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Richard Hawley en Madrid (13 de febrero de 2010)

Foto de Silvia Manzano, extraída de 20minutos.es (pincha sobre la imagen para ir al artículo).

Foto de Silvia Manzano, extraída de 20minutos.es (pincha sobre la imagen para ir al artículo).[/caption]

Lo que ocurrió el sábado en la sala Heineken de Madrid fue, principalmente, un desarme en toda regla: uno iba sin apenas haber escuchado el último disco del inglés, Truelove’s Gutter, y con las melodías más animadas de anteriores entregas en la cabeza. Sin embargo, tenía organizada mi idea del repertorio guardando un hueco para alguno de los sugerentes medios tiempos que copan los discos del ex-Pulp, y lo que encontré no tenía nada que ver con cualquier idea que hubiera podido formarme.

El concierto del sábado pasado se basó en el valor de una banda que cree en sus canciones y sabe por dónde agarrarlas; un Hawley y compañía con la capacidad técnica y las tablas necesarias para entregar canciones de bastante más de cinco minutos a tempos lentos, lentos, sin dejar por ello de conectar con su público: el gran peligro de la música que hace este señor es que puede resultar un soberano tostón si uno se escuda en las correspondientes gafas de sol y una supuesta sensibilidad salida de madre, que le lleven a tocar para los cuatro tipos que le acompañan en el escenario y no para los 500 que están delante. Pero no, en esta ocasión ocurrió el milagro: una sala repleta, un silencio sepulcral, aplausos merecidos y un Hawley y banda emocionados. ¡La conexión es posible!

En lo musical los cinco brillaron, contenidos, atinados y perfectamente compenetrados. Una pena, en cualquier caso, que tuvieran que recurrir a secciones de cuerda grabadas, que le quitaron algo de brillo a ciertos temas pero sin llegar a deslucirlos, en absoluto. El sonido, por una vez, era claro en medios y agudos, con una voz ecualizada a la perfección y unas guitarras limpias dentro de la eventual distorsión; ahora bien, collejón para los graves: el bajo y el contrabajo formaban una masa pegajosa que haría las delicias de los más “ambientales” pero que, a quienes gustamos de distinguir el bombo del bajo nos resultó más bien insufrible.

Por último, todo un placer la sala Heineken, en la que a pesar de su nombre la cerveza se cotiza a 5 euros la caña (previo pago de una entrada de 29 para mis amigos de TickTackTicket) y 8 euros la copa, con el oportuno grifo de Coca-Cola silbando entre canción y canción. Así, uno puede fundirse tranquilamente 10 euros por no morir deshidratado. En serio, un gustazo.

Canta conmigo

logoculturasLa escena tuvo lugar el fin de semana pasado en la RAI: neumática presentadora italiana anuncia la actuación del  grupo Muse, el más «eclettico, innovativo e coraggioso» de la música británica, con un entusiasmo digno de la era más tenebrosa de las galas ‘Murcia, qué hermosa eres’. Comienza a sonar la batería del último single de Bellamy y compañía, ‘Uprising’, y sorpresa: cada componente del trío está tocando un instrumento que no es el suyo (en general, a destiempo). Resulta que les pusieron a hacer playback y los muchachos, ni cortos ni perezosos, aprovecharon para demostrar sus «aptitudes» en otros campos. Ninguno de los presentes pareció enterarse, por cierto: entrevistaron al batería, crecido en su papel de cantante por un día, sin inmutarse lo más mínimo.

Con el revuelo que se ha armado en Internet con este asunto han empezado a florecer otros casos célebres de ironía en «riguroso directo»: tenemos a Iron Maiden pasándose alegremente las guitarras y baquetas de mano en mano en un programa alemán de 1986 o a Oasis haciendo lo propio en la televisión inglesa, inventándose hasta la letra.

Hay quien dice, como los fans de los grupos mencionados, que habría que lapidar a quien lo utiliza, pero, tras haber topado con un vídeo de alguna ‘starlette’ cantando en directo del bueno, no les quepa la menor duda de que más de uno nos están haciendo un favor. Y de los gordos.

