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Entradas que hablan sobre «Asturias»

  1. Asturias en diez horas

    Lo escribí el Viernes 11 de mayo de 2012

    Diez horas han pasado desde la última vez que estuve sentado ante estas teclas; diez horas desde que la mañana se abriese brumosa, y luego entrara el sol a raudales. Ahora las nubes blancas aplastan la humedad contra el empedrado; ahora, diez horas después y mes y medio después, estamos exactamente como estábamos entonces.

    En estas diez horas me ha dado tiempo a muchas cosas, como por ejemplo a sentarme frente a la Junta General del Principado a comer un pincho a media mañana y ver a Fernando Lastra, portavoz del Grupo Parlamentario Socialista, salir de allí móvil en ristre y cierta sonrisa en la cara. Me dio a tiempo a llevarme las manos al Twitter y encontrar que ¡plof! la sentencia del TSJA que le quitaba un diputado al PSOE acababa de esfumarse, de desvanecerse entre los dedos.

    Me dio tiempo a echar cuentas antes de que escampara del todo, y a descubrir que el parlamento tiene el mismo aspecto que el día 28 de marzo, cuando se recontó el voto emigrante; solo que ahora han llovido todas las reuniones posibles y a los señores diputados (a unos más que a otros) el cansancio se les empieza a notar.

    En este tiempo la situación ha dado unos cuantos bandazos con visos de ser  vuelcos, como ayer, cuando parecía que UPyD había pactado con el PSOE pero todo resultó ser una falsa alarma. Pero para desgracia de todos no han dejado de ser bandazos, amagos, conatos, tentativas, fintas, barullos, intentos y fracasos de desbloquear una parálisis que parece no tener fecha de caducidad.

    El próxima día 22 comienza el debate de investidura y se supone que todo tiene que acabar, que todo tiene que escampar. Claro que, después de todo –del café con hielo y de la solana de mediodía–, ahora, tenemos la boina (de nubes) puesta otra vez. Esperemos que al menos no se arranque a llover. Otra vez.


  2. Pánico en Asturias

    Lo escribí el Viernes 4 de mayo de 2012

    Estamos a cuatro de mayo y en Asturias no solo no tenemos Gobierno (empezamos a parecer belgas), sino que tampoco tenemos Presupuestos. Solo tenemos una sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Asturias sobre la mesa, desde hace una semana, cogiendo polvo, y un recurso ante el Constitucional interpuesto por el PSOE y por Izquierda Unida. Y así hasta hoy.

    Sería entretenido, hoy que el dos de mayo pilla tan cerca, buscarle tres pies al gato y trazar algún tipo de paralelismo con la fecha, pero ni siquiera vale la pena: aquí nuestro negocio es otro, aquí vivimos en una película de cuño mucho más reciente, y de título Pánico en Asturias.

    Ha querido la fortuna que, abstrayéndonos de los acontecimientos concretos que han ido salpimentando nuestra política en el último año, nada haya salido a derechas (ni a izquierdas). La simple aparición de un partido político, el tirón de un solo animal político ha sido suficiente para que sean cinco los partidos entre los que repartir la tarta, y ese simple hecho, algo tan nimio y potencialmente normal, democráticamente salubre y con visos de ser la tendencia del futuro, ha servido para que cunda el pánico en los escaños y sus 45 señorías (44 de momento) hayan sido totalmente incapaces de ponerse de acuerdo en nada.

    Me da igual (nos da igual a todos, no nos engañemos) de quién sea la culpa del bloqueo: lo único que salta a la vista es que no terminamos de arrancar.

    Ya tiene redaños que una crisis económica, política y social paralice por completo a quienes nos gobiernan; pero que, encima, la simple entrada en liza de un partido capaz de aglutinar a un porcentaje significativo de quienes acudieron a votar en mayo del año pasado, en noviembre y en marzo suponga este circo, que dura ya demasiado, empieza a ser realmente preocupante. Cinco meses llevamos de 2012, y 125 capítulos de este blog. Por tiempo, desde luego, no habrá sido.


  3. Las portadas del mañana

    Lo escribí el Jueves 26 de abril de 2012

    Cuando Cristóbal Montoro apareció en mi televisor, el martes por la tarde, hablaba como ministro de Hacienda y Administraciones Públicas que debate, en el Congreso de los Diputados, los Presupuestos Generales del Estado. Pero estaba diciendo noséqué de una herencia recibida, y se dirigía al jefe de la oposición a cuenta de cierto déficit. No estaba defendiendo nada: estaba atacando.

    En ese preciso instante (o más, desde el lunes) cualquiera habría podido adelantar cuál sería el tema de portada de todos los periódicos: este debate, por llamarlo de alguna forma, sobre unos presupuestos aprobados de antemano, pergeñados por un Gobierno que tiene mayoría absoluta y que, por muchas incomodidades que le cause, puede sacar adelante en solitario.

    En Asturias la portada era otra, era un asunto que hace rascarse la mollera a los medios nacionales: la ruptura del pacto entre PP y Foro Asturias y, por tanto, la aparente llegada al pleno de constitución de la Junta General del Principado de Asturias de mañana con tres candidaturas: la del PSOE (con 17 diputados), la de Foro (con 12 diputados) y la del PP (con 10 diputados). El PSOE solo podría alcanzar un acuerdo de mayoría absoluta con IU y con UPyD, que ahora mismo debe de seguir abanicándose en su hamaca, viéndolos matarse entre ellos.

