un plano general. Y es más, he visto por primera vez el vídeo del tanque norteamericano que, en mitad de un puente y de una calma chicha, dispara un obús contra el edificio, alegando más tarde defensa propia.</p>
<p>He recordado todos los retazos de información que fuimos recibiendo los europeos, tanto desde el campo de batalla como desde los canales estadounidenses, y que no sirvieron más que para alimentar un odio exacerbado contra aquella administración, luego contra aquel país y, ahora, para despertar la admiración más paleta hacia el presidente Obama por parte de aquellos que en apenas un año han olvidado todo lo que deploraban de los norteamericanos, y que sigue existiendo hoy en día en aquel país.</p>
<p>Aquellas verdades de la guerra de Irak, de la invasión, aquellas manifestaciones multitudinarias, que fueron las primeras para muchos de los que aún no entendíamos del todo bien lo que estaba ocurriendo, supusieron las piedras de toque de todo un juego de ideologías que sacudió el mundo a principios de este siglo. Los Estados Unidos ya no eran un icono del progreso, sino de decadencia. Saddam Hussein era un asesino, ya no un líder de un país lejano que nos daba bastante igual. La alianza de Bush, Aznar, y Blair se convirtió una de las mayores aberraciones que se recuerdan.</p>
<p>Pero la política de la Casa Blanca extendió sus tentáculos y nos alcanzó incluso a nosotros, europeos tan críticos y tan sanos de espíritu: seguimos relacionando a Saddam con Osama, seguimos sin saber situar a Irak en el mapa y seguimos sin tener ni pajolera idea de si Irán “mola” o “no mola”. De hecho, recuerdo un e-mail que me llegó hace algún tiempo demonizando al país persa en el que se incluía una fotografía de un niño, en un bazar, con la mano metida debajo de la rueda de un coche. El pie de foto explicaba que aquel niño había robado pan para comer, y que se le iba a aplastar la zarpa para que no volviera a hacerlo.</p>
<p>La lista de reenvíos del correo era infinita, enorme, y alguno incluso había incluido comentarios indignados entre arroba y arroba. Pues bien, una investigación con apenas dos búsquedas en Google, y una consulta a alguien que conoce el país me permitió averiguar que lo que aquel niño hacía era parte de un espectáculo, y que el hombre que aparecía en la imagen jaleando al público no era otro que su padre, pasando la gorra.</p>
<p>Es muy fácil para nosotros acomodarnos en lo primero que nos llega, igual que rechazarlo de plano. Es muy fácil asumir verdades asidas a nuestro entorno inmediato, verdades bien comunicadas que entroncan con lo que conocemos y lo extienden hacia parajes en los que nos movemos con inseguridades y lagunas: el mismo principio que rige los cotilleos y las leyendas urbanas puede vestirse de traje, presionar un poco a un canal de televisión o a un periódico e invadirnos sin mayor dificultad. Por mucho que alguno se ponga a investigar, es prácticamente imposible llegar al fondo de algo que sucede a miles de kilómetros y varias civilizaciones de distancia.</p>
<p>La verdad absoluta, científica e irrefutable, no existe. Todo es discutible y relativo fuera de la física, de la química o de las matemáticas (e incluso en estos campos existen controversias más que justificadas), todo es demasiado complejo como para ser entendido, y es este miedo el que nos conduce, a velocidades de vértigo, a refugiarnos en verdades ideales como la religión, el comunismo o la literatura.</p>
<p>Todo esto son mundos manejables. Son espacios creados por el hombre que él mismo ha definido y delimitado, creando una idea perfecta y aproximándose a ella en la medida de lo posible: pensamos en un libro y sabemos lo que es, pero al terminar de leerlo nos damos cuenta de que la idea que teníamos ha cambiado; pensamos en un gobierno de izquierdas teniendo en cuenta la idea de izquierda que conocemos, pero a medida que pasa el tiempo nuestro concepto ideal primigenio se matiza, se modifica, se enriquece.</p>
