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Artículos

  1. Entrevistar a Maalouf

    Lo escribí el Jueves 10 de junio de 2010

    Ayer llegué al periódico con intención de rellenar un simple artículo sobre Amin Maalouf cuando, de golpe, me puse al teléfono y estaba ahí. Ayer tuve el gustazo de entrevistar a Amin Maalouf: fue breve pero intenso. Ahí va la entrevista, publicada originalmente aquí:

    Amin Maalouf recibió ayer la noticia de que había ganado el Premio Príncipe de Asturias de las Letras por toda una carrera entregada a la literatura, una literatura arraigada en su mundo, pero también en el nuestro. El escritor coge el teléfono en su casa de París con la voz algo afectada por la emoción de un Príncipe de Asturias aún fresco, pero tocada de un elegante acento francés de tintes arábigos. Sus palabras, pausadas y profundas, echan un vistazo sobre el universo que le rodea.
    -Ante todo, felicidades por el Premio, ¿cómo ha recibido la noticia?
    -Para mí es un momento de enorme alegría; me siento muy honrado. Se trata de un galardón prestigioso, que además me acerca a un país muy importante para mí desde el principio de mi carrera literaria. España siempre me ha servido de inspiración para mis personajes, y la he visitado en varias ocasiones.
    -El jurado ha dicho de su obra que constituye un «mosaico de lenguas, culturas y religiones». ¿Qué opina de esta valoración?¿Es acertada?
    -En primer lugar, esas palabras me emocionan; en segundo lugar, estoy totalmente de acuerdo. Vivimos en un mundo muy diverso, un mundo que es, enteramente, un mosaico. Ese término en concreto es muy pertinente, ya que lo importante no son tanto las piezas que lo componen ni su posición como la manera en que conviven. Todos estamos obligados a habitar este mundo con otras personas, y por eso es esencial encontrar el equilibrio entre la suerte de cada cual y arreglar nuestros problemas: vivimos tiempos difíciles en ese nivel…
    -Usted tiende a transmitir una visión del mundo global, una concepción que deja de lado las fronteras puramente políticas; no obstante, suele utilizar metáforas que tienen que ver con el desierto, con oasis, con un paisaje muy particular. ¿Es el prisma a través del cual mira a su alrededor?
    -Ahora mismo, lo que estoy es intranquilo. Intranquilo cuando miro a ese mundo árabe al que se refiere: está atravesando su momento más sombrío, en especial en lo tocante a las personas. Cada vez que miro al Líbano, que es mi tierra, dudo mucho que la gente que vive allí, que los libaneses, quieran vivir así.
    -¿Cómo es, entonces, ese paisaje ahora mismo?
    -El paisaje del mundo árabe es triste. Lo que veo es gente que sueña con otro mundo.
    -No obstante, la perspectiva desde Francia, donde usted reside, será muy diferente…
    -Sí, lo es: vivo en un país desarrollado, libre y soy un apasionado absoluto de Europa: sin embargo, Francia es un país en el que está creciendo el malestar, en el que surgen tensiones y desencuentros constantemente y, cada vez, más acentuadas. En el ámbito europeo, la perspectiva es similar: se percibe una dejadez preocupante ante las elecciones, por ejemplo.
    -¿Qué solución propone?
    -Creo que la observación del mundo debe ser serena. Tenemos que verlo tal cual es y, una vez hecho eso, reinventarlo. Y eso es algo que sólo puede lograrse a través de la cultura, del arte y de las letras.
    -Esa idea se refleja en su obra, está imbuida por ella, pero ¿en qué medida considera que su propia producción tiene una influencia en ese sentido? ¿Piensa que sus libros están cambiando el mundo de alguna manera?
    -Creo que hay que ser muy modesto en ese aspecto, yo no quiero pensar que mis libros estén cambiando nada. No puedo evitar estar triste porque veo que el mundo avanza en un sentido que no es el que yo esperaba y que las cosas no funcionan como yo querría, pero no puedo hacer más que escribir, leer y escuchar y, luego, esperar que me lean y me escuchen a mí.
    -¿No le resulta paradójico que entreguen este galardón a un árabe que escribe novela histórica, justamente, en la tierra que empezó la Reconquista?
    -(Ríe) No, para nada. Soy un enamorado de la Historia, y soy de la opinión de que no se pueden observar hechos pretéritos desde las preocupaciones y consideraciones del presente. Cada vez que visito una mezquita cordobesa, o que contemplo la catedral en Santiago de Compostela lo que siento es una gran admiración; y al mismo tiempo soy consciente de que son edifcios construidos en momentos determinados y por razones concretas. Lo que me fascina es que sean construcciones realizadas por los hombres, y para los hombres.
    -Ni siquiera su editorial sabe en qué está trabajando ahora mismo: ¿puede adelantarnos algo?
    -Nunca digo nada de mis libros a nadie hasta que los tengo terminados. Sí puedo decir, sin embargo, que es una novela y que tengo previsto acabarla a finales de este año. Hasta entonces, estaré trabajando en ella: sólo interrumpiré el proceso en octubre para ir a Oviedo a recoger el galardón; después, la terminaré.

