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Entradas que hablan sobre «Comunicación»

  1. Tuppers en órbita, consejos y tortilla

    Lo escribí el Jueves 21 de octubre de 2010

    Ayer nos visitó Bieito Rubido en el Máster. Fue nuestra primera charla, nuestro primer encuentro bajo la atenta mirada de Alfonso Armada y Luis Prados, nuestro coordinador y cabeza que se asoma (es la hora, déjame descansar a los chicos).

    Bieito Rubido es el actual director de ABC, y responsable, pues, de la estrategia destinada a cambiar el rumbo de este linajudo diario. Nos habían anunciado su llegada a las 16.30, aunque las ineludibles y políticas obligaciones del director de un medio nacional –comidas institucionales, manos tendidas a entrevistados bajo la atenta mirada de redactores fumadores en la puerta– nos tuvo aprovechando un rato más para digerir la comida.

    Secretamente, comemos en torno a una mesa narrando los avatares de nuestro tuppers, esto es, el tema de conversación común a todos a los pocos días de conocernos: uno que vuela en el autobús, no quiero más tortilla…

    En fin, Rubido aprovechó para repasar el futuro del periodismo (medios digitales, etc.) pero también sobre su calidad y presencia en el soporte que, creo, más nos enamora a todos: el papel. ¿Será el más elitista? Sí, dice el director. ¿Ha muerto el periodismo? Para nada, dice el director. Creo que todos coincidimos en ese punto, todos adoramos el tacto de la tinta (ni siquiera del propio papel) bajo los dedos cuando llegamos con el pelo alborotado y las ganas a flor de piel a primera hora de la mañana.

    Ahora bien, se presentó ante nosotros de traje y recién llegado, como digo, de los compromisos propios de un director de periódico. Un director salido de las trincheras, claro, pero hablando para un escogido auditorio de consumidores de comida dispuestos a tirarse estudiando (y pagando, pues) con hora de entrada, pero sin hora de salida. Dispuestos a comernos el mundo, aunque sea en tupper, vaya.

    Luego, cuando esto me surcaba la mente, se refirió a dentro de 20 años, cuando ocupemos –dijo– cargos de relevancia en medios de comunicación. ¿Llevaremos corbata entonces?


  2. El día de sacar la basura

    Lo escribí el Domingo 3 de octubre de 2010

    En los últimos días me he enganchado con bastante entusiasmo a esa excelente serie que era El ala oeste de la Casa Blanca. Aún estoy viendo la segunda temporada, una de las escritas por Aaron Sorkin, que es, igualmente, el guionista de La red social, la nueva película de David Fincher sobre Mark Zuckerberg, creador de Facebook.

    La serie, por lo que he podido saber, cuenta con el asesoramiento de bastantes personas que trabajaron en diversas administraciones, y se centra, además de los aspectos más políticos o domésticos, en cuestiones que tienen que ver con la comunicación.

    Uno de los conceptos más interesantes que aparecen en la primera temporada es el del día de sacar la basura, que es el viernes. Los personajes, en una de esas brillantes secuencias de walk and talk marca de la casa (se desplazan por el enorme plató caminando y charlando en magníficos planos) explican cómo se dejan, para el viernes, comunicados y declaraciones de las que no interesa que se hable demasiado: los periódicos de Washington publican, en general, una columna diaria y, de esa forma, la avalancha de datos hace que el sábado –el día de menos seguimiento de la actualidad política, afirman ellos mismos– la información se pierda entre la abrumadora argamasa.

    Aquello me llamó mucho la atención pero ayer, sábado, comprobé divertido la verosimilitud de este dato: El País titulaba en portada: “EEUU utilizó a cientos de guatemaltecos como cobayas en los cuarenta”. Le dedicaba, igualmente, la quinta página a la noticia. Público no lo daba en portada, pero sí le dedicaba un pequeño espacio en la página 13.

    La declaración conjunta de Hillary Clinton y de la secretaria de Salud, Kathleen Sebelius, se produjo el viernes día 1, y aparece en la edición digital de los periódicos nacionales; ahora bien, ni El Mundo ni ABC recogen la noticia en su edición impresa… En su lugar, la noticia queda tapada en los grandes medios (incluyendo aquellos que se hicieron eco de la noticia) por la despedida de Rahm Emanuel de la administración Obama. Curioso ¿verdad?


  3. Gracias por fumar

    Lo escribí el Lunes 30 de agosto de 2010

    Tabaco, tabaco, tabaco. Ayer me vi esta película en uno de mis arranques de insomnio estival, y me quedé muy gratamente sorprendido: me la habían recomendado, me habían hablado muy bien de ella, pero he visto tantos documentales y películas de este tipo dársela por un mensaje mal llevado…

    Pero no, eso no ocurre en Gracias por fumar. Y eso se debe, fundamentalmente, a que el tema central de la película no es el tabaco, sino la comunicación: se exhiben con sentido del humor todas las técnicas y trampas a través de un Aaron Eckhart magistralmente dirigido por Jason Reitman, y al final la moraleja obvia pasa a un segundo plano –hasta el punto de que se permiten detalles como que no aparezca ni una sola persona fumando en toda la película–. (más…)


  4. Palabras vacías

    Lo escribí el Viernes 30 de julio de 2010

    El lingüista George Lakoff escribió hace algún tiempo un libro, titulado ‘No pienses en un elefante’, analizando las claves de una comunicación política eficaz. Aquel volumen se abría con un error delicioso de Nixon, el que le costó el cargo: cuando apareció en televisión afirmando que no era un ladrón, la simple mención del término asociada a su cara le convirtió, a ojos del público, en uno: adiós a Nixon.