<p>Y de vez en cuando, estos mundos manejables se desploman. Se da una situación en la que el concepto ideal generado por una fuente externa se enfrenta a una verdad completamente diferente, inesperada. Un ejemplo burdo es que un hijo salga del armario: en la medida en que el mundo manejable esté enraizado en aquel que recibe la confesión, le será más difícil aceptar esta nueva verdad o entenderla.</p>
<p>Este es justamente el proceso que se llevó a cabo en los Estados Unidos, en una maniobra perfectamente orquestada; similar fue el contraproceso que vivimos aquí: Bush es malo, los Estados Unidos son malos, Aznar es malo, el progresismo es bueno. Tan eficaces fueron estas dos corrientes que aún hoy perduran restos en la conciencia colectiva, hasta tal punto que lo peor no es que sus respectivos seguidores vivan pensando de esta o de aquella manera, sino que están convencidos de que se encuentran en posesión de la verdad absoluta.</p>
<p>Lo peor de las verdades absolutas es que nos sirven de soporte para justificar nuestras acciones, para legitimar cada paso que damos. Este es el motivo de que a medida que nos hacemos mayores y que ganamos en sabiduría y en experiencia nuestras opiniones ganen valor y nuestros actos, firmeza. Cada día el mundo está más ciego por su propia convicción de un conocimiento que, en realidad, está servido por fuentes aún más ignorantes o malintencionadas: toda una herramienta de control que resulta, al menos de momento, de lo más eficaz. Porque una vez que las opiniones se forman y se consolidan, ya no se mueven ni se destruyen, sólo se reajustan; cada día son menos los que, con 40 o 50 años a la espalda son capaces de replantearse una verdad en la que vivían instalados y convencidos: ahí tenemos el cambio climático y las dos décadas que llevamos mareando la perdiz sin llegar a nada concreto.</p>
<p>Nos hemos vuelto demasiado vagos para contrastar cada una de nuestras palabras o reflexiones, estamos demasiado convencidos de una idea del bien y del mal que no es más que semántica aderezada con algo de retórica, nos hemos dejado dominar por la publicidad teledirigida, tanto como espectadores pasivos como escapistas activos.</p>
<p>Esa es la sociedad del bienestar: la de la ignorancia reconocida o negada, pero ignorancia a fin de cuentas; la de esforzarnos más en convencernos de que sabemos que en saber realmente; la de darnos de bruces contra la cruda realidad de que, en el fondo, no podemos aspirar a más que a vivir lo mejor posible en el mundo de claroscuros que nos empeñamos en negar; la de crear un mundo manejable y habitarlo con humildad, sin pretensiones de hacerlo coincidir con el mundo real.</p>
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		<title>Nuevos blogs para nuevos tiempos</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Feb 2009 15:30:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Editoriales]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>

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		<description><![CDATA[Hace unos días, sentado en mi sillón, pasaba la última página de Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas. Se trata de un libro en el que Stefan Zweig relata, con el pulso de un maestro en el arte del costumbrismo, cada uno de los instantes decisivos de la Historia, instantes que quizás no [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<div style="text-align: justify;"><span style="font-size: 130%;">H</span>ace unos días, sentado en mi sillón, pasaba la última página de <span style="font-style: italic;">Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas</span>. Se trata de un libro en el que Stefan Zweig relata, con el pulso de un maestro en el arte del costumbrismo, cada uno de los instantes decisivos de la Historia, instantes que quizás no resplandezcan en nuestra memoria, que probablemente caigan en el olvido, pero que, sin duda, significaron profundos cambios en el transcurso de nuestra existencia.</p>
