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	<title>Alejandro Carantoña</title>
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	<description>Blog, y yo</description>
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		<title>Gracias por fumar</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Aug 2010 15:10:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cine]]></category>
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		<description><![CDATA[Por sorpresa, una película que sortea trampas.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/images.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1288" title="graciasporfumar" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/images.jpg" alt="" width="189" height="266" /></a><span class="drop">T</span>abaco, tabaco, tabaco. Ayer me vi esta película en uno de mis arranques de insomnio estival, y me quedé muy gratamente sorprendido: me la habían recomendado, me habían hablado muy bien de ella, pero he visto tantos documentales y películas de este tipo dársela por un mensaje mal llevado&#8230;</p>
<p>Pero no, eso no ocurre en <em>Gracias por fumar</em>. Y eso se debe, fundamentalmente, a que el tema central de la película no es el tabaco, sino la comunicación: se exhiben con sentido del humor todas las técnicas y trampas a través de un Aaron Eckhart magistralmente dirigido por Jason Reitman, y al final la moraleja obvia pasa a un segundo plano &#8211;hasta el punto de que se permiten detalles como que no aparezca ni una sola persona fumando en toda la película&#8211;.<span id="more-1287"></span></p>
<p>La genialidad es, pues, que no hay más mensaje que transmitir que el vive y deja vivir (o morir); a partir de ahí, la misión es divertir con un puñado de personajes bien construidos: no me quiero equivocar, pero me ha enamorado que por fin alguien se haya atrevido a hacer un lustroso habano de las consignas que asedian a quienes disfrutamos fumando y lo haya hecho arder, exponiendo y conciliando las posturas de quienes están a favor y en contra con sutileza mordaz.</p>
<p>En fin: ¡gracias por dejarnos fumar!</p>
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		<title>El Pentateuco de Isaac</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Aug 2010 18:13:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Angel Wagenstein]]></category>
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		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo han vuelto a hacer: un libro inevitable.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/57.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1283" title="ElPentateucodeIsaac" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/57.jpg" alt="" width="287" height="448" /></a><span class="drop">E</span>l Pentateuco de Isaac</em></p>
<p>Angel Wagenstein</p>
<p>Traducción de Liliana Tabákova</p>
<p>Barcelona: Libros del Asteroide, 2008</p>
<p>316 páginas</p>
<p>Lo han vuelto a hacer. El catálogo de Libros del Asteroide se nutre, una vez más, de uno de esos libros que marcan y refrescan al mismo tiempo: resfrescan por su agilidad, por su calidad y por una traducción brillante; marcan porque aportan algo nuevo y único.</p>
<p>En este caso, ese algo es la conciliación: <em>El Pentateuco de Isaac </em>nace en una cultura literaria alejadísima de la nuestra, con mucho de centroeuropeo y una pizca de occidentalidad. Lo que concilia, pues, es una estructura que nos es muy ajena pero al mismo tiempo accesible, es decir, toda una lección de literatura. <span id="more-1282"></span></p>
<p>Se trata de un libro que fluye con una facilidad pasmosa, un volumen breve pero de una intensidad brutal, por ser de los pocos que efectivamente logra tratar las burradas humanas cometidas en este nuestro continente a lo largo del siglo XX sin caer en lo facilón, en lo estereotípico y que, encima, arranca sonrisas sinceras, sin un ápice de condescendencia histórica o de empatía barata.</p>
<p>La maestría de Wagenstein reside, ante todo, en su economía de recursos: logra situar a su personaje en el centro del relato y utiliza su voz para narrar los acontecimientos de una forma que obnubila por su subjetividad, tan bien llevada que le permite ahorrarse descripciones superfluas e ir directo al grano.</p>
<p>Se nota y se agradece una mano versada en el arte de contar cosas, ya que, a pesar de tratarse de su primera incursión en las letras, Wagenstein hace notar desde la primera página de qué va su libro y su pluma no vacila ni un solo capítulo en el desarrollo de la trama.</p>
<p>Resulta curioso, igualmente &#8211;aunque esto requeriría otra entrada&#8211; cómo Libros del Asteroide confirma con cada libro una sensibilidad sutil pero palpable para encontrar un tono común, una forma en la escritura que une como hormigón todo su catálogo y garantiza, de esta forma, que más allá del tema tratado, de la estructura elegida, de la narración presentada cada párrafo, cada página, cada capítulo posee una pulcritud y una calidad seguras.</p>
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		<title>Origen (Inception)</title>
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		<pubDate>Wed, 25 Aug 2010 08:40:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Christopher Nolan]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Origen]]></category>
		<category><![CDATA[Películas]]></category>

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		<description><![CDATA[Difícil de comentar, pero indudablemente buena.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/inception_poster2.jpg"><img src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/inception_poster2-185x300.jpg" alt="" title="inception" width="185" height="300" class="alignleft size-medium wp-image-1279" /></a><span class="drop">T</span>enía muchísimas ganas de ver esta película; de verla tranquilo y rumiándola como tocaba. Por eso ayer me decidí a meterme en un cine con una Coca Cola gigante y dispuesto a dejarme convencer.</p>
<p>Tengo que decir que <em>El caballero oscuro</em> fue, es y será una de las experiencias cinematográficas que más me han marcado, y que la producción de Nolan, que desde <em>Memento </em>he seguido con avidez, me ha dado la impresión con el paso de los años de ir mejorando con una solidez inigualable.</p>
<p>Pero con <em>Origen</em> ha dado un salto que, aunque el director tuviera previsto desde hace una década, no termina de convencer. ¿Por qué? Creo que porque es su primera película desde la mencionada <em>Memento</em> cuyo punto de partida no es la realidad, sino que es el componente de ciencia ficción que recubre a la historia y que sirve de excusa a los efectos especiales. Es decir, en el resto de películas la premisa es posible, es un mundo conocido pero que se va alejando de lo que, efectivamente, nos rodea. Ese es el viaje que más me seduce de los propuestos por Nolan y el que creo que le convierte de un auténtico innovador.<span id="more-1277"></span></p>
