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Bah

  1. Los cinco puntos de la conferencia de paz (Adiós, ETA, adiós vol. II)

    Lo escribí el Lunes 17 de octubre de 2011

    Ha ocurrido. Hoy ha tenido lugar en San Sebastián ese encuentro sobre el que hablaba en la entrada de esta mañana.

    De él ha salido un texto de dos folios. En el primero, los firmantes subrayan su buena fe y su nula intención de imponer nada a la ciudadanía y a los «actores implicados». El segundo folio recoge cinco puntos, que cito y comento a continuación:

    1.- Llamamos a ETA a hacer una declaración pública de cese definitivo de la actividad armada, y solicitar diálogo con los gobiernos de España y Francia para tratar exclusivamente las consecuencias del conflicto.

    No existe conflicto alguno. El único conflicto es que ETA, con su ideario en la mano, se ha dedicado a matar para imponerlo. Partiendo de este punto, es intolerable; el diálogo queda, pues, descartado como opción. Dialogar es hablar, hablar es (en este contexto) negociar.

    2.- Si dicha declaración fuese realizada instamos a los gobiernos de España y Francia a darle la bienvenida y aceptar iniciar conversaciones para tratar exclusivamente las consecuencias del conflicto.

    Empiezo a mosquearme con el término. ¿Cuáles son las consecuencias del conflicto? Francia y España ya hicieron bastante empezando a hablar entre ellas. Para eso, hizo falta superar algo tan turbio como el GAL y años de incomunicación en cuestiones antiterroristas. Lo que ahora sobra es una comunicación bilateral o triangular, automáticamente viciada por el interlocutor etarra. Amén de lo antes expuesto: con esta gente no se habla.

    3.- Instamos a que se adopten pasos profundos para avanzar en la reconciliación, reconocer, compensar y asistir a todas las víctimas, reconocer el dolor causado y ayudar a sanar las heridas personales y sociales.

    Los pasos no se adoptan, se dan. Dar es, por otro lado, un verbo transitivo: X da pasos. ¿Quién es X? ETA, supongo. Pero este punto tampoco lo aclara: ¿quiénes son las víctimas, pues? La reconciliación es necesaria, pero no se decide. Esa sí que se adopta, sin necesidad de proclamarla de antemano.

    4.- En nuestra experiencia de resolver conflictos hay a menudo otras cuestiones que si son tratadas pueden ayudar a alcanzar una paz duradera. Sugerimos que los actores no violentos y representantes políticos se reúnan y discutan cuestiones políticas así como otras relacionadas al respecto, con consulta a la ciudadanía, lo cual podría contribuir a una nueva era sin conflicto. En nuestra experiencia terceras partes observadoras o facilitadoras ayudan el diálogo. Aquí, el diálogo también podría ser asistido por facilitadores internacionales si así fuese decidido por las partes involucradas.

    Me he mareado con tanto eufemismo. El resumen es, entiendo: es necesario atender reivindicaciones políticas de las inmediaciones de ETA para contribuir a una paz duradera, según «su experiencia». Es sabido que el País Vasco se parece tanto a Sudáfrica o a Irlanda como un huevo o una castaña. Ergo, que se trate con cuidado este asunto. Por otra parte, entiendo que la mayor parte de esa carga política (que nadie malinterprete esta frase) de la que hablan ya está integrada en la política de Bildu, un sucedáneo abertzale lo suficientemente consistente como para satisfacer esta petición. Este punto, pues, sobra.

    5.- Estamos dispuestos a organizar un comité de seguimiento de estas recomendaciones.

    ¿A 500 euros al día, señor Currin? ¿A dos millones la consulta, señor Annan? Disfruten de Donostia, y vuelvan a sus cálidos hogares. Gracias.


  2. Adiós, ETA, adiós

    Lo escribí el

    Desde teatrillo hasta farsa etarra, pasando por proceso de paz o foro para la resolución del conflicto vasco: todos los nombres se refieren a lo mismo. A lo que va a ocurrir hoy en San Sebastián entre las dos y las cinco de la tarde, una hora, por otro lado, muy poco ibérica para estos asuntos.

    Esteban González Pons, vicesecretario general del PP, ha dicho de los mediadores internacionales que organizan este encuentro que no tienen «ni puñetera idea» de lo que ocurre en el País Vasco. Y quizás tenga razón, y quizás él tampoco tenga ni puñetera idea. Quién sabe.

    Lo que sí es seguro es que de lo que aquí se habla es de un grupo de personas de autoridad conferida por la experiencia (?) sentadas alrededor de una mesa. ¿Se levantarán de esa mesa y ETA habrá dejado de existir a las cinco de la tarde, una hora menos en Canarias?

