Me he levantado esta mañana y el cielo no parecía más azul; el café sabía igual y, por lo pronto, el mundo no se ha acabado. Pero teníamos un nuevo ganador de las elecciones generales y próximo presidente de este país; y teníamos un nuevo candidato vencido, sobre el que ahora cae el peso de la derrota. El insoportable peso de la derrota.
Lo que anoche quedó claro fue que el PP ganó las elecciones de calle y que la oposición sufrió el mayor castigo, que es no solo perderlas, sino desintegrarse en un montón de partidos cuyas reuniones, creo, serán como un grupo de niños jugando juntos solo porque tienen la misma edad.
Como ciudadano, no me interesa hacia dónde va el PSOE ni, si nos ponemos pretenciosos, la social democracia europea. Tampoco me interesa qué PP tenemos delante, si Rajoy lee menos o si lee mejor los papeles en público.
Me interesa, solo, que una vez más nos quedamos en que ahora «le toca a la derecha» y que luego «le tocará a la izquierda». Esa terminología venenosa, cansina y adaptada al gusto de esos señores que leen con suficiencia The Economist una vez al año solo nos ha permitido enrocarnos en un sistema poco exigente y polarizado.
Supongo que el contrapunto a esto son esos mini partidos que han sacado mil votos o, en su defecto, quienes han acampado en una plaza para pedir un cambio. En fin, me quedo con que ayer en Sol había más periodistas y policías que manifestantes: la revolución se acabó. Pongámonos serios porque toca vigilar, criticar, proponer, fiscalizar y comprender lo que va a hacer este nuevo gobierno. Sin cacerolas, mejor.
Dicho todo lo cual, si diez millones de personas han votado a Mariano Rajoy y este sigue siