Nos siguen cayendo tantos castañazos que todavía no sabemos por dónde nos vienen. El tema estrella, el del día: las hipotecas.
Empiezan a definirse las piedras de toque de la política rubalcabista (qué mal suena, pero vayan acostumbrándose) y una de ellas, que desprende su aroma desde el Consejo de Ministros de ayer, es elevar el porcentaje inembargable del sueldo para que, en caso de impago, el hipotecado en cuestión no se quede en la calle.
Esto ya ha sido motivo de polémica, por el eterno debate de si la culpa de un desalojo o cancelación anticipada de la hipoteca por impago la tiene el banquero usurero o el imprudente hipotecado.
Sea cual sea la respuesta, el hecho es que el porcentaje inembargable del sueldo parece una buena opción. Claro que se intuye que todos aquellos que no puedan hacer frente a los pagos responden, más bien al perfil del parado o empleado con el salario mínimo interprofesional. Ergo, ¿qué clase de porcentaje del sueldo puede ser inembargable para que puedas seguir viviendo a pesar del impago de la hipoteca? ¿50%? ¿Eso significa 300 euros al mes de sueldo?
Quizás la solución sea más vistosa que eficaz. Quizás lo que hace falta es decirlo de una vez por todas: aquí, por liar, la liamos todos. Unos por conceder hipotecas de riesgo criminal y otros por asumirlas sin tener la información suficiente. Primera necesidad: transparencia por parte de quien las concede y sentido común por parte de quien las contrata. Segunda necesidad: convencerse, de una vez por todas, de que aunque vuelvan las vacas gordas la fiesta acabó hace tiempo. Déjense de porcentajes y de boquerones en vinagre.