<p>Pero no deja de ser uno de mis directores favoritos por su manera de estructurar las historias, sencilla pero sólida e inapelable, y en ese sentido esta cinta no decepciona en absoluto. No obstante, la belleza narrativa y visual se pierde en el laberinto mental en el que el propio director se mete: hay un puñado de errores en la trama que no llegan a descentrarnos del todo, pero que no dejan de ser engañosos.</p>
<p>Ahora bien, nunca he querido dejar que un error de coherencia que podría haberse arreglado con que un personaje dijera una frase en lugar de otra me arruinara la película, y es por ello que, juzgándola con la distancia suficiente, se convierte en un hallazgo muy recomendable: es una de las aproximaciones al tema de los sueños y la mente más lúcidas que he visto, con el punto fuerte de que, salvo en los giros de guión previsibles y necesarios, Nolan dedica la primera parte de la película a tranquilizarnos, como dejándonos claro cuándo estamos ante un sueño y cuándo ante la realidad para que el espectador no se distraiga tratando de adivinarlo.</p>
<p>Es decir, la primera mitad de la cinta, la que nos explica de qué va todo (con la magnífica escena de París como culmen) es la mejor; la segunda, la acción en sí, es la que hace aguas: pero hace aguas ante un principio brillante, y además no deja de entretener. Así, con mi Coca Cola gigante y mi cine climatizado, no me ha cambiado la vida, pero me he gastado los cuartos más que a gusto.</p>
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		<title>El Monopoly del cooperante</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2010/08/24/el-monopoly-del-cooperante/</link>
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		<pubDate>Tue, 24 Aug 2010 12:03:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
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		<category><![CDATA[Política]]></category>

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		<description><![CDATA[Secuestre a su cooperante ¡ya!]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">M</span>iedo me dan estas cosas. Ayer, por si alguien no se había enterado, llegaron a Barcelona los dos cooperantes que quedaban secuestrados en Mali: han sido unos meses muy largos de un caso del que la opinión pública casi se había olvidado. Había entrado en esa dinámica de estancamiento informativo que se rompe regularmente para recordarnos que siguen ahí, pero, aparentemente, en <em>stand by</em>.</p>
<p>Ahora ya están en casa. Sus vidas valían dinero, o un prisionero, o algo, y seguramente por ello no se las arrebataron: eso sí, cuanto más altas son las apuestas (dos españoles por aquellos lares deben de equivaler a un hotel del Monopoly en la calle Serrano en términos diplomáticos) más opaca se va volviendo la pátina que lo recubre todo. <span id="more-1274"></span></p>
<p>Mi querido Rubalcaba, el rey de la sonrisa con los hombros subidos, respondió ayer en Rabat, a la pregunta de si se había pagado un rescate (equivalente a un par de estaciones de tren en lo que a nosotros concierne) y se había entregado un preso (supongo que una de esas calles amarillas con un par de casas): «Teníamos un objetivo, que era traerlos.»</p>
<p>¡Bravo! Debemos suponer, pues, que AlQaeda se ha embolsado unos ricos dineros procedentes de algún lugar; acompañados de las oportunas gestiones de nuestro cuerpo diplomático y (miedo) del CNI. A la española: probablemente nunca lleguemos a saber a ciencia cierta qué ha habido detrás de la liberación; igual que ocurre con las operaciones de ajusticiamiento de piratas (grande Chacón). Ahora bien, mi pregunta es: ¿Estamos quedando como unos pringados ante la comunidad internacional o como un ejemplo de inteligencia?</p>
<p>Es evidente que hacer las cosas a la francesa (los reyes del ratatá) o incluso a la filipina (eh, un tío con un M16 tiene a 15 rehenes en un autobús ¿qué hacemos? Entrar por la puerta trasera, que igual no se da cuenta) puede resultar algo tosco; pero andar pagando rescates de estrangis puede convertir a los españoles en la pieza más suculenta de El Corte Inglés del terrorista internacional. Es decir, si la estrategia española es la que parece, puede que lo más recomendable sea endosarles una de cal después de la de arena; el problema, visto lo visto, es que la de cal nunca llega.</p>
<p>¿Todo el monte es orégano?</p>
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		<title>No, no a la Pantoja</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2010/08/22/no-no-a-la-pantoja/</link>
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		<pubDate>Sun, 22 Aug 2010 14:38:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Una ciudad que se desmorona.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">E</span>staba esperando ansioso a que llegara el día de hoy para abrir mi querido <em>El Comercio</em> y enterarme de qué tal fue el recital de la Pantoja de ayer en Gijón, el que marca el inicio de una nueva y &#8211;que me perdonen, pero no hay más adjetivo posible&#8211; casposa era en la Laboral.</p>
<p>Me he llevado una enorme alegría al comprobar que se dieron un castañazo de órdago, con 1.500 entradas colocadas, de las cuales, calculo, un buen número serían de cortesía: sí, por una vez, me alegro del mal ajeno. <span id="more-1268"></span></p>
<p>El tipo de «cultura» (con muchas comillas) que representa esta mujer no tiene nada que ver con Camela, por ejemplo, tal y como muchos han afirmado: este es un grupo popular y urticario para los adalides de la más avanzada cultura, pero que tiene claro el lugar que ocupa y que cumple su función: sacar a la gente de los barrios y petar la playa de Poniente, punto; aquella, sin embargo, con la siniestra mano de José Luis Moreno detrás, no sólo dejó de ser una artista el día en que vender su vida se convirtió en la principal fuente de ingresos, sino que, no sé qué artes mediante (concurso público, claro), se ha ido a colar en el lugar menos apropiado para ofrecer lo que quiera que ofrezca.</p>
<p>El proyecto de la Laboral hacía aguas, eso lo sabíamos todos. El concepto de vanguardia y de cultura de Asturias se ha marchitado: la cerrazón de quienes controlan los hilos les ha aturdido por completo; dan palos de ciego obteniendo, así, un acierto por cada veinte fracasos.</p>