Modernos al Cabrales

Me llegan noticias de que uno de los grupos que esta semana han amenizado las noches de la Plaza Mayor, muy modernos y lánguidos ellos, se cebaron a base de bien antes del recital en un restaurante cercano.

Según el informante, que compartió bar con los músicos en cuestión, éstos pasaron aproximadamente tres horas comiendo y bebiendo y riendo, hasta tal punto que el bar olía a Cabrales por culpa suya. Un inicio prometedor

Pero la rocanrol actitud manda: aparecieron en el escenario, a las 9, con semblante serio, casi de espaldas al público y en una actitud soporíferamente solemne. Así se eternizaron con temas ambientales y profundos (intensísimo), sin mover ni un pie de sus respectivas posiciones, hasta hipnotizar a algunos y dormir a otros, marchando con la misma gravedad con la que habían entrado.

Reaparecieron, finalmente, en cierto bar de Cimadevilla riendo y bebiendo (no comiendo, lo que nos faltaba) como una pandilla de colegas tomando algo en una noche cualquiera.

Charlaban con los lugareños acodados hasta las mil en una terraza, compartían risas con quien quisiera acerárseles y todo para propinar un concierto soso, soso. Son como Gremlins: les das Cabrales y pasa lo que pasa.

Fe de errores

Ejea de los Caballeros (Zaragoza) es un pueblo de 17.178 habitantes. Su equipo de fútbol es la Sociedad Deportiva Ejea, que juega en Tercera División y en un estadio con capacidad para 3.000 espectadores.

Imagino al consistorio dando saltos de alegría y abrazándose cuando cierto rotativo de tirada nacional les adjudicaba, en el fragor de la crónica del concierto del domingo de Bruce Springsteen en Bilbao, el recital de fin de gira del de New Jersey, que al parecer ha decidido cambiar el Monte do Gozo por algo más «familiar».

Un error lo puede cometer cualquiera, pero es que la cosa no acaba ahí: resulta que el domingo la E-Street logró resucitar a su teclista, que falleció en abril del año pasado de cáncer, para la ocasión. Debió de ser memorable. Y para redondear la información, comentando el setlist, encuentro que Luke Perry, el cuasi ario guapete de Sensación de vivir, compuso You never can tell; no fue Chuck Berry, no, que es negro, le saca 40 años y sabe componer canciones, por ejemplo.

A la 1 de la tarde ya habían tratado de subsanar los errores en la web; no me atrevo a comprar la edición impresa, lo mismo descubro que este viernes actúa Jacko en el Savoy. Y me fastidiaría sobremanera perdérmelo.

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P.S.: Basado en hechos reales:

http://www.elpais.com/articulo/cultura/leon/rock/inflama/Bilbao/elpepucul/20090727elpepucul_1/Tes

Fans

Miguel escribe en un foro de fanáticos de Bruce Springsteen bajo el pseudónimo de «razzmatazz». Trabaja como desratizador en Murcia y, cuando tiene oportunidad, agarra el hatillo y se hace una gira por media Europa persiguiéndole, en busca de esa canción deseada o del autógrafo prometido, como el que consiguió en Dublín tras esperar «cuatro horas en la puerta del hotel».

Uno ya desiste. Hace exactamente un año glosaba las maravillas de haber asistido a 6 conciertos de Springsteen, pero tan sólo 12 meses después (que alguien le dé un Tranquilmazin al Jefe) el plan Valladolid-Benidorm-Sevilla no convence demasiado, y menos aún teniendo en cuenta que, a buen seguro, los viejos rockeros volverán el año que viene con la voz más cascada y más injertos de pelo.

Lo mismo con U2; el respetable empieza a dormirse de mesianismos e himnos épicos: no somos pocos a los que nos encantan tanto la E-Street como los irlandeses, pero que preferimos quedarnos con un The River bien entonado a tiempo que ver languidecer al ídolo sobre el escenario. Seguro que el señor aquel que denunció a U2 por ruidos acababa de escuchar No line on the horizon

Pero Miguel, una vez más, se despide azorado: «Llego tarde, la cola, las pulseras…» Y allá que se va, a por los 200 conciertos.