RSS Feed

Entradas que hablan sobre «Despedidas»

  1. Adiós, Preciado

    Lo escribí el Miércoles 1 de febrero de 2012

    Puse el vídeo de la rueda de prensa de la despedida de Manolo Preciado y contaba con verle, como siempre ocurre en estos casos, con los ojillos atrapados entre los dedos, hundido sobre el micrófono, dejando un silencio absoluto que solo violaban los flashes. Quizás el aplauso de la prensa que durante seis años le ha seguido en su andadura por el Sporting. Pero el que lloraba no era él, sino su hasta ahora presidente.

    Se nos va Preciado, decisión quizás injusta pero, desde luego, polémica. Todo el mundo le da las gracias, aunque, a la vez, no son pocos los que no le perdonan (ni le perdonarán) esta o aquella alineación, ni la actual situación del equipo en la clasificación. A la vez, reina la visceralidad con la que él mismo se ha manejado, la pasión por su trabajo, que lo han convertido en un personaje entrañable a ojos de todos. Es decir, como ayer mismo escribía un amigo en su Twitter: «¿Trabajarías con un amigo porque es majete?»

    Aquí está el asunto de enjundia: sí y no.

    Por una parte, la competencia del entrenador como director, como sabio, es indudablemente necesaria. Por otra… En un deporte en el que lo que más da que hablar son pisotones y ruedas de prensa, ¿acaso no es fundamental hincarle 15 goles a Mourinho en rueda de prensa? En un deporte en el que las estrellas, las probes (como decimos aquí), no es que den para salirse del sibuenono en la mayoría de los casos, ¿acaso no es fundamental uno que sepa lo que dice, que dé argumentos a los seguidores para debatir, discutir, y que suelte graciosos exabruptos? Uno que lo pase mal cuando se pierde y bien cuando se gane, uno que tenga a su alrededor a los «chavales».

    Eso, y mucho más, es Manolo Preciado para cualquier seguidor del Sporting. Que se ha equivocado, como técnico (¿técnico, de verdad?), es algo evidente para todos nosotros, abonados a la épica del último minuto. Pero también lo es que lo que alegraba el domingo, además de los copazos que nos metimos entre pecho y espalda al tomar el Bernabéu, era verle mover el bigotuco después.

    Sí, y no. En cualquier caso, adiós, Preciado. Nos acordaremos.


  2. Don Manuel, o Fraga

    Lo escribí el Sábado 21 de enero de 2012

    Parece que ya podemos relajarnos. Parece que los editoriales sobre Manuel Fraga Iribarne, los funerales y los recuerdos han terminado, y que ya se puede empezar a hablar sobre él y sobre su legado, o su triste recuerdo, de una forma medio normal.

    Ha sido conveniente esperar hasta hoy porque, aún ayer, era difícil no decantarse por la versión del tipo que firmó la última sentencia de muerte del franquismo, por la del tipo que acabó con la censura, por la del tipo que la multiplicó, o por la del tipo que jugaba al ajedrez en un pueblo gallego.

    Soy demasiado joven como para haber conocido a Fraga (igual que soy demasiado joven como para indignarme con el juicio a Garzón), soy demasiado joven como para indignarme con todo el asunto del franquismo y Fraga (como cualquiera), y soy demasiado joven, en general, como para recordar a un Fraga que no fuera aquel dinosaurio que deambulaba por el Senado o por la presidencia de la Xunta de Galicia. Sí, aquella Galicia en la que los capos empezaban a caer y las ventanas estaban mal aisladas y Los lunes al sol tenía algún tipo de sentido.

    Pero todo eso da igual. Lo que estaba en el piso de Madrid era un animal político, de cuerpo presente. Que para bien o para mal, hizo lo que quería con una pericia sorprendente en lo que a esa profesión, la política, se refería. Igual que rompió la carta de dimisión de Aznar en el 90 en un golpe de efecto inolvidable, sobreivió al franquismo con más gracejo que desgana. O algo así, que dicen en la prensa de estos días.

    Con todo, estos días el debate no ha sido tal: mientras que unos han obviado la parte mala de la historia y se han quedado con la buena; mientras que los otros se han quedado con esa parte, con la mala, y han obviado la buena; los otros se han limitiado a glosar al que sabía hacer bien su trabajo. Aunque eso nos perjudicara, o nos beneficiara a todos. Sin conclusiones, solo una: Fraga ya no está.


  3. Fin de año, etc (cero) FELIZ 2011

    Lo escribí el Viernes 31 de diciembre de 2010

    Por fin puedo desencadenar sentimientos. La Puerta de Sol, me cuentan, está llena; desde la cocina huelo ostras, ensalada de pulpo, cava, vino, uvas en un cuenco; el móvil vibra mensajes. Esta es la noche, veo el gol de Iniesta y ya se me ponen los pelos de punta: ya se me escapa la lágrima empujada por todo lo bueno.

    En menos de dos horas (1 y 57 minutos, cuando escribo exactamente estas palabras) estaré atragantándome, estaré repartiendo abrazos y recuerdos y procurando mirar hacia lo que se avecina, que es increíble, mejor incluso, que lo pasado.

    Se detendrá el tiempo durante los doce golpes. Algunos estarán trabajando ya y velando porque todo salga bien, otros estarán pensando en lo bueno y en lo malo. Yo, al menos, me acordaré con nostalgia, afecto, tristeza, alegría, felicidad, amor incluso, de todo ser viviente que haya circulado por este 2010.

    No creo que oiga coches pasar bajo la ventana en ese momento, no creo que vea nada más que la enorme esfera del reloj de la Puerta del Sol (¡que ya hay gente!), pero podré tragar con cada uva un trocito del atasco de sentimientos.

    Lo hecho, amigos, hecho está. Eso es impepinable, imborrable y quizás olvidable, pero solo nos queda una opción: escribir las nuevas líneas en oro, y escribirlas mejor. Espero, ya con esa prometida copa de cava en la mano, que os vaya tan bien o mejor de lo que pretendo.

    Gracias.


  4. Fin de año, etc. (uno) Sol

    Lo escribí el

    No sé qué fenómeno extraño se produce en Gijón cada fin de año y uno de enero. Haga buen tiempo o haga malo (hoy hace un día excepcional aquí) flota en el aire una especie de calor, una sensación como de western por escribir. Como si fuera a pasar algo, vamos.

    Y no lo digo solo por la previsible juerga que la aguerrida juventud prevé meterse, no, esta sensación se extiende a esos envidiables paisanos (paisanos) con camisas de mercería compradas por sus mujeres, los que se levantan a las 6 y media de la mañana los domingos para aprovechar la jornada.

    Al final, este es uno de los escasos momentos en los que contentos, tristes, animados o aburridos todos sabemos exactamente qué pasa y qué supone; es casi como saber que España juega la final del Mundial. La diferencia, ahora, es que no todos afrontamos el trámite de igual manera.

    Me quedan menos de 12 horas de un año que se ha mantenido entre lo excepcional y lo intenso, un año con anécdotas, experiencias y bastante aprendizaje. También con sus cosas, como todo acompañante, con sus momentos de incomodidad o de inercia imparable.

    Ha sido un año, en general, en el que el sol se ha dejado disfrutar. Hay quien, a pesar de la ya citada sensación western, no da importancia alguna a este día. Yo sí. Y que haga sol y pueda irme, ahora, a enchufarme una o dos botellas de sidra a vuestra salud es, sin duda, uno de los mejores augurios. Esta tarde-noche, la despedida. ¡Disfruten!


  5. Fin de año, etc. (dos) Paráilos

    Lo escribí el Jueves 30 de diciembre de 2010

    Hoy es día 30. Ya va tocando ponerse a pensar un poco, aunque sea en el modelo de Nochevieja –digo–, aunque el mundo ha decidido seguir coleando a nuestro alrededor hasta el último segundo.

    Así, hoy el PP ha decidio prescindir de Cascos y presentar a Isabel Pérez-Espinosa, lo cual, como ya escribí hace algún tiempo, me parece un error como una catedral. Pero ese no es el asunto ahora; es, sencillamente, que nuestra clase política se ha ocupado de echar más leña a un fuego que no es, precisamente, la hogareña chimenea de la que penden los calcetines.

    Un poco más abajo, en la misma portada de El Comercio, me encuentro con la entrañable noticia de dos pícaros que decidieron falsificar 100 entradas para la fiesta del restaurante Bellavista, con tal astucia que se plantaron en la imprenta más cercana con una entrada original y un pen-drive con el anverso y el reverso escaneados, pidiendo que se las hicieran lo más exactas posibles.

    En fin, son solo dos pinceladas: una, de las que importa, la otra, de las que hace sonreír… Pero ¿no estaría bien que dejaran de pasar cosas, aunque fuera un rato?