<p>Pero ¿qué es un acierto? ¿Lo de Feijóo? No, mientras que la cultura no sea económicamente sostenible no es sostenible, a secas. Esto no es una oenegé. ¿Lo de Moreno? No, mientras que la cultura no sea intelectualmente sostenible, tampoco es sostenible.</p>
<p>Me explico: una de las manifestaciones artísticas más encomiables y respetables que existen es aquella que emociona y/o entretiene. Eso es Camela, eso son los tropecientos mil <em>revivals </em>que nos hemos comido este verano en Gijón, y eso es, hasta cierto punto, la Pantoja. Excelente, ahí lo tenemos: esos grupos cumplirán con su función y entretendrán a quienes busquen eso, pan y circo (que al parecer son mayoría).</p>
<p>Pero la Laboral es &#8211;o debería ser&#8211; otra cosa. La Laboral es un espacio para emocionar y/o entretener, pero es, ante todo, un espacio para educar, elevar, sorprender: nadie que acuda por su propio pie a uno de los conciertos mencionados en el párrafo anterior aspira a aprender nada nuevo; alguien que se asoma a un nuevo montaje de Shakespeare, a una reinterpretación de <em>Salomé</em>, a ver la última de Nolan, si me apuras, no sólo espera sino que exige que ahí pase algo. Que te revuelva las tripas la osadía, que te levanten dos palmos del suelo con unas ideas fascinantes&#8230; que hayas ido a parar a algún lugar, en definitiva.</p>
<p>Yo no sé de quién es la culpa de este desaguisado, ni lo quiero saber. Pero si no lo arreglan, Gijón se convertirá definitivamente en un pueblo cuyo mayor atractivo es que los bares cierren a la hora que les apetezca y el alcohol y la comida estén buenos y baratos. Si quieren llenar hoteles, que lo intenten; espero no ser el único que piensa que gente como Sam Mendes es la que hace falta en Asturias, y no gente como José Luis Moreno.</p>
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		<title>Obabakoak</title>
		<link>http://www.alejandrocarantonna.es/2010/08/20/obabakoak/</link>
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		<pubDate>Fri, 20 Aug 2010 08:52:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Bernardo Atxaga]]></category>
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		<category><![CDATA[Literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura vasca]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Hacía mucho que un libro no me volaba tanto la cabeza.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/obabakoak.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1252" title="obabakoak" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/obabakoak-181x300.jpg" alt="" width="181" height="300" /></a><span class="drop">O</span>babakoak</em></p>
<p>Bernardo Atxaga</p>
<p>Barcelona: Ediciones B (Ficcionario)</p>
<p>1997</p>
<p>379 páginas</p>
<p>Considerar que este libro es una novela es, cuanto menos, una osadía. Es lo que yo de pequeño, cuando aún no sabía lo que era leer un libro sin dibujos, me fascinaba: una trama inexplicable a un tierno infante, un mundo que sólo provocaba mutismo entre los adultos que me rodeaban y que habían saboreado esta obra.</p>
<p><em>Obabakoak</em> es, pues, un volumen repleto de hallazgos: el primero es la estructura. El planteamiento de un entorno rural y norteño es sencillamente brillante, para luego lanzarse a una espiral de metaliteratura que ni de lejos es tal. Distante de convertirse en un conato de Vila-Matas circular, abstruso y bobo, Atxaga implica al lector en su juego, exponiendo con claridad los rasgos característicos de cada relato «citado»: de esta forma, no despierta únicamente nuestra sensibilidad literaria; también la analítica.<span id="more-1251"></span></p>
<p>Lo más extraño y fascinante de la novela es, sin embargo, cómo la coherencia no desaparece en ningún momento. Hay quien la ha considerado una colección de relatos hilada de alguna manera, pero el hecho es que nunca perdemos de vista Obaba: como decía en el párrafo anterior, el autor tiene la capacidad única de plantearnos un pueblo y luego abandonarnos allí. El gran mérito es, por lo tanto, que a pesar de los múltiples vericuetos y ramificaciones que adornan la trama, el eje en torno al cual giran no es ni el ego de Atxaga ni él mismo, sino el espacio y el tiempo que nos propone.</p>
<p>Por otro lado, he de reconocer que como lector me he esforzado por alejarme de la dimensión lingüística del texto: ni me interesa que Bernardo Atxaga escribiera este libro en lengua vasca y luego lo tradujera, ni tengo la más mínima intención de meterme en fregados políticos, igual que hice con la brillante <em>Vida de Manolo </em>de Josep Plá.</p>
<p>No sé ni de dónde ni cómo ha surgido este libro; me cuesta imaginar &#8211;¡y me alegro!&#8211; cuál ha sido su génesis o su gestación; pero sí sé que es una de las novelas más brillantes que he leído en español.</p>
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		<title>El juego del periodista</title>
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		<pubDate>Thu, 19 Aug 2010 18:46:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>
		<category><![CDATA[Vistas]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Cómo se llega a considerar uno periodista?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">P</span>uede que el título de esta entrada sea algo sensacionalista, porque ni he estudiado periodismo ni me atrevo demasiado a considerarme como tal: aunque, como dice un buen amigo, ¿quién es el periodista sino el que escribe en un periódico?</p>
<p>El caso es que aventurar qué o quién puede colgarse esa etiqueta me parece muy osado en los tiempos que corren (¿Cuatro años escuchando dinosaurios te habilitan como profesional? ¿Tener el móvil de la Pantoja te da voz o voto frente a reporteros agudos, aventurados, hábiles?); pero la semana pasada, en que tuve el privilegio de llenar diez contraportadas de <a href="http://elcomerciodigital.com" target="_blank"><em>El Comercio</em></a> pateándome la calle y buscando historias hasta debajo de las piedras, pude darme cuenta de algo importante.<span id="more-1247"></span></p>
<p>Se trata de la transformación que se producía al salir de casa con la libreta roja asomando por el bolsillo y el bolígrafo en la mano: uno de los días pretendía completar mi reportaje con las vacaciones de quienes amarran en el Puerto Deportivo de Gijón durante la Semana Grande. La noche anterior, a las seis de la mañana, aún estaba preocupado y rezando por encontrar un personaje en el que centrar la historia; a las 11, me estaba tomando un café; a las 12, estaba en un pantalán dando vueltas nervioso, fumando, esperando a que apareciera el organizador de una regata.</p>
