Niños con pijamas de rayas aparte, existe un fenómeno editorial único en su especie e irresistible por derecho propio, en la sección de autoayuda, que me tiene atrapado desde hace días: El Secreto o Ley de la Atracción (con muchas mayúsculas, como mandan los cánones del género).
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Autoayúdate
Lo escribí el Lunes 12 de octubre de 2009
Se trata, aparte de una premisa absurdamente perfecta, de toda una demostración del arrojo moral necesario para lanzarse a hacer dinero con estos manuales. Ahí va: si uno desea ciertas cosas para sí con toda su convicción, éstas acuden dóciles gracias a la señal magnética (!) que todos emitimos. ¿Genialidad o timo? Por si acaso, había que probar: quizás en el epílogo me enseñasen a lanzar rayos por los ojos o a pulverizar nueces con la mente.Comencé mi investigación en la Red de redes, donde encontré un avezado resumen de la técnica en cuestión cortesía de unos fans, que incluía este tonificante símil entre el milagro propuesto y la electricidad: «Yo no sé cómo funciona [la electricidad]. Pero sí se [sic] esto, que puedes cocinar la cena de un hombre con electricidad, y también puedes cocinar al hombre».En fin, estaba cada vez más claro que mi camino hacia una vida de superpoderes y telekinesia estaba abonada: ya tengo encargado el traje de mallas y ando dándole vueltas a un apodo atractivo para mi otro yo.Ahora espero ansioso una segunda parte con la que detener balas con los dientes, construir bombas nucleares con Mistol o hacer vudú usando el Facebook: y todo, gracias a la autoayuda. No lo duden y háganse un favor: ¡autoayúdense!Esta entrada hablaba de Artículos y lleva por etiquetas: Curiosidades, El Comercio, Gente, Libros, Suplemento Culturas | Sin comentarios
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Canta conmigo
Lo escribí el Domingo 27 de septiembre de 2009
La escena tuvo lugar el fin de semana pasado en la RAI: neumática presentadora italiana anuncia la actuación del grupo Muse, el más «eclettico, innovativo e coraggioso» de la música británica, con un entusiasmo digno de la era más tenebrosa de las galas ‘Murcia, qué hermosa eres’. Comienza a sonar la batería del último single de Bellamy y compañía, ‘Uprising’, y sorpresa: cada componente del trío está tocando un instrumento que no es el suyo (en general, a destiempo). Resulta que les pusieron a hacer playback y los muchachos, ni cortos ni perezosos, aprovecharon para demostrar sus «aptitudes» en otros campos. Ninguno de los presentes pareció enterarse, por cierto: entrevistaron al batería, crecido en su papel de cantante por un día, sin inmutarse lo más mínimo.Con el revuelo que se ha armado en Internet con este asunto han empezado a florecer otros casos célebres de ironía en «riguroso directo»: tenemos a Iron Maiden pasándose alegremente las guitarras y baquetas de mano en mano en un programa alemán de 1986 o a Oasis haciendo lo propio en la televisión inglesa, inventándose hasta la letra.
Hay quien dice, como los fans de los grupos mencionados, que habría que lapidar a quien lo utiliza, pero, tras haber topado con un vídeo de alguna ‘starlette’ cantando en directo del bueno, no les quepa la menor duda de que más de uno nos están haciendo un favor. Y de los gordos.
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Mi literatura
Lo escribí el Sábado 12 de septiembre de 2009
Desde que descubrí que cualquier plumilla que se precie tiene «su literatura», quise una: por lo que he podido averiguar, se trata de una especie de mascota sedosa y rechoncha a la que no le puede dar Cabrales pasadas las 12, y a la que es obligatorio referirse con cierto énfasis en el posesivo: «Mi (espacio) literatura», ha de decirse. Fíjense qué emocionante: la de este evolucionaba hacia el mal (amigo escritor, hay que leerse las instrucciones: nada de bañarlas), la de aquel maduraba, la del de más allá estaba definida por el erotismo, y la del otro «muestra la infancia como un paraíso perdido». Sin duda, parecía una inversión prometedora.
