Puse el vídeo de la rueda de prensa de la despedida de Manolo Preciado y contaba con verle, como siempre ocurre en estos casos, con los ojillos atrapados entre los dedos, hundido sobre el micrófono, dejando un silencio absoluto que solo violaban los flashes. Quizás el aplauso de la prensa que durante seis años le ha seguido en su andadura por el Sporting. Pero el que lloraba no era él, sino su hasta ahora presidente.
Se nos va Preciado, decisión quizás injusta pero, desde luego, polémica. Todo el mundo le da las gracias, aunque, a la vez, no son pocos los que no le perdonan (ni le perdonarán) esta o aquella alineación, ni la actual situación del equipo en la clasificación. A la vez, reina la visceralidad con la que él mismo se ha manejado, la pasión por su trabajo, que lo han convertido en un personaje entrañable a ojos de todos. Es decir, como ayer mismo escribía un amigo en su Twitter: «¿Trabajarías con un amigo porque es majete?»
Aquí está el asunto de enjundia: sí y no.
Por una parte, la competencia del entrenador como director, como sabio, es indudablemente necesaria. Por otra… En un deporte en el que lo que más da que hablar son pisotones y ruedas de prensa, ¿acaso no es fundamental hincarle 15 goles a Mourinho en rueda de prensa? En un deporte en el que las estrellas, las probes (como decimos aquí), no es que den para salirse del sibuenono en la mayoría de los casos, ¿acaso no es fundamental uno que sepa lo que dice, que dé argumentos a los seguidores para debatir, discutir, y que suelte graciosos exabruptos? Uno que lo pase mal cuando se pierde y bien cuando se gane, uno que tenga a su alrededor a los «chavales».
Eso, y mucho más, es Manolo Preciado para cualquier seguidor del Sporting. Que se ha equivocado, como técnico (¿técnico, de verdad?), es algo evidente para todos nosotros, abonados a la épica del último minuto. Pero también lo es que lo que alegraba el domingo, además de los copazos que nos metimos entre pecho y espalda al tomar el Bernabéu, era verle mover el bigotuco después.
Sí, y no. En cualquier caso, adiós, Preciado. Nos acordaremos.