<p>Al día siguiente se me cayeron cuatro historias en apenas dos horas; el tiempo apremiaba y, con la inestimable ayuda de quien dirige la sección del periódico, acabé entrando en una caseta de obra, interrumpiendo al responsable &#8211;que repasaba planos en ese preciso instante&#8211; y rascando unos minutos de conversación con los obreros.</p>
<p>Cualquiera de esas situaciones parece anecdótica en esta profesión; cualquier periodista se habrá visto en las mismas encontrando su texto &#8211;sea de deportes, de política, de actualidad&#8230;&#8211;. Pero para mí, alguien a quien le da vergüenza acercarse a charlar con quien no conoce una velada con los amigos cualquiera, supone, como digo, una transformación sin igual.</p>
<p>Puede que sea la excusa, como expone mi compañero y buen amigo Mario; puede que sea, ante todo, la primera casilla del juego del periodista.</p>
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		<title>Nuevo artículo en 452 ºF</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Aug 2010 09:45:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves]]></category>
		<category><![CDATA[452 ºF]]></category>
		<category><![CDATA[Don DeLillo]]></category>
		<category><![CDATA[Traducciones]]></category>

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		<description><![CDATA[Me han publicado una traducción.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">Y</span>a ha salido el tercer número de la revista 452 ºF, una publicación especializada de literatura comparada con la que colaboro como traductor.</p>
<p>En esta ocasión, se trata de un interesante artículo de Ahmahd Gashmari sobre el papel que desempeñan el supermercado y la televisión en <em>White Noise</em>, de Don deLillo. Podéis bajaros el PDF <a href="http://452f.com/index.php/ahmad-ghashmari.html" target="_blank">aquí</a>.</p>
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		<title>Historias de la Alcarama</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 22:17:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Abel Hernández]]></category>
		<category><![CDATA[España]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura europea]]></category>
		<category><![CDATA[Pueblos]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>

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		<description><![CDATA[Un libro pequeño, entrañable y delicioso.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/Libro-abel.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1239" title="HistoriasdelaAlcarama" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/Libro-abel-195x300.jpg" alt="" width="195" height="300" /></a><span class="drop">H</span>istorias de la Alcarama</em></p>
<p>Abel Hernández</p>
<p>Madrid: Gadir, 2008</p>
<p>240 páginas</p>
<p>Hay libros necesarios, como esos pequeños volúmenes que quizás pasan desapercibidos hoy, mañana, y pasado y que, de pronto, un alma inquieta por cómo era la vida en otro tiempo recupera. Es el encanto de España, de Europa incluso: que un habitante curioso de estas tierras decide escarbar en su pasado, en el de su lugar de origen y plasmarlo en un libro.</p>
<p>La relevancia del resultado es, ante todo, propia y personal, una especie de esfuerzo, como escribe Hernández en este libro dirigido a su hija Sara, por mantener la herencia que va pasando de generación en generación: puede parecer algo atávico que esta tradición tenga espacio en nuestras librerías y bibliotecas, pero es, ante todo, relevante.</p>
<p>Porque la voz de este periodista político carece del engolamiento de esos «viajes espirituales» con los que más de uno se ha cargado una crónica humilde y sincera de sus orígenes; es más, carecía de las ganas de escribirlo hasta que sus hijos le empujaron a hacerlo: de esta forma, Abel Hernández recoge cuarenta capítulos &#8211;cortos, muy cortos&#8211; historias de aquí y de allá, insertadas e hiladas en una estructura sólida, para ofrecer una descripción de doscientas y pico páginas de otro lugar, y de otro tiempo.</p>
<p>Es decir, este libro no sirve para revolucionar la literatura, ni para copar las listas de ventas, ni para marcar un antes y un después en la vida del lector; este libro sirve &#8211;como el pueblo que tan bien dibuja&#8211; para refugiarse y buscar silencio en mitad de los bulevares madrileños, por ejemplo.</p>
<p>También es, sin querer, una forma de dotar a quien quiera explorar el mundo rural sentimental o artísticamente: es un buen lienzo sobre el que empezar a pintar más cosas.</p>
<p>Esta es la gran muestra de honestidad que convierte un ejercicio que fácilmente podría pecar de pesado &#8211;repito: una descripción de doscientas y pico páginas&#8211; en un volumen entrañable y necesario: por una vez, aquello de «acompañar al autor en su camino» que tan bien queda en las traseras de los libros es enteramente cierto; y el trayecto es, encima, de lo más agradable.</p>
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		<title>El imperio de los gordos</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Aug 2010 09:59:17 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Gordos]]></category>
		<category><![CDATA[Polémicas]]></category>
		<category><![CDATA[Vistas]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo políticamente correcto contra lo efectivamente molesto.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">L</span>levo varios días dándole vueltas a un artículo sobre una noticia, aparecida en el diario <em>Público</em>, titulada<a href="http://www.publico.es/ciencias/330149/ministra/britanica/salud/pide/llamar/gordos/obesos" target="_blank"> «La ministra británica de Salud pide llamar &#8220;gordos&#8221; a los obesos»</a>. Qué tema espinoso: trataré de no herir sensibilidades.</p>
<p>Pulsando impresiones, he recalado en la web de la Asociación Española para la Aceptación de la Obesidad (ellos lo escriben así, con mayúsculas), que, ironías de la vida, se llama <a href="http://www.gordos.org/" target="_blank">gordos.org</a>. Sólo quería mencionarla, porque uno podría pasarse horas navegando por  esta organización casi equiparable a la de fans del cubo de Rubik.</p>
<p>Volviendo a la ministra: opina que con este cambio terminológico, las personas con sobrepeso se sentirán culpables y adelgazarán más rápido (o al menos así lo relata <em>Público</em>). Como razonamiento deja bastante que desear, pero esconde el mismo proteccionismo grimoso que rezumaba aquel intento por prohibirnos el Burger King.</p>
<p>El problema de los gordos, obesos, gente con sobrepeso u orondos es el de siempre: lo políticamente correcto enfrentado a una realidad social, añadiéndole el factor patológico. Nadie podrá decirle nada a quien padezca una enfermedad que le condene a una vida de curvas e inseguridades; pero a mí, personalmente, el gordo por deporte me da bastante reparo. Si has elegido comer como un animal, enchufarte tres bocadillos de chorizo en un trayecto Asturias-Madrid, cinco cervezas y dos cocacolas ¿por qué tengo que ceder los preciosos centímetros que arrebatas a mi asiento?</p>
