The Informers
Bret Easton Ellis
Londres, Picador
1994 [Esta portada no se corresponde con la de la edición]
Estamos en racha: me sorprendía en Pulp por el cambio de registro de Bukowski, de sus naturales relatos cortos a la novela; y ahora me sorprendo con el salto inverso, de Bret Easton Ellis, desde la novela al relato. Y para completar el efecto rebote, resulta que la cita que abre este libro está extraída del excelso Ask the dust, que también reseñaba por aquí hace poco.
En el fondo se trata de un volumen bastante cohesionado, y no de una recopilación de historias inconexas: siempre se busca una excusa, a la hora de publicar esta clase de colecciones, que explique por qué se ha decidido servir esa selección. Lo fácil es escudarse en la ciudad de Los Ángeles, o en la década de los 80, o en cualquier otro motivo que aquí, sencillamente, no vale. Porque los relatos de The Informers están cimentados sobre ese juego que a Ellis tanto le encanta de hacerlos dialogar entre sí, de guiñar el ojo al lector presentándole, por ejemplo, un restaurante al que acuden varios personajes, de distintas historias.
Todo ello sin dejar de lado su habitual tendencia a ir abandonando la realidad para sobrepasar todos los límites: no quiero reventar nada, pero en la décima historia más de uno acudirá al diccionario preguntándose si realmente está entendiendo lo que lee o si su capacidad de comprensión está sufriendo un colapso.
Manteniendo, pues, dos de los ingredientes más reconocibles del estilo de Bret Ellis, y sumándoles un sentido del humor a la vez oscuro y fresco, sólo queda añadir la variedad de estructuras, literarias y textuales, para topar con un imprescindible de los de verdad, probablemente de lo mejorcito de la producción de este escritor y, además, una delicia para el verano.