    Ayer, en el debate del parlamento catalán, el representante de la federación nacionalista tropezó con la misma piedra 36 años después: afirmó que «no estamos ante un debate Cataluña-España». Efectivamente: si no lo es ¿para qué mencionarlo? Un bocado más de torpeza pragmática de nuestros políticos. Pero ¿qué más da? Palabras son, y se las lleva el viento.

    Thomas Cathcart y Daniel Klein son dos filósofos que han escrito varios libros juntos; uno de ellos, el divertidísimo ‘Aristóteles y un armadillo van a Washington’, analizando las perlas discursivas que los políticos estadounidenses han ido dejando tras de sí: algunas de las estrategias descritas son perfectamente extrapolables a nuestro país, pero especialmente pertinente es la que ellos llaman la «estrategia ‘y tu madre también’», que puede extender un debate hasta la extenuación. El truco consiste en añadir más ingredientes a la marmita, en lugar de cocinar los que ya están dentro. ¿Que nos echan en cara que los toros sufren durante una corrida? Pues respondemos que si la fiesta deja de celebrarse, cada catalán perderá nosecuantos euros.

    Sólo en momentos concretos de las intervenciones se dieron los supuestos necesarios para hablar de un diálogo (por aquello de que fuera entre dos), como cuando salió la cuestión identitaria: en el caso catalán acabar con los toros no es un asunto regional porque en Canarias se abolieron las corridas (sí, «abolieron», como la esclavitud: hábil, ¿verdad?) hace 19 años. Da gusto que alguien responda a lo que se le dice por una vez.

    Por lo demás, las palabras siguen sin tener un peso especial: es lo cómodo de vivir en un país en el que, habitualmente, las votaciones parlamentarias vienen atadas y bien atadas antes de que empiecen las sesiones; las intervenciones carecen de poder político efectivo, y sólo sirven para regalar nuestros ya maltrechos oídos. Ayer, las corridas de toros fueron borradas de Cataluña: el problema es, como de costumbre, que nos quedaremos con las ganas de saber por qué: tras casi dos horas siguiendo las exposiciones de los grupos políticos, hemos logrado enterarnos –como si no lo supiéramos ya– de que la postura de cada cual es, sistemática y fundamentalmente, la contraria de la del vecino, se hable sobre toros, políticas económicas, motosierras, huevos escalfados o equipos de fútbol. Un triunfo para los animales, supongo; un nuevo fracaso para quienes practican el sano deporte de tratar de enterarse de algo.


  5. Some kind of monster

    Lo escribí el Martes 2 de marzo de 2010

    Aún no sé muy bien por qué, la semana pasada me acordé repentinamente del documental sobre Metallica Some kind of monster, rodado entre 2001 y 2003, cuando la banda atravesaba uno de sus episodios más constructivos: sin bajista, con un bloqueo creativo de tres pares y la tormenta de la demanda de Lars Ulrich, el batería, a Napster, aún fresca.

    Realmente sorprende la cantidad de horas de metraje que tienen que existir como para describir con tanta exactitud el camino que va desde un grupo al borde del abismo hasta el de los cuatro metallicos defendiendo su St. Anger frente a nosecuantascientas mil personas, pasando por las imprescindibles escenas con el terapeuta.

    Se aprecia a la perfección cómo el mismo ego y energía que llevaron a Ulrich, Hetfield y Hammet a comerse el mundo empezaban a volverse contra ellos; más aún cuando se veían incapaces de producir una canción que valiera la pena: se les estaba empezando a ir la cabeza (más) y ese pequeño resquicio de maldad, de estupidez, de lo que sea que acaba por germinar y convertirnos en seres insoprotables e ingobernables parece adueñarse de ellos al principio de la historia, para acabar por derretirse cuando todo encaja y funciona, de golpe.

    Dudo que el señor terapeuta como tal tenga demasiado que ver en el proceso; más bien parece que el hecho de tener cámaras delante y a alguien “vigilándoles” basta para que Hetfield y sus psicópatas se contengan en momentos clave y consigan llevar a buen puerto –no sin esfuerzos sobrehumanos– el disco que acabaría por ser St. Anger.

    Tampoco queda de lado la presión: a pesar de la capacidad que ha de tener uno para ser músico y poder permitirse ser Metallica al mismo tiempo, cómo meterse en el estudio y (en la medida de lo posible) olvidarse del mundanal ruido y hacer lo que mejor –o lo único– que saben hacer.

    En fin, tampoco conviene hablar mucho más: vedlo y opinad, sabios.