<p>Y alguien dirá que si el otro obeso, el patológico, no me molesta. Sí, claro, igual que &#8211;quien no quiera, que no lo reconozca&#8211; alguien con un problema de salud mental que se pasa el mismo viaje gritando. Pero como enfermedades tenemos todos, uno se aguanta y se calla &#8211;o lo intenta, o se va a otro vagón&#8211;.</p>
<p>Hablando de esto  el otro día con un amigo que defiende las curvas &#8211;y eso, sorprendentemente, le ha costado más de una crítica feroz&#8211; llegamos a la conclusión (novedosa) de que todo radica en hasta qué punto se nos ha ido la cabeza. Como bien indican en gordos.org, el problema no es tanto el volumen como la autoestima, la seguridad. Vivimos en una sociedad (tranquilos, trataré de esquivar el tópico) que no ve con buenos ojos determinados físicos; pero como la sociedad no es La Sociedad, S.A., esquivar aquello que nos acompleja, o incluso afrontarlo es mucho más fácil de lo que pretenden hacernos creer.</p>
<p>Se montó una buena con aquella compañía aérea que pretendía cobrar dos asientos a quienes ocuparan demasiado espacio, y hubo quien se quejó. Bueno, es comprensible, pero yo en los aviones sigo procurando coger pasillo para encajar más a gusto mi metro ochenta generoso.</p>
<p>Lo llevan repitiendo unos cuantos siglos: no somos todos iguales, y pretenderlo es absurdo; no es fácil haber nacido de esta o de aquella manera; lo único por lo que podemos pelear, no obstante, es por establecer un sistema de convivencia aceptable y digno para todos pero que, al mismo tiempo, establezca unos límites razonables a la libertad individual y a la colectiva: déjame fumar, maldito; déjame engordar, maldito; déjame decir tacos, maldito; pero evita que con ello moleste a los demás. No puedes hacer más, y si lo intentas, fracasarás.</p>
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		<title>Palabras vacías</title>
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		<pubDate>Fri, 30 Jul 2010 09:14:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
		<category><![CDATA[Comunicación]]></category>
		<category><![CDATA[El Comercio]]></category>
		<category><![CDATA[Política]]></category>
		<category><![CDATA[Toros]]></category>

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		<description><![CDATA[Sobre la intensidad de los debates parlamentarios.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">E</span>l lingüista George Lakoff escribió hace algún tiempo un libro, titulado ‘No pienses en un elefante’, analizando las claves de una comunicación política eficaz. Aquel volumen se abría con un error delicioso de Nixon, el que le costó el cargo: cuando apareció en televisión afirmando que no era un ladrón, la simple mención del término asociada a su cara le convirtió, a ojos del público, en uno: adiós a Nixon.</p>
<p>Ayer, en el debate del parlamento catalán, el representante de la federación nacionalista tropezó con la misma piedra 36 años después: afirmó que «no estamos ante un debate Cataluña-España». Efectivamente: si no lo es ¿para qué mencionarlo? Un bocado más de torpeza pragmática de nuestros políticos. Pero ¿qué más da? Palabras son, y se las lleva el viento.</p>
<p>Thomas Cathcart y Daniel Klein son dos filósofos que han escrito varios libros juntos; uno de ellos, el divertidísimo ‘Aristóteles y un armadillo van a Washington’, analizando las perlas discursivas que los políticos estadounidenses han ido dejando tras de sí: algunas de las estrategias descritas son perfectamente extrapolables a nuestro país, pero especialmente pertinente es la que ellos llaman la «estrategia ‘y tu madre también’», que puede extender un debate hasta la extenuación. El truco consiste en añadir más ingredientes a la marmita, en lugar de cocinar los que ya están dentro. ¿Que nos echan en cara que los toros sufren durante una corrida? Pues respondemos que si la fiesta deja de celebrarse, cada catalán perderá nosecuantos euros.</p>
<p>Sólo en momentos concretos de las intervenciones se dieron los supuestos necesarios para hablar de un diálogo (por aquello de que fuera entre dos), como cuando salió la cuestión identitaria: en el caso catalán acabar con los toros no es un asunto regional porque en Canarias se abolieron las corridas (sí, «abolieron», como la esclavitud: hábil, ¿verdad?) hace 19 años. Da gusto que alguien responda a lo que se le dice por una vez.</p>
<p>Por lo demás, las palabras siguen sin tener un peso especial: es lo cómodo de vivir en un país en el que, habitualmente, las votaciones parlamentarias vienen atadas y bien atadas antes de que empiecen las sesiones; las intervenciones carecen de poder político efectivo, y sólo sirven para regalar nuestros ya maltrechos oídos. Ayer, las corridas de toros fueron borradas de Cataluña: el problema es, como de costumbre, que nos quedaremos con las ganas de saber por qué: tras casi dos horas siguiendo las exposiciones de los grupos políticos, hemos logrado enterarnos –como si no lo supiéramos ya– de que la postura de cada cual es, sistemática y fundamentalmente, la contraria de la del vecino, se hable sobre toros, políticas económicas, motosierras, huevos escalfados o equipos de fútbol. Un triunfo para los animales, supongo; un nuevo fracaso para quienes practican el sano deporte de tratar de enterarse de algo.</p>
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		<title>Los toros, o manual para (no) tomar partido</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jul 2010 12:34:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Polémicas]]></category>
		<category><![CDATA[Toros]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Es necesario decir sí o no?]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">P</span>ocos minutos después de que, este mediodía, el parlamento catalán aprobara la prohibición de los toros en aquella comunidad, mi Facebook y mi Twitter empezaban a echar humo con reacciones (en general desaforadas) a tan polémica decisión.</p>
<p>La verdad es que a mí, personalmente, me ha costado mucho formarme una opinión al respecto; es más, no lo he hecho y dudo que llegue a hacerlo en algún momento. Todos los argumentos esgrimidos tienen dos, tres o cuatro filos, tanto de un bando como del otro: me cuesta empatizar con un bicho que sólo comparte conmigo el hecho de ser mamífero; me cuesta, igualmente, creer que es sano cargarse cosas para pasarlo bien. <span id="more-1221"></span>Pero también tengo la sensación de que es una tradición que, por pillarme un poco con el pie cambiado, no llego a comprender del todo &#8211;lo mismo que la mayoría de antitaurinos exaltados&#8211;; igual que pienso que es algo complicado trazar la línea entre lo culturalmente aceptable y lo moralmente deplorable.</p>
