RSS Feed

Bah

  1. De Sorel a Pijoaparte (una cita)

    Lo escribí el Viernes 8 de octubre de 2010

    Se rieron. Teresa se echó para atrás en la silla, miró al muchacho durante un rato y luego dijo, descarada, con voz irónica:

    –Presiento que el día menos pensado haré una barbaridad. Conozco a más de una chica de la facultad que ya la habría hecho… ¿Nunca te han dicho que las universitarias somos muy putas? –Una extraña alegría corría ahora por sus venas, y pensó oscuramente que no dejaba de ser gracioso lo que le pasaba, pues apenas había bebido; pero sin duda una cosa era beber con Luis Trías y otra con un obrero como éste, empezaba a darse cuenta–. ¿Eh? ¿Nunca te lo han dicho? Pues ahora ya lo sabes… –Se echó a reír, cambió de tono–. Bueno, no te ruborices. Hablo en broma.

    Qué poco me conoces, pensó él. El culo se me ruboriza a mí.

    [...]

    y por vez primera en la vida se sintió frágil, vulnerable y oscuramente sucio, vencido de antemano por aquella hermosa fuerza conjunta (automóvil-ricamuchacha-cha-cha) que le lanzaba a través de la noche a velocidades de vértigo.

    Juan Marsé, Últimas tardes con Teresa


  2. Anatomía de un instante

    Lo escribí el

    Anatomía de un instante

    Javier Cercas

    Barcelona: Mondadori, 2009

    463 páginas

    Lo mejor de esta no-novela son sus 70 páginas finales; es más, no es que sea lo mejor, sino lo que da sentido a las anteriores y concluye un volumen de calidad, un libro recomendable. Pero se salva por los pelos: «Excepcional cruce de géneros narrativos», afirma Javier Pradera en una de las loas que recubren la cubierta de esta edición: ese es, precisamente, el núcleo de la tensión principal de este libro, la que desconcierta al lector de principio a fin.

    Cercas se descubre en la introducción: resulta que Anatomía de un instante no es una novela pero tampoco es un ensayo pero tampoco es una investigación periodística, ni siquiera es un libro de Historia. La excusa perfecta: es todo a la vez: cuando parece que viene una andanada de datos sobre el 23-F, de pronto el autor llama «chisgarabís», «arribista» o «gallito de provincias» a Suárez, por ejemplo. Junto a los datos, conclusiones personales más o menos justificadas que le restan fuerza y empaque al mensaje; junto a una estructura cuidada, una dosis de literatura que dinamita toda posibilidad de una lectura fragmentada.

    Todo esto no significa que no se lea de un tirón, que no enganche, pero a costa de cabrear al lector absorto con las casi 100 páginas que le sobran: una de las técnicas preferidas de Cercas es repetir sintagmas concretos hasta la tortura (el «gobierno de coalición o concentración o unidad»); además, si puede, de escribir párrafos de páginas y páginas y páginas sin un mísero punto; incluso procura extender las oraciones y yuxtaponerlas y evitar puntuarlas o cortarlas o interrumpirlas en determinados momentos y así confundirnos por completo y obligarnos a leer una y otra y otra vez tres líneas que no entendemos en absoluto.

    No obstante, la experiencia le permite manejar un vocabulario rico y expresarse con bastante más claridad que otros autores de este tipo de libros; y no cabe duda de que su discurso, por leído y documentado, tiene cierto peso. Pero de nuevo, el cruce de géneros hace zozobrar el texto: da la impresión, en la exposición de los hechos, de que Cercas no puede resistir la tentación de presentarnos sus conclusiones personales, las impresiones que le ha dejado el larguísimo proceso al que se sometió para escribir Anatomía de un instante: por eso digo que las últimas 70 páginas (las conclusiones) son las más lúcidas de todo el libro.

    Es un texto, por otra parte, ensimismado y obsesivo: esto inyecta relevancia al plano extratextual, al autor frente a un episodio decisivo de la historia de España; al mismo tiempo, y como señalaba anteriormente: si quería hacernos saber su opinión ¿no podría confesarlo desde un primer momento? ¿Por qué no hay un editor que le pare los pies cuando afloran los sentimientos?

    Un libro raro, extraño y cargado de altibajos: de los que enfadan pero atrapan; de los que exudan irrelevancia pero acaban por ser inolvidables. Eso sí: ante todo, una buena forma de asomarse a un cuasi cataclismo político.


