Música

La música siempre me ha acompañado y espero que no deje de hacerlo; por eso, aquí, me gusta compartir algunos discos o canciones que me han tenido sorbido el seso por algún motivo.

Bom Bom Chip – El niño invisible

Me dispongo a realizar un acto de nostalgia que probablemente extermine la poca estima que alguien pudiera tener por mi gusto musical, pero me parece imprescindible: Bom Bom Chip marcó mi infancia, como la de tantos otros pequeños españoles.

En Spotify sólo he logrado encontrar el disco del declive, esa suerte de grandes éxitos que fue la banda sonora de El niño invisible: no obstante, contiene un puñado de temazos que he visto a gente de mi edad cantar hoy, de cabo a rabo, sorprendidos por lo hondo que calaron en su subconsciente. Seguir leyendo

Wilson’s Reservoir

Ben Wilson ha colgado en su web una reseña que hice de su disco, en el que participa Álex Ortín. Aquí dejo la versión en español:

Decidir componer, cantar y crear folk en los tiempos que corren puede deberse a dos motivos: uno, la convicción; dos, el oportunismo. Ben Wilson pertenece al primer equipo, al que ha bebido de las guitarras acústicas de otro tiempo, las ha imbricado con aquello que nos tiene –importante subrayarlo: tiene– que contar y, finalmente, las ha espolvoreado con talento puro y duro.

Wilson’s Reservoir presentan un disco de un funambulismo extremadamente arriesgado: bascula constantemente entre lo convencional, lo anodino si se quiere, y esa música profunda que obliga a desactivar cualquier otro sentido mientras que nos envuelve.

En cada uno de los cortes no dejan de pasar cosas, no dejan de orbitar vientos, baterías, pedal steels, bajos distorsionados en torno a la voz de Wilson y a esas seis cuerdas de acero bañadas en matices: vamos recorriendo de su mano, con cada canción, el camino hacia donde sea que nos quiere llevar; a la vez que llegamos, casi sin pretenderlo, al hueso de sus melodías: del tipo sentado en el borde de la cama con la libreta sobre la rodilla hasta la grandiosidad de una banda perfecta y acompasada irrumpiendo en la habitación.

Tom Waits – Orphans

En realidad, quiero centrarme en el primer disco de esta triple publicación del enorme Waits: básicamente, porque es un artista difícil y de esos cuya obra constituye un muro duro como la roca pero tras el cual, en cuanto demos con una fisura y logremos colarnos, encontraremos cosas realmente interesantes.

En mi caso, el primer disco de Orphans, titulado Brawlers, es esa grieta. Las melodías son cristalinas; y las referencias, evidentes. Además Waits lleva al extremo su magistral juego de desafinaciones, y desacuerdos, como en The Return of Jackie and Judy, cuando, en los primeros segundos, parece que nada encaja pero de pronto estamos escuchando un rok’n'roll…

Hay contrabajos, hay vozarrones, solos, vientos; en definitiva, material para escuchar cualquier tarde de estas con tranquilidad. Espero que os guste: Tom Waits – Orphans

Ramón Calduch – Grandes éxitos

Hablaba en una entrada anterior de los grandes artistas perdidos y me apetecía, en este brillante domingo, compartir los grandes éxitos de uno de ellos: Ramón Calduch.

No sé de dónde ha salido este señor, pero el caso es que tiene unos temazos de órdago: son canciones tan, tan, tan inocentemente pastelosas, tan deliciosamente arregladas y con esa voz de crooner por encima de todo, que es inevitable dejarse seducir por ellas. Quizás mientras friegas, quizás mientras que caminas por la calle en un día soleado, pero siempre pintan una sonrisa en la cara de cualquiera.

Por otro lado, resulta especialmente interesante la variedad de géneros musicales que toca Calduch: hasta un chotis se marca. En lo respectivo a ritmos y melodías, también es irresistible.

Es un disco de domingo con todas las letras: Ramón Calduch – Grandes Éxitos De Ramón Calduch

El Hijo – Madrileña

Llevo semanas dándole la brasa a todo el mundo con este disco, pero es que me tiene bastante fascinado.

Son canciones cerradas, que no herméticas: todo lo que está, ocupa un lugar por un motivo u otro; el disco, en su conjunto, sólo adquiere sentido al escucharlo por completo, y tras entender que todos sus recovecos sólo sirven para hilarlo. No hay una línea argumental, no hay una continuidad en melodías o ritmos: todo es un bloque monolítico que empieza con ese fantástico guiño con aroma a Alaska que es Siempre ella y se cierra con la exagarademente melancólica Toda la noche nevando.

La voz de Abel Hernández desempeña el papel que se le pide: infundirle peso y un carácter marcadamente propio al disco, igual que un Nacho Vegas, por poner un ejemplo. A pesar, no obstante, de lo recargado de la producción (y de los arreglos: en directo, este disco gana muchos enteros) y de la clara vocación de ofrecer unas letras trabajadas y literarias, El Hijo no llega a resultar cargante; quizás por el carácter más ficcional de sus canciones.

Sea por lo que sea, es un gran disco que poner, dejar correr, y escuchar: El Hijo – Madrileña