<p>No obstante, el debate en torno a los toros se ha ido cargando de una serie de implicaciones de las que la fiesta originalmente carecía: implicaciones ideológicas, biológicas, políticas, territoriales, económicas&#8230; Es agotador tratar de deshacer semejante  maraña; pero es, al mismo tiempo, ese nudo el que ha hecho calar la discusión en la sociedad de la forma en que lo ha hecho y, con ello, ha obligado a TODO el mundo a decidirse por el sí o el no sin condiciones.</p>
<p>Como siempre, no tiene sentido declararse partidario o detractor de los toros tajantemente &#8211;igual que en tantas otras polémicas&#8211; a menos que poseamos una conciencia y un conocimiento del asunto tan arraigados que podamos estimar nuestra voz enteramente autorizada para pronunciarse. No es que no se pueda opinar &#8211;obvio&#8211; pero sí es necesaria, creo, una buena dosis de prudencia para no correr el riesgo de dejarnos llevar por ideas prefabricadas y niveladas a la baja.</p>
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		<title>Any Human Heart</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Jul 2010 07:32:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Culturamas]]></category>
		<category><![CDATA[Historia]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura anglosajona]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<category><![CDATA[William Boyd]]></category>

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		<description><![CDATA[Un libro que podría haber sido magnífico.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/200px-AnyHumanHeart.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1167" title="AnyHumanHeart" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/200px-AnyHumanHeart.jpg" alt="" width="200" height="240" /></a><span class="drop">A</span>ny Human Heart</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>William Boyd</p>
<p>Londres: Penguin Books, 2002</p>
<p>504 pp.</p>
<p><em>Reseña publicada originalmente en <a href="http://www.culturamas.es/2010/07/24/any-human-heart-de-william-boyd/" target="_blank">Culturamas</a>.</em></p>
<p>Cada vez que se acerca un examen, es esencial que el estudiante recuerde una premisa fundamental: si no puedes convencerlos, atrónalos. Es decir, si no eres capaz de componer un desarrollo lógico en la prueba porque careces de datos o de la capacidad de enlazarlos, échales los que tengas a la cara y huye en la confusión.</p>
<p>Eso es lo que, más o menos, ocurre con William Boyd en esta novela, que no es novela: <span id="more-1166"></span> se trata de los falsos diarios –escritos a lo largo de su ficticia vida– de Logan Mountsuart, un personaje que surca el siglo XX de cabo a rabo empleando diversos formatos, técnicas, lenguajes y estilos para contar lo que le ocurre. Esta modalidad narrativa resulta doblemente sugerente: primero, por brindar al autor la posibilidad de servirse del propio texto para hablarnos de Mountstuart; por otro lado, por permitir introducir cambios e ideas en las velocidades con las que se cuenta la historia: tan importante como lo que se dice es lo que no; los agujeros que han de ser rellenados por una nota al pie, por una introducción a determinado diario.</p>
<p>Buscando la portada del libro, leo en Wikipedia que llevó treinta meses investigar para esta novela: se nota. Al final, ya en el ocaso de la vida de Mountstuart, la vocación histórica engulle lo demás y estrangula la propia vida del personaje: como si de un <em>Cuéntame</em> de magnitudes mundiales se tratara, pasamos la última página de <em>Any human heart</em> sin haber abandonado la sensación de que no hemos conocido a Logan Mountstuart –y ya nos vale, porque en 504 páginas de diarios ha tenido tiempo de abrirse–; solo de que es una especie de personaje recurrente en las principales postales del siglo pasado.</p>
<p>No obstante, Boyd parece consciente de sus limitaciones y, por ello, la lectura de su novela no resulta ingrata: no es un producto pretencioso lleno de monólogos infinitos, no, es una recopilación de –¡qué hábil!– entradas cortas, capítulos ínfimos que podemos ir desgranando con ritmo pausado, sin segmentos que nos obliguen a largas sesiones de lectura quizás tediosas, quizás repetitivas.</p>
<p>Esto es literatura de entretenimiento, sin complicaciones: una literatura necesaria y, para estas fechas, más que recomendable; pero uno no puede esquivar la sensación de que, de haber caído en otras manos, <em>Any human heart </em>habría marcado una época.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>La autoridad competente</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jul 2010 23:16:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Breves]]></category>

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		<description><![CDATA[En tren, nada es lo que parece.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">V</span>enía en el tren terminando de ver ese peliculón que es <em>JFK</em> cuando noté, con los últimos rayos de sol entrando perpendiculares a la ventanilla, cómo las minúsculas motas de polvo que se posaban en la pantalla del ordenador me complicaban ligeramente la tarea de ver el espléndido alegato final proferido por Kevin Costner.</p>
<p>Luego se me terminó la película, y repasé algo de música de viaje.</p>
<p>Y luego, rebusqué entre los libros de la maleta de mano. Allí encontré el espléndido ladrillo de Sir Norwich sobre la historia de Venecia y, aún con la erudición musical enchufada en las orejas, lo abrí. Admiré los mapas, miré el índice y me propuse iniciar su lectura. Pero claro, oír cantar a un señor mientras se intenta leer a otro es algo que, al menos a mí, me cuesta lo mío: por eso deposité el libro abierto en mi regazo y, con ambas manos, retiré los cascos de mis queridas orejas.</p>
<p>&#8211;¡MAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!</p>
<p>&#8211;Pelayín, corazón, no grites, que hay gente durmiendo.</p>
<p>Y más adelante, ya con la introducción avanzada:</p>
<p>&#8211;Tía, Paula, que se enrolló con él.</p>
<p>Mientras, Sir Norwich explica cómo su padre le llevó a Venecia por primera vez con 16 años, para dejarle maravillado llevándole tan solo a dos lugares: la basílica de San Marcos y el Harry&#8217;s Bar.</p>