  3. Revolution-tweeting people

    Lo escribí el Jueves 7 de octubre de 2010

    Malcolm Gladwell es uno de los colaboradores de The New Yorker que menos me gusta –es decir, me encanta–, pero en el número de este lunes publicó un artículo que devoré y disfruté mucho sobre Twitter y los movimientos sociales.

    La idea más interesante del texto tiene que ver con la noción de revolución, con la que tantos gurús de los social media se llenan la boca: hasta una aplicación que te indique dónde hay una cafetería cerca es revolucionaria hoy en día. Lo que Gladwell sostiene es que un movimiento social como el de, como él mismo ejemplifica, la igualdad racial en los años 60 no puede producirse mediante redes sociales, por mucho que se diga lo contrario. Y esto se debe a que carece de organización: describe la escena de un grupo de estudiantes negros quedándose sentados en una cafetería sin ser atendidos; ¿por qué triunfaron en su reivindicación? Porque estaban unidos y sabían lo que hacían y cómo hacerlo. Con que uno solo hubiera respondido a una de las muchas provocaciones a las que fueron sometidos, se hubiera fastidiado el invento. (más…)


  4. Granta con Casciari

    Lo escribí el Miércoles 6 de octubre de 2010

    Me ha salido un nombre de cóctel sin comerlo ni beberlo. Sí, me refiero a las dos noticias literarias de la semana (pasada) que siguen expandiéndose y cebando la Red de redes con comentarios, apoyos, y polémicas.

    Como bien apuntaba cierto bloguero bílico, Ignacio Echevarría, la  lista Granta es una patochada en tanto en cuanto abarca un área territorial demasiado vasta y, probablemente, los autores reconocidos son aquellos que ya contaban con alguna visibilidad. También dice que su valor depende de lo que hablemos de ella; y sí, realiza estas observaciones en una entrada aproximadamente el doble de larga que cualquiera de este blog. Síndrome Calamaro, lo llamo yo.

    Uno de los ganadores, el ingenioso hidalgo Alberto Olmos, también ha comentado la jugada en su blog, igualmente aquejado, imagino que por el entusiasmo, de una pluma liviana que vuela en libertad. Básicamente cuenta cómo recibió el premio, cómo se sintió y algunas cosas más –como era de suponer–.

    Me atrevería a decir que Echevarría, a pesar de lo atinado de sus comentarios, alberga cierto resquemor hacia la lista, o hacia el jurado, o se levantó enfadado con el mundo ese día. Extracto del primer párrafo:

    revista –Granta– cuyo prestigio e influencia, en el ámbito anglosajón, han menguado sensiblemente en la última década, y cuyos intentos de implantación en España se han saldado hasta el momento con un discreto fracaso.

    Eso es empezar un artículo con entusiasmo y lo demás, tonterías. Olmos, por su lado, utiliza con sabiduría la tecla pero, inexplicablemente, estima oportuno o gracioso o curioso contarnos cómo vivió la recepción del premio. Es más, no lo hace con el entusiasmo irrefrenable del alma joven que necesita soltarlo, sino con una pretensión irónicamente autobiográfica para la que, creo, es aún joven. Así todo, resulta que es importante que aclare todo lo que aclara, y que cuente todo lo que cuenta, a la luz de la inundación de textos que están apareciendo en Internet desde la publicación de la lista: opino que hoy, martes, el 90% de los españoles no sería capaz de recitar de memoria más de cinco de los nombres de la lista, pero ese 10% que vive en editoriales independientes e inmersión literaria equipara este anuncio a, no sé, ¿unas primarias?

    Pasando al Casciari, me gustaría retomar la idea de la extensión. La verborrea que les (y a mí también me) aqueja ha encontrado un adalid en Hernán Casciari, que en esta extensisíma entrada en su blog, Renuncio, explica por qué abandona su columna en El País y en La Nación en sus ediciones en papel. También recomiendo la lectura de los 600 y muchos comentarios de apoyo.

    Lo más relevante es lo de El País: por culpa de la publicidad galopante, le han recortado la cantidad de texto de 400 a 240 palabras, y eso le molesta porque no le parece suficiente espacio para escribir –de nuevo, el síndrome Calamaro–. Mantiene, sin embargo, su blog.

    Ahora bien, yo digo: en primer lugar, ¿cómo puede mantenerse a flote un periódico si no metiendo publicidad y quitando páginas con la que está cayendo?; y, en segundo lugar, opino: ¿acaso un buen escritor no debe ser capaz de comprimir sus ideas en 50 palabras si es necesario? Ahí dejo las preguntas.