    Este ejemplo de cainismo (y digo cainismo porque, al final, vamos todos al mismo hoyo) encierra un montón de claves y de cálculos que quizás nunca se lleguen conocer, pero que van a desplegar, en los próximos días, toda la panoplia de triquiñuelas parlamentarias habidas y por haber. Mandarán las llamadas a Madrid, mandará el ojo puesto en las próximas elecciones (¡ay!) y, al final, todos esos detalles y cuitas que seguirán sin llamar más atención que la nuestra.

    Todo sigue siendo tan amargo, tan apasionante y, por desgracia, tan previsible… como ha sido hasta hoy. Hasta mañana.


  4. El ascensor francés

    Lo escribí el Lunes 23 de abril de 2012

    Ni Sarkozy ni Hollande: la gran protagonista de los comicios de ayer en Francia fue Marine Le Pen, el «ascenso de la extrema derecha» que ha hecho a nuestros avezados e intrépidos analistas llevarse las manos a la cabeza con preocupación.

    Después de mesarnos la barbilla un ratejo, hemos encontrado tiempo para contemplar las cifras de participación con cierta envidia: más de un 80% de los electores franceses acudieron ayer a las urnas. Y todavía estábamos hablando de un descenso con respecto a las anteriores elecciones, las de 2007.

    Más allá de la alarma por el efecto del ascensor francés, observamos que Le Pen se queda fuera de la segunda ronda de votaciones, aunque sin duda influirá en ellas atacando a diestra o a siniestra. Sucede, entonces, que esta preocupación se queda a las puertas del Elíseo, y que ahora no queda más que esperar a ver por quién se decantan los franceses (y qué tal le caemos).

    Es curioso observar cómo nuestros expertos francófilos han visto todo lo que ha sucedido en Francia. Y cómo nadie se ha atrevido a hacer una extrapolación a la situación española con la misma velocidad con la que se hace, como veíamos ayer mismo, en cuestiones económicas, educativas o sanitarias.

    Porque dresulta que en Asturias, del millón que vivimos aquí, en marzo votamos 501.573, y ahora jugamos a un todos con todos que nos tiene, aún, sin Gobierno. ¿Y si nosotros también hubiéramos tenido un Le Pen, un Anglada, un populista, un malo malísimo?

    Pues que quizás hubiera logrado entrar en el parlamento con 15.000 votejos, que es menos gente de la que es socia del Sporting de Gijón. Que a partir de ese punto, con nuestras descacharrantes tasas de participación y nulos filtros (segunda vuelta francesa), todo es posible. El peligro no es que ascienda el averno ultraderechista. El peligro ya está en casa, y no es ese ascensor. Es una barra libre.


  5. La tercera silla

    Lo escribí el Viernes 20 de abril de 2012

    Lo mejor del periodismo de provincias, que no provinciano, es que al ser menos jugando en el mismo cajón de arena tenemos mucho más espacio para nuestras cosas. Por ejemplo, si uno quiere colarse en un museo, en un teatro, o en la mismísima Junta General del Principado, sus contendientes, en el caso de la prensa impresa, no son más que dos.

    Por eso cuando llegan los Premios Príncipe de Asturias, con el consiguiente desembarco nacional, todo se complica muchísimo, y el menor de los trámites requiere de mil gestiones más que, pongamos, una rueda de prensa en el Teatro Jovellanos.

    Allí, en la sala de prensa de la Casa de la Palmera, o en el salón de té del Teatro Campoamor, o en un pasillo de alguna consejería, o en el Edificio Histórico de la Universidad de Oviedo, una mañana cualquiera, gris y lluviosa, o una tarde brillante y soleada, podíamos estar todos. Aunque ni siquiera nos conozcamos, ocurre todos los días, en todos los palos de la información local y regional: tres sillas de medios impresos, dos flancos a los que mirar.

    Desde ayer, una de esas sillas está vacía, y uno de los flancos, huérfano: ayer se acabaron 89 años de La Voz de Asturias.

    Esto no es Madrid ni Barcelona, donde un jefe de prensa necesita una lista de varios folios para tachar los nombres de los medios que han acudido; aquí, si uno no aparece se nota bastante.Vaya si se nota.

    En una región donde la prensa, el periódico del día es de las pocas cosas sagradas que quedan, que desaparezca uno de los tres montones de cualquier kiosko es una pena. No hablamos ya de editoriales, ni de saludes democráticas, ni de debates ideológicos: hablamos, más bien, de nuestros cafés y opciones, del tercer punto de vista sobre aquello que nos atañe a un grupo superreducido de personas. Las que vivimos aquí, en Asturias.

    Los de allí no palpais semanas negras, ni festivales de cine, ni fugaos de Tineo, ni todo el resto de cosas en las que aquí nos empleamos. Ese cajón de arena en el que jugamos, impuesto o no, tiene al menos la gracia de tener colores vívidos, marcados, pegados al suelo. Desde ayer, le falta uno. Y es una pena.