<p>Zweig, igual que Larra o Galdós —por poner ejemplos más cercanos—, forma parte de ese equipo de autores que, fascinados por los pequeños detalles fruto de una observación curiosa del mundo, decidieron tomar ese camino, el de la crónica puntual y meticulosa, para radiografiar a la humanidad. Lo lograron en un momento, en un lugar concreto, pero con una precisión y una profundidad tal que aún hoy nos cuesta contener el aplauso, asombrados ante la vigencia de sus relatos cien, doscientos, dos mil años más tarde.</p>
<p>Salir a la calle, abrirse al mundo y aprehender todo lo que nos rodea es un ejercicio que, en ocasiones, hace saltar la pequeña chispa de cronista que todos llevamos dentro, jamás con el tino o la maestría de estos autores, pero sí con su ilusión, o sus ganas. En mi caso, esa chispa fue la que detonó el primer blog de esta serie, <span style="font-style: italic;">Bah</span>. Con la ingenuidad y la juventud como armas —sin siquiera saberlo— comencé un proyecto que se convertiría en un diario, a medio camino entre lo personal, lo intransigente, lo cultural y lo anodino: un chorro de escritura que, si bien no conducía a nada, fue una escuela inigualable para empezar a progresar.</p>
<p>En 2008, un año más tarde, cualquier día de febrero, me encontré aburrido y comencé a releerlo. Primero sentí vergüenza, después la urgencia de destruir aquel blog y empezar otro. Así nació <span style="font-style: italic;">Bah (2)</span>, en el cual el campo se acotaba un poco más, el alcance era así más reducido y, según lo veo hoy, más atinado, más exhaustivo.</p>
<p>Tras meses sin actualizar <span style="font-style: italic;">Bah (2),</span> sin encontrar la manera de sacarlo adelante, y sin saber bien qué contar, comencé un diario en la calidez del papel, en el que anotaba las impresiones que va dejando el día a día, notas deslavazadas y en ocasiones sin sentido alguno, pero que me permitieron (y me permiten) seguir dando rienda suelta a todo aquello que nunca quise ver publicado, pero que me apenaba callarme, y olvidar.</p>
<p>La crónica inmediata, el pulso con la calle y sus gentes, quedó por su parte relegado a <span style="font-style: italic;">Generación Alsa</span>, el proyecto que refleja todas las inquietudes de unos chavales cualquiera, en esta ocasión asturianos.</p>
<p>Habiendo encontrado, de esta forma, los canales adecuados para liberar lo que quería contar, me limité a seguir observando y a introducir el resultado de este ejercicio en el proyecto más pertinente, fuera el público <span style="font-style: italic;">Generación Alsa</span>, fuera el privado diario personal, ese cajón de sastre en el que guardar todo lo que me interesaba pero no estimaba oportuno mostrar. Hasta que un día, hace poco, no fue suficiente.</p>
<p>Necesité, una vez más, un espacio en el que verter todo aquello que no tenía cabida en ninguno de los otros dos proyectos y, de nuevo, se repetía la historia: vuelta a la necesidad de un blog, vuelta a la necesidad de analizar, de escribir, de opinar, de adquirir el compromiso, conmigo mismo, de hacerlo lo mejor posible. Equivocándome y tropezando, sin duda, pero con fuerzas renovadas para aprender  de lo publicado y no arrepentirme de haberlo intentado.</p>
<p><span style="font-style: italic;">Bah (3)</span> tomaba cuerpo, empezaba a gritar que quería salir adelante, y una mañana soleada lo creé. Para expandir y amplificar esos pensamientos que a todos, alguna vez, nos asaltan: frente a un libro, a un periódico, a una película, a un videojuego; para hacerlo sin miedo a la inevitable vergüenza que da leerse tiempo después.</p>
<p>Y hasta aquí puedo leer: no puedo pretender avanzar más de este nuevo espacio porque uno de los motores del proyecto es, precisamente, la jugosa incertidumbre del que no sabe qué será lo que aguarda a la vuelta de la esquina. Es una incertidumbre que asusta, que angustia, que da vértigo&#8230; pero que me encanta.</p>
</div>
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