<p>Punto pelota, me voy a la cafetería a intentar leer, una revista aunque sea. Estoy de suerte: atravesamos los puertos, con la noche ya bien ceñida sobre el tren, mientras que un hombre, gin tonic en ristre, se marca un solo de <em>air guitar</em> en mitad del vagón vacío. No había otro sitio.</p>
<p>Pistola de dardos. ¡Ya!</p>
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		<title>La madre de tus hijos</title>
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		<pubDate>Sun, 25 Jul 2010 13:59:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Bienvenidas]]></category>
		<category><![CDATA[Ensoñaciones]]></category>

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		<description><![CDATA[La vida de casado.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">A</span>l final, decidió levantarse para dejar de soñarla como sabía que no era. La noche no había sido larga, pero sí lo suficiente como para que el sueño empezara a hacer mella en él cuando aún estaba llegando a casa, andando solo por las aceras aún calientes por el castigo del sol. Así, al acostarse, las casi dos horas que había invertido en acercarse a ella; la otra media que tardó en conseguir su teléfono; y el paseo de vuelta se engarzaron con un sueño profundo y repleto de imágenes.</p>
<p>Pocas horas después de haberse acostado, se sorprendió despertándose solo y sobresaltado entre las sábanas<span id="more-1204"></span>, creyendo que ella se había marchado sin mediar palabra; claro, ella nunca había estado allí. Decidió dormir un poco más.</p>
<p>Ni media hora más pasó antes de que la recordara silbándole su teléfono de cerca, bajo la atronadora música del bar, mientras que él lo apuntaba y contenía una sonrisa irredenta por las cosquillas que le estaba haciendo, en la oreja, con la nariz. Pero luego, en su duermevela, en lugar de alejarse de él como efectivamente había ocurrido, la recordaba besándole como pocas veces lo habían hecho: de nuevo, al separarse de aquellos labios, mirarla a los ojos y descubrir que se trataba de la pescadera, volvió a ser repentinamente consciente de que los sueños le estaban jugando una mala pasada.</p>
<p>Hizo un último intento por descansar, pero fue en vano: en esta ocasión, el tiempo corría, y se veía levantándose al día siguiente, y llamándola; ella contestaba, y quedaban; charlaban, y a ella parecía gustarle; se besaban, y se abrazaban; se iban juntos, y funcionaba; ella le preparaba un café, y quedaban en volver a verse.</p>
<p>Pasaba el tiempo, se conocían mejor; ella encontraba trabajo y él, también. No hacían lo mismo, pero lo hacían a gusto, se veían los jueves para cenar en casa de uno de ellos algún plato que incluyera, necesariamente, verduras a la parrilla; luego se contaban la semana apurando la botella de vino. Finalmente, apagaban las velas y se iban a dormir.</p>
<p>Un buen día se presentaban a sus amigos; otro, por pura coincidencia, a los padres; luego llegaban los viajes a la tierra de cada uno de ellos: el peligro a precipitarse, la sensación de bienestar, el cosquilleo al salir de viaje el viernes, en coche, después de la oficina; irse a vivir juntos&#8230;</p>
<p>Decidió levantarse, como digo, para dejar de soñarla como sabía que no era. Simplemente abrió la nevera, con los ojos rojos y el pelo alborotado, y bebió un largo trago de agua helada. Entonces se acercó al teléfono, descolgó, marcó, y esperó a que diera señal.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Bom Bom Chip &#8211; El niño invisible</title>
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		<pubDate>Thu, 22 Jul 2010 14:42:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Bom Bom Chip]]></category>
		<category><![CDATA[Discos]]></category>
		<category><![CDATA[Españoles]]></category>

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		<description><![CDATA[El grupo que marcó nuestra infancia.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">M</span>e dispongo a realizar un acto de nostalgia que probablemente extermine la poca estima que alguien pudiera tener por mi gusto musical, pero me parece imprescindible: Bom Bom Chip marcó mi infancia, como la de tantos otros pequeños españoles.</p>
<p>En Spotify sólo he logrado encontrar el disco del declive, esa suerte de grandes éxitos que fue la banda sonora de <em>El niño invisible</em>: no obstante, contiene un puñado de temazos que he visto a gente de mi edad cantar hoy, de cabo a rabo, sorprendidos por lo hondo que calaron en su subconsciente.<span id="more-1209"></span></p>
<p>El concepto es simple: melodías pegadizas, una producción caspo-ibérica noventera, letras idiotas y cinco niños cantando que han desaparecido del mapa. No obstante, a pesar de que Bom Bom Chip es uno de esos grupos que en su día fue tan radiado que pocos españoles podían no odiarlos, el proyecto tiene algo de entrañable: lo de que niños canten no mola, pero las letras tienen algún recoveco oscuro y literariamente extraño (las bombillas en el lavavajillas y las aspirinas en el tirachinas de <em>Solo en casa</em>); lo de la producción es sangrante, pero esos solos de Casiotone&#8230;</p>
<p>En fin: <a href="http://open.spotify.com/album/13ZX0S3Et6vbXFfjfcsBlq">Bom Bom Chip – El Niño Invisible</a></p>
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		<title>El ataque de los murcianos</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Jul 2010 12:21:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Llamadas]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Llamadas misteriosas en la tarde madrileña.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">P</span>odría publicar esta entrada en Ficción, pero no pienso hacerlo porque lo que me dispongo a contar, aunque literario, es absolutamente verídico.</p>
<p>Por norma, no suelo responder a las llamadas de teléfono de números que no conozco si se producen a horas extrañas; igual que no respondo al timbre del portal en determinados momentos del día. Bien, así y todo, lo más frecuente es que esas llamadas sean debidas a una equivocación, y no vuelva a saber nada de ese misterioso móvil que no conocía: la última vez que, de hecho, me propuse comprobar una de ellas me respondió una mujer bastante asustada cuando le dije que me habían llamado desde su móvil: ¡qué glorioso bucle: ella se confunde; luego yo me confundo al devolverle la llamada; luego ella se vuelve a confundir; luego, un señor de Albacete; después, una señora de Hospitalet&#8230;!</p>
<p>El caso es que ayer, volviendo en el tren a Madrid, a media tarde, sonó mi móvil.<span id="more-1199"></span> Era un prefijo 968, un fijo: no me sonaba de nada, así que, fiel a mis principios, no respondí. Pero me quedé con la duda: ¿de dónde sale ese prefijo? ¿Conoceré a alguien en esa provincia?</p>