    Se va a embarcar en una revista bien editada, bien producida en la que los autores puedan investigar y reflexionar lo que les pida el cuerpo y el intelecto. Y sus lectores le animan, le apoyan y esperan ansiosos la publicación trimestral… Pero insisto: ¿de verdad es buena idea dejar a alguien escribir lo que le apetezca sin limitaciones? Es decir, uno puede enrollarse hasta el infinito si le viene en gana, pero vistos los soporíferos discursos de proporciones soviéticas que más de uno nos ha calzado, quizás entrenarse en el noble arte de la concreción y la simplificación anglosajonas no nos vendría mal.


  5. No, hombre, no

    Lo escribí el Lunes 4 de octubre de 2010

    Las primarias del PSM de ayer fueron mucho más jugosas de lo que esperaba. No jugosas por el resultado en sí, ni por las llamadas (seguramente) dignas de estudio que debieron de volar de despacho en despacho a lo largo de la jornada, sino por las imágenes que quedaron.

    Para empezar, imagino la cara de Zapatero por la tarde. Por la mañana, supongo que como buen presidente hojearía la prensa y descubriría que cada columnista –sólo faltaban los de cultura, y alguno se animaría, digo– le daba cera en todos y cada uno de los periódicos nacionales. Entre la huelga y los presupuestos, todos los que llevaban cogiendo impulso desde el miércoles liberaron el tirachinas en una única dirección. Pues eso: lo imagino en zapatillas, cenando frente al televisor con una bandeja, y viendo a su candidata comparecer para felicitar a Tomás Gómez; luego, acudiría hasta el ordenador presidencial para encontrar titulares como el de El País, anunciando la victoria de TG sobre ZP.

    Segunda imagen: nuestra ministra de Sanidad con la mirada descompuesta, tratando de contener las lágrimas. No sé si 30 segundos antes la llamaría alguien de su familia para abroncarla por el fracaso, pero me resulta poco tranquilizador ver a un alto cargo del Gobierno al borde de la lágrima doce horas antes de entrar en su despacho a salvarnos de los múltiples demonios que nos acechan; es más, me resulta poco tranquilizador ver a un alto cargo al borde de la lágrima mientras dice que está contenta porque ha ganado la democracia. Claro.

    Tercera imagen: los militantes del PSOE, convertidos en hinchas del Galatasaray durante la foto TG-TJ coreando “DEMOCRA-CIA, DEMOCRA-CIA”. Debemos de estar todos locos.

    Cuarta imagen: Tomás Gómez, según El Mundo, pasando de cogerle el teléfono a Esperanza Aguirre. En Parla no nos andamos con chiquitas, señora.

    Quinta imagen: Quinta, justamente, por Telecinco haciendo sangre y recuperando del archivo declaraciones de Zapatero reconociendo su preferencia por Trini, o del ministro Sebastián haciendo lo propio. A tenor de las palabras de este último, el PP gobernará Madrid otros cuatro años, visto que Trini era la que podía ganar las elecciones.

    Sexta imagen: Fermín Bouza, en su blog El voto con botas, diciendo que Tomás Gómez ha sido elegido por los militantes del PSOE, pero no por los votantes del partido, que nunca lo hubieran hecho. La culpa, por cierto, es de ese golem conocido como “la derecha”, y de su estrategia mediática de apoyo al de Parla. Ahí queda eso.

    A modo de epílogo, me gustaría hacerme eco de esta noticia que leo hoy en ABC: que el payaso Tiririca, presentador de televisión y eso, vaya, un payaso, ha obtenido un millón de votos en Brasil, que le dan derecho a un escaño en el Congreso. El susodicho ha afirmado, durante la campaña: “¿Que qué hace un diputado federal?. La verdad, no tengo ni idea, pero vote por mí y se lo cuento.” Fíjenese, que estaba yo acordándome de aquel vídeo de las “Señoras que apoyan a Trinidad Jiménez”, el de “Es que es encantadora”…

    Así todo, y dramas y bromas aparte, me alegra que en el PSOE hayan logrado romper la barrera de las primarias. Ahora sólo falta montarlas mejor –no es muy elegante que un presidente se pronuncie– y controlarlas –para que no acaben a hachazos entre sí–. De esta forma, y con un poco de suerte, el político empezará a tener un poco de miedo (real) a campar a sus anchas.