Hoy ha tenido lugar la entrada oficial en el Máster, con nuestro director técnico, Alfonso Armada, mentando a David Remnick, director de The New Yorker, y a ese concepto de excelencia que aquí (conste que ayer decía «allí») perseguimos. Con él han coincidido tanto Bieito Rubido, nuevo director de ABC, y María Jesús Casals, cara catedrática del Máster.
En fin, así y todo, me gustaría quedarme con el primer «flash» que nos ha plantado, a bocajarro, Fernando García de Cortázar, eminente historiador responsable de varias Terceras del vetusto diario y de la lección inaugural de hoy. Nos contó la historia de cierto mandarín que adiestraba a sus alumnos en la caza de dragones, hasta que una muchacha le preguntó para qué serviría aprender semejante cosa, si los dragones no existían: «Pues para que vosotros montéis vuestra propia escuela de dragones y enseñéis a otros».
Este mal, el de la trampa mortal del bucle académico que azota la Historia, no debe contagiarse al periodismo. Y la sonrisa que se me escapó en aquel momento inesperado vino motivada, especialmente, porque ese bucle, en fase germinal, fue el que padecí durante los cuatro años de Traducción e Interpretación. Claro que hubo grandes momentos y grandes personas, pero eran sólo escuálidas truchas asomándose en un río bastante proceloso.
En fin, sólo el poder de la imagen que evoca el título de esta entrada ya servirá para formarse una idea de los tintes heroicos con los que hoy empezamos a asumir la tarea que nos espera: unas cañas, extendidas hasta el filo de las seis y media de la tarde, nos han servido para pasar de la conversación frívola y contenida por la presencia cercana de un profesor a un encendido debate sobre el sistema electoral español. Quienes estábamos en aquella terraza (siete alumnos), sorbimos alucinados y silenciosos dándonos cuenta, repentinamente, de por qué estamos donde estamos: porque somos unos locos con tendencias discretamente osadas.
Otra buena (primera) impresión, otro bocado –¡qué rico lomo ponen en los actos de ABC!– con el que empezar a asumir que el baño con hidromasaje, gran protagonista del Máster, no es lo mejor que nos espera.