<p>En cuanto llegué a casa encendí el ordenador, me conecté a Internet y comprobé el prefijo: ¿Murcia? Murcia, qué hermosa eres.</p>
<p>Murcia, Murcia, Murcia, Murcia&#8230;</p>
<p>Sólo conozco a una persona en Murcia, y dudo que me llamara desde un teléfono fijo.</p>
<p>¿Murcia?</p>
<p>En fin, no le di más importancia: otra equivocación. Pero hoy, ahora, hace un rato, ha vuelto a sonar el teléfono, y era el mismo número. He vuelto a no cogerlo, claro, pero ahora sigo preguntándome quién narices era&#8230; No es que me inquiete, pero sí que tiene visos de guerra psicológica la cosa: Y ¿si llamo y me lo coge un Golem de siete cabezas? Y ¿si se han equivocado? ¿Quién será la misteriosa identidad tras el teléfono murciano?</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Wilson&#8217;s Reservoir</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jul 2010 11:39:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Ben Wilson]]></category>
		<category><![CDATA[Discos]]></category>
		<category><![CDATA[Nistal]]></category>
		<category><![CDATA[Wilson's Reservoir]]></category>

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		<description><![CDATA[Una reseña del nuevo disco de Ben Wilson y los suyos.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://wilsonsreservoir.com/yet-another-review/" target="_blank"><span class="drop">B</span>en Wilson ha colgado en su web una reseña que hice de su disco</a>, en el que participa Álex Ortín. Aquí dejo la versión en español:</p>
<p><a href="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/41798_105470427235_5492_n.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1197" title="Wilson's Reservoir" src="http://www.alejandrocarantonna.es/wp-content/uploads/41798_105470427235_5492_n.jpg" alt="" width="200" height="199" /></a>Decidir componer, cantar y crear folk en los tiempos que corren puede deberse a dos motivos: uno, la convicción; dos, el oportunismo. Ben Wilson pertenece al primer equipo, al que ha bebido de las guitarras acústicas de otro tiempo, las ha imbricado con aquello que nos tiene –importante subrayarlo: tiene– que contar y, finalmente, las ha espolvoreado con talento puro y duro.</p>
<p>Wilson’s Reservoir presentan un disco de un funambulismo extremadamente arriesgado: bascula constantemente entre lo convencional, lo anodino si se quiere, y esa música profunda que obliga a desactivar cualquier otro sentido mientras que nos envuelve.</p>
<p>En cada uno de los cortes no dejan de pasar cosas, no dejan de orbitar vientos, baterías, <em>pedal steels</em>, bajos distorsionados en torno a la voz de Wilson y a esas seis cuerdas de acero bañadas en matices: vamos recorriendo de su mano, con cada canción, el camino hacia donde sea que nos quiere llevar; a la vez que llegamos, casi sin pretenderlo, al hueso de sus melodías: del tipo sentado en el borde de la cama con la libreta sobre la rodilla hasta la grandiosidad de una banda perfecta y acompasada irrumpiendo en la habitación.</p>
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		<title>Dos días de Placebo</title>
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		<pubDate>Sun, 18 Jul 2010 13:24:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Artículos]]></category>
		<category><![CDATA[Breves]]></category>

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		<description><![CDATA[Ayer el grupo británico Placebo actuó en Gijón, y yo me ocupé de dos de los artículos que El Comercio publicó al respecto: en primer lugar, el viernes entrevisté a Stefan Olsdal, guitarrista y bajista del grupo, para el periódico de ayer. Y hoy, mi crónica del concierto. La verdad es que nunca he sido [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">A</span>yer el grupo británico Placebo actuó en Gijón, y yo me ocupé de dos de los artículos que<em> El Comercio</em> publicó al respecto: en primer lugar, el viernes <a href="http://www.elcomerciodigital.com/v/20100717/cultura/placebo-venimos-ganas-divertirnos-20100717.html" target="_blank">entrevisté a Stefan Olsdal</a>, guitarrista y bajista del grupo, para el periódico de ayer. Y hoy, mi <a href="http://www.elcomerciodigital.com/v/20100718/cultura/noche-para-recuerdo-20100718.html" target="_blank">crónica del concierto</a>. La verdad es que nunca he sido demasiado fan de Placebo, más allá de las dos o tres canciones que ayer pudieron sonarme; pero el hecho es que entre la simpatía de Olsdal y el sonido, redondo, de su potente directo se han convertido en alguien a quien tener en cuenta.</p>
<p>Eso sí, entiendo el cabreo de quien pagara 35 euros para ver un concierto de una hora y media&#8230;</p>
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		<title>(A)salto a la fama</title>
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		<pubDate>Sat, 17 Jul 2010 15:36:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Alejandro Carantoña</dc:creator>
				<category><![CDATA[Bah]]></category>
		<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Lo dura que es la vida de estrella.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span class="drop">E</span>s fácil suponer que alguien como yo, que colabora en un periódico de tirada regional, tiene un sueldo aproximado de 2.000 euros por columna publicada y que goza de un estatus que le compromete a infinitos y tediosos partidos de golf con la élite local.</p>
<p>Si a esto le sumamos que últimamente no hay ostras frescas y que el caviar iraní escasea, no hace falta decir mucho más para darse cuenta de que mi vida se está convirtiendo en un pozo negro y sin sentido: no sé qué hacer con tanto dinero, mujeres y drogas.</p>
<p><span id="more-1187"></span></p>
<p>En fin, estoy exagerando; pero curiosamente, más de uno me ha fascinado con suposiciones de esta índole: tendré que empezar a pensar en dejar de colocarme plumas de faisán en el sombrero. No obstante hay gente, como dos que me encontré ayer, que me sorprende muy gratamente: me felicitaron por mi trabajo, charlaron un rato conmigo y yo me fui a casa más contento que unas pascuas, porque pocas cosas hay mejores que esa.</p>
<p>Por desgracia, no me ocurre todos los días: es más &#8211;de esto, en cambio, me alegro&#8211; poquísima gente me reconoce en Gijón; en Madrid, nadie. Y la vida es más que plácida teniendo la suerte de que te paguen por hacer algo que te apasiona y, encima, hacerlo tan a gusto.</p>
<p>No hay limbo como este, el de no ser tan asquerosamente conocido como para que la humanidad se vea indefectiblemente obligada a dividirse en amor y odio; ni tan poco como para que dos o tres no te odien enconadamente y tu abuela recorte las páginas del periódico los días en que sales.</p>
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