Logré que me regalaran una por mi cumpleaños, hace un par de meses, y de momento no he conseguido más que evitar que haga sus necesidades en la balda de los diccionarios y que salude con la patita si tiene el día simpático. Por lo demás, eviten comprársela: no me advirtieron de que la literatura de uno hace preguntas, tortura el alma y esclaviza al autor, maldito de por vida. En casa sospechamos, además, que se come los macarrones directamente de la caja y, cuando hay luna llena, nos mira de una forma un poco extraña: a mí se me hace cada vez más peliagudo mirar debajo de la cama.
Entretanto nuestros audaces escritores, los Ángel Cristo de la doma de letras, ya las tienen creando intrincados laberintos polifónicos de personajes multidimensionales, o como se diga. ¿Será el clima?
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Lunes 31
Lo escribí el Lunes 31 de agosto de 2009
Ya es lunes 31, un pequeño apéndice al mes de agosto, un minúsculo epílogo que marca el retorno definitivo, la vuelta a las pequeñas cosas de lo cotidiano y (esperemos que no demasiado) rutinario aunque, como bien narraba ayer Azahara Villacorta en este mismo espacio, la actualidad de la temporada otoño-invierno desprende, desde ya, cierto tufillo a soporífera monotonía.
Hoy comienza la diáspora de amigos reunidos en Gijón a lo largo de este mes: uno aquí, otro allá; los que se quedan retornan a la reclusión estudiantil o laboral y, en general, vuelven a sonar implacables despertadores a horas imposibles, con sus 5 minutos de remoloneo y la inevitable nostalgia de las tardes al fresco.
Han sido dos meses abalanzándonos sobre la calle y sus personajes, agarrando el verano con ganas y zarandeándolo para sacarle lo mejor: desde aquel tipo que se ha pasado estas semanas paseándose con un cartel al cuello pidiendo «Huelga general» hasta la riquísima vida interior de El Molinón, pasando por la selección musical que hemos podido encontrar en las calles de este Gijón: el demonio del acordeón, los lánguidos modernos y -claro- cienes de gaitas.
Ayer por la tarde aún hacía sol, paseábamos discretamente como tratando de evitar que se escapara el verano y la Fiesta de la Sidra da sus últimos coletazos. Dentro de poco viene San Mateo; luego contaremos los días hasta los puentes, las vacaciones, la Navidad, Semana Santa, mayo… Y vuelta a empezar: ya queda un lunes menos.
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Un paso más cerca de Ibiza
Lo escribí el Sábado 29 de agosto de 2009
Ha cundido la sorpresa entre gijoneses y veraneantes habituales por la sorprendente afluencia de visitantes que han aguantado en la ciudad esta segunda quincena de agosto, una vez superados los conciertos, restallones y demás festivales.
La crisis no afecta al sector turístico: al contrario, lo impulsa; tenemos una de las proporciones de bares por habitante más elevadas de España; y por si todo esto fuera poco, llegan noticias de que barrios como la Calzada o Pumarín cuentan ahora con una presencia hostelera más que boyante.
Tal es el optimismo que por no afectarnos, no nos afecta ni el clima: proliferan ‘a veira do mar’ terrazas y chiringuitos de corte ibicenco-mediterráneo, con su rollo lounge y sus sillones blancos («Pero eso ¿cómo harán pa lavarlo?», se preguntaba el otro día una nativa) que quedan preciosos en el litoral astur y le confieren ese toque sofisticado que tanto nos gusta por estos lares.
La gente bien se apoltrona encantada, con sus gin-tonics a precio de oro, rodeados de palmeritas disfrutando de las noches de verano. Y si se tuercen, poco importa: en vez de jersey por los hombros nos ponemos el polar en agosto para salvar el orbayo y tan panchos. Pa gallos, nosotros: Ibiza está ahí. Y si no, al tiempo
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