  2. El Retiro 16.16

    Lo escribí el Sábado 5 de junio de 2010

    Un 1 de junio en Madrid que parece un 15 de agosto. Tres asturianos caminando arduamente por el Parque del Retiro, con el fin de visitar, un año más, la Feria del Libro. Y digo: «Uy, qué poca gente, vaya a gusto que vamos a estar.» Pero, ay, son las 16:16 de la tarde y aquí no hay ni un alma: literalmente, las casetas están cerradas y no hay más que un par de atribulados vigilantes de seguridad tratando de huir del sol.

    Encontramos a una editora con un escritor en una de las terrazas: «No, es que está cerrado de dos a seis para comer.» ¿Cómo? «De hecho, ayer abrí el puesto a las seis menos diez y me dijeron que si volvía a hacerlo, me penalizaban.»

    Tras un par de horas de espera en un banco, empezamos a surcar los puestos. Susana, en el de TREA, habla del bajón que se está notando en las ventas: «Es cierto que aún llevamos pocos días y que el primer fin de semana de Feria coincidía con el último del mes, pero así todo se está notando que se vende menos con respecto al año pasado.» Juan, por su parte, aguanta el calor a pocos metros, en la caseta del Gremio de Editores de Asturias: «Lo más sorprendente está siendo la cantidad de asturianos que se acercan por aquí, piden la revista Ábaco, preguntan por autores… Especialmente, y no sé por qué, veo mucha presencia de gente de Gijón.»

    A decir verdad, impresiona ver el enorme Paseo de Coches tan repleto de puestos: librerías, editoriales e instituciones se intercalan por las largas filas; entre ellas, los cada vez más necesarios, publicitarios y abundantes pabellones promocionales: el cartel de la Feria de este año es de un gris sombrío, con un hombre que, sobre dos pilas de libros, mira hacia el cielo; dicen que la explicación a la ilustración no tiene nada que ver con «la que está cayendo, o similar», pero el hecho es que, a pesar de tratarse de «primera» hora de un martes, la visita resulta bastante más relajada que en años anteriores. Y sí: «ahora miran mucho; pero no compran tanto».

    Pero libros electrónicos y crisis aparte, los trescientos y muchos puestos que forman parte de esta edición de la Feria lucen igual de repletos que en años anteriores, con catálogos rebosantes de novedades más o menos apresuradas («La verdad es que en TREA no solemos preparar el catálogo con vistas a la Feria», a diferencia de muchas otras editoriales), más o menos interesantes, siempre pertinentes; con sus familias y casi veraneantes curiosos: por este parque, y por esta Feria, no pasan los años, ocurra lo que ocurra fuera.


  3. El imperio de lo agradable

    Lo escribí el Domingo 30 de mayo de 2010

    Coincidiendo –qué casualidad– con el arranque de la Feria del Libro de Madrid, sale a la venta la que podría ser la carga de profundidad definitiva, a medio plazo, para el mundo editorial tal y como lo conocemos: el iPad.

    Cuando el Kindle, el primer dispositivo para leer libros electrónicos, salió a la venta en 2007, el sector se echó a temblar; con el tiempo, se ha visto que no había tanto que temer: el funcionamiento del Kindle no se basa en una pantalla retroiluminada normal, sino en un mecanismo algo más complejo que, según publicaba The New Yorker en una ácida crítica el año pasado, presenta desventajas básicas, como puede ser el fondo irremediablemente gris de la pantalla o el posible apagón total de esta si le da el sol directamente.

    Por otro lado, Amazon, la librería en línea que lo comercializa, adoptó una estrategia para con el mercado editorial que la aleja varios continentes de la de Apple: mientras que la primera trató de puentear a las editoriales y de negociar directamente con el autor, para así rebajar costes al máximo; la segunda ha empezado su andadura en el mundo de la librería digital por sentar a las seis mayores editoriales de Estados Unidos y proponerles un modelo de representación. Cinco aceptaron; una, Random House, no: creen que es demasiado pronto para lanzarse a esta piscina con tanto entusiasmo y que aún le quedan entre cinco o siete años para cubrir lo suficiente.

    El futuro es de lo más incierto, en este sentido, pero al menos, parece claro que se está intentando aplicar el mismo modelo que va a salvar el mundo de la música o el del cine (ya existen programas gratuitos que, por un módico precio mensual, nos permiten consumir cuanto queramos en línea); y que, además, con la entrada de Apple en este terreno de juego se impone el imperio de lo agradable: trastos quizás inútiles, quizás excesivamente caros, pero tan bien diseñados…

    No obstante, el peligro a la masificación que ya atenaza los otros dos sectores se va a cebar con el libro: hoy, cualquiera puede escribir, maquetar y «publicar» un libro electrónico. Ya no desde el punto de vista comercial, sino cultural, sólo nos queda, pues, la figura del editor como filtro, como proveedor al que acudir: por ese modelo apuestan Libros del Asteroide o Acantilado.

    En este sentido, en esta Feria del Libro, más que el año pasado y menos que el que viene, algunos nos centraremos más en las casetas de las ocho, diez editoriales que sabemos que nos ofrecerán un producto de calidad, desconocido e interesante. Pero, una vez llegue el 14 de junio y la Feria haya acabado; una vez que la gente deje de acudir a las librerías y las reemplace por Internet, ¿será capaz el mercado editorial español de sobrevivir importando, en otra revolución tecnológica más, las ideas que se les han ocurrido a otros con un par de años de retraso? Ahora, más que nunca, adaptarse o morir: ir a rebufo del resto del mundo no parece una opción.


  4. Culpa de la gente

    Lo escribí el Sábado 22 de mayo de 2010

    Estaba el lunes pasado viendo nosequé zapping, tirado en el sofá, cuando aparecen Jordi González, ese solemne presentador de programas rosas, y mi ministro de Fomento preferido, José Blanco. Salto del incipiente letargo, y me pregunto si será un avance de la nueva película de Goddard –al que, si no fuera por el plantón de Cannes, seguiría dando por muerto–.

    No, será real: veamos lo que piensa el número dos del PSOE: que le han criticado en los últimos días por ir a ‘La Noria’, pero que a él no le importa porque tiene una «másima»: el político ha de ir «donde esté la gente». ¡Por fin alguien valiente, no como Montilla, ese desaprensivo que pasó de irse a quemar contenedores a Canaletas!

    Seguía sospechando que era un sueño, y que, como digo, Goddard había pasado a mejor vida; le rescaté de la categoría de «genio fallecido», gracias al episodio blanquiano. Sí, resulta que el tipo no solo aguanta sino que sigue haciendo películas, como ‘Film Socialisme’, una ida de olla sin precedentes.

    En cualquier caso, en el preciso instante en el que nuestro ínclito ministro acudía a la cadena de Berlusconi, yo –y otras enecientas mil personas que no nos encontrábamos delante de la caja tonta– estábamos distribuidos entre los estridentes conciertos que tomaron la Gran Vía; o en las Vistillas, aprovechando que por un día Madrí se baja del pedestal para ofrecer unas gratas fiestas de pueblo; o tomándonos un vermú a la fresca de una noche más que agradable, con la gorra y el clavel. Y a mí, la verdad, si no llega a ser por el camarero del bar de paisanos de la esquina, que está muy puesto, nunca se me hubiera ocurrido pensar que realmente Goddard sigue vivo o que ‘La Noria’ sigue emitiéndose…


  5. En la corte

    Lo escribí el Sábado 8 de mayo de 2010

    logoculturasEl jueves de la semana pasada tuve el gusto, que se convirtió en orgullo –qué calidad, en serio– de asistir a la segunda representación en Madrid de As you like it, de William Shakespeare, a cargo de la compañía transatlántica orquestada por Kevin Spacey y Sam Mendes: ¿director ozcarizado dirigiendo dos montajes únicos durante cinco días cada uno? Eso hay que verlo.

    Eso es: ocho y cinco de la tarde, ya llevamos retraso y entra Ángeles González-Sinde en el patio de butacas; saluda a Elena Salgado; sortea a Pedro Almodóvar y ocupa su asiento. Parece que podemos empezar. En mi platea, una mujer resopla porque no alcanza a leer los sobretítulos mientras que los de la de al lado se murmuran y, en el descanso, se dicen: «Aún queda hora y media de suplicio…» El descanso es, efectivamente, como una obra de Shakespeare: si no fuera por los iPhones, uno diría que es Alicia Moreno, concejal de las Artes en el Ayuntamiento de Madrid, la Rosalind por cuyo amor se pasa toda la obra suspirando Orlando, a juzgar por la cantidad de miradas ávidas de contactos que en ella se posan, y no la excelente actriz que se está dejando la piel en las tablas.

    En la segunda parte, Almodóvar tiene que levantarse y sale corriendo del teatro, para volver pocos minutos después: menos mal, porque de haber esperado diez minutejos más, se hubiera cruzado con Jacques, el heredero del Duque, por el patio de butacas. Tras un emocionante epílogo que nos hace saltar del asiento a la mayoría –los de mi platea están haciendo lucha libre fuera del teatro porque la señora tampoco alcanzaba a ver el escenario, según ella por culpa del mastodóntico espectador que ocupaba el asiento de al lado; los de la platea de al lado duermen plácidamente– un puñado de celebérrimas sombras aprovechan, en un movimiento ejemplar, los segundos de oscuridad que median entre final de la obra y aplausos para correr. Pero no se lo reprochen: lo de aparcar está fatal en el centro por estas fechas…