    Puede que este final simbólico y sin foto sea lo idóneo desde el punto de vista político pero, después de tantos contactos fallidos y de unas cuantas décadas de muertos, a nosotros, a los que nos enseñaron desde pequeños que poner bombas está mal, nos resulta cuando menos inquietante el buenrollismo que destila esta negociación (nótese el término: negociación).

    Parece (o así lo entiendo yo) que ETA se ha quedado en los huesos y que rozamos su final con los dedos. Que con acercar los presos y, quizás, un par de concesiones de buena fe le ponemos punto y final. Este es el empujón que falta, ahora sí que sí, parecen decirnos.

    Ese posible punto y final, ese simbolismo sin foto, no es más que una declaración de intenciones por parte de unos terroristas. ¿Por qué hay que firmar nada certificando que vas a dejar de matar?

    ¿Conflicto? ¿Qué conflicto? Aquí no se debate la legitimidad de lo que piden unos y otros. No, para eso están los partidos políticos. Aquí lo único en lo que todos estamos de acuerdo (porque estamos de acuerdo, ¿no?) es en que no se puede matar. Y para llegar a esta conclusión no hace falta, en efecto, ningún mediador internacional.


  3. Domingos electorales XIV: Política moral

    Lo escribí el Domingo 16 de octubre de 2011

    Hace un rato he abierto la edición digital de El País, y he topado con un titular que reza: «Rubalcaba no amenaza la mayoría absoluta del PP a un mes de las elecciones».

    Llevo toda la semana dándole vueltas a algunos de los términos más repetidos en lo poco que llevamos de campaña electoral: recortes sociales, ajuste, deuda. Todos con su carga, positiva o negativa, como cartas desgastadas de un juego de rol.

    Igual que ayer decenas de miles, o cientos de miles, o un puñado de desharrapados –según la fuente consultada– salieron a reclamar un presunto cambio global, hace tiempo que en nuestra forma de hacer política se instaló la moral. El primer paso es definir lo bueno y lo malo; el segundo, enmarcar a los demás (y a uno mismo) en el plato más conveniente.

    Por ejemplo: los recortes sociales son malos. Verdad instalada. Ahora, PSOE y PP se limitan a tratar de convencernos (he aquí lo alucinante) de que no son ellos, sino el contrario, los que los están realizando. Porque no sabemos qué son los recortes sociales, a qué partidas presupuestarias afectan o de qué forma nos llegan directamente a los ciudadanos.

    Del mismo modo, el espíritu horizontal o transversal de los propios indigandos que ayer salieron a la calle se ve ahora amenazado por su propia naturaleza: basta con que uno apunte un rasgo, una influencia para que salgan dos o tres diciendo que eso no lo han dicho ellos, que eso es cosa de un portavoz al que nadie ha nombrado.

    Entre tanto, se les ve compararse con osadía y una escalofriante inocencia con las revueltas árabes, con un descontento presuntamente sano y necesario del que no pocos dudamos.

    El momento en el que la banca, la clase política y una ristra más de tópicos se convirtieron en los malos de la película; el momento (este) en el que una moral nueva empieza a instalarse es el momento en el que nadie cambiará. Nada cambiará: en Asturias, los candidatos al Congreso y al Senado son de sobra conocidos por cualquiera que conozca esta región. En Madrid, después de que Alberto Ruiz Gallardón haya saltado a las listas del Congreso como número 4, la próxima alcaldesa será Ana Botella, marcándose un hillaryclinton en toda regla.

    No hay buenos ni malos, por cómodo que nos resulte. Ni la clase política, ni la banca ni todas esas etiquetas de baratillo esconden el dragón al que capturar. Al final, por fin, toca el retorno a los orígenes, a la política que cada cual hace, individual y responsablemente, entre las cuatro paredes de su inteligencia. Sin portavoces, sin movimientos, sin ataduras ni pretensiones egoístas.

    Si vamos a hacer política moral, que parece ser lo que procede, hagámosla bien.


  4. Domingos electorales XIII: El profesional

    Lo escribí el Domingo 9 de octubre de 2011

    Hace un tiempo se levantó cierto debate, en Asturias, sobre la dedicación profesional o no de los políticos a sus cargos. Sobre si quien se encuentra en un puesto público de servicio a la sociedad puede o debe seguir siendo un profesional en su campo.

    En concreto, en lo tocante a la alcaldesa de Gijón, cirujana, el follón ha sido estupendo, hasta el punto de que el PSOE, en la oposición, ya empieza a llenarse la boca con amenazas legales. Una manera, como cualquier otra, de hacer oposición.

    Deban ser los políticos profesionales o no, sí parece evidente que alguien debe serlo por ellos. Si no conocen bien la Administración y todas las materias con las que tendrán que lidiar desde la perspectiva dura, ardua del BOE serán incapaces de gobernar. Una vez que esa «profesionalidad» esté satisfecha, se ocuparán de rellenarla con sus ideas. (Por eso, porque las ideas vienen después, la vacuidad siempre es una opción. Pero ese es otro asunto.)

    Ahora bien, ¿cuál es nuestro candidato más profesional?

    Es difícil saberlo. Todos tienen experiencia de Gobierno, saben en qué terreno se mueven. Pero si nos fijamos en su manera de hacer campaña, que responde a las viejas, clásicas e ineludibles formas, se trata más de una sabiduría de oficio que de estudio. De perro viejo, de maestro artero: antes se busca la trampa que la inocencia.

    Pienso en todo esto después de que esta semana saltara la noticia de que José Blanco había recibido comisiones de un empresario gallego por una trama ilegal de cobros de subvenciones. Pienso en el empresario, Jorge Dorribo, sentado en el banquillo de los acusados y disparando a ciegas contra todo lo que se mueve, sea un lindo gatito o un ministro de Fomento.

    Finalmente, veo la reacción rápida de Blanco, del PSOE, del Gobierno a la contra, y a una. Blanco es honrado, Blanco no tiene nada que ver, Blanco es el mejor.

    Sea cierta o no la implicación del ministro, sí lo es, desde luego, que cuando por un motivo u otro empiezan a escrutarse las cuentas de nuestros altos cargos, todos tienen participaciones en sociedades, un patrimonio nada desdeñable y toda una serie de fondos cuyo origen resulta, cuando menos, llamativo al profano.

    No hay nada de ilegal en ello. Ni siquiera de reprochable, supongo. Pero al final se produce una rueda recurrente: un conjunto de relaciones, de maneras de estar, de gestiones que siempre remiten a lo mismo. «Este», decimos al verle pasar, «es político».

    El político es lo que es. Es un profesional. Nos hemos librado de algunos tópicos, pero otros perduran: cuando un concejal es detenido por corrupción sale a la luz, impepinablemente, una foto suya con la copa en alto, la servilleta al cuello y una mariscada de 200 euros por cabeza delante.

    Como en cualquier profesión, esta también tiene sus cánceres, sus virtudes y sus rasgos propios, que para nadie terminan de estar del todo claros.

    Por eso conviene no cometer el error de meterlos a todos en el mismo saco. Por eso es mejor ir un poco más allá de lo bien o lo mal que lo están haciendo en la arena política (A Rajoy le llaman guapo, escribe hoy Curri Valenzuela en ABC) y mirar qué hay detrás. Si nos atrevemos.


  5. Domingos electorales XII: No, tú más

    Lo escribí el Domingo 2 de octubre de 2011

    Sí, ya estamos en camapaña electoral.

    Llevo toda la semana dándole vueltas a una pregunta: ¿Qué tienen PP y PSOE para que sigamos acudiendo a ellos? Es como si en toda la ciudad no hubiera otro bar abierto que ese en el que ponen los vasos sucios y la cerveza caliente, o aquel en el que el pescado siempre está nadando en aceite. Pero oye, el dueño es muy majo.

    La pregunta me persigue desde que, hace unos días, en sendos periódicos de ambos lados de la trinchera leí un titular prácticamente calcado, pero con el nombre del partido cambiado. En efecto, esta semana la agenda política venía cargadita de recortes: de los de la sanidad, los de la educación, los de las prestaciones sociales…

    El proceso ha sido el siguiente: Rajoy y Rubalcaba han pasado la semana afanándose en explicar dónde va a recortar el enemigo, si no dónde lo ha hecho ya alguna de sus ramas autonómicas. Con todo, el aburrido espectador no puede hacer mucho más que comprarse una pizarrita, dividirla en dos e ir marcando con aspas el casillero de cada partido.

    Sobre todo porque, de ser verdad la mitad de la mitad de la mitad de lo que unos dicen de otros, y viceversa, este país puede darse por hundido en la legislatura entrante. Salga quien salga elegido.

    En lo tocante a propuestas, aún andamos algo escasos hasta que los equipos hayan terminado de configurar los programas (que espero con ansia). Me divierte, en este sentido, imaginarme entrando en una tienda de electrodomésticos a por una lavadora, y al vendedor, entonces, con su traje impecable, explicándome que el aparato en cuestión prevé un conjunto de sistemas orientados al ahorro energético, una estrategia a medio plazo destinada a introducir mejoras en la pulcritud  de mis camisas y un plan estable para combatir la suciedad. Es decir, lo que haría cualquier lavadora.

    Esta vacuidad se ha instalado, como un manto denso y cenagoso, sobre la cuestión etarra, que ha ocupado un puesto fijo en estos domingos electorales desde hace semanas y que sigue avanzando, pasito a pasito, hacia un fin de la banda terrorista aparentemente cosmético pero, esperemos, final. Si hay tiempo de hacerlo, habrá de ser ahora: el caramelo es demasiado apetitoso como para comérselo justo después de las elecciones, en mitad de la tormenta económica y presupuestaria que se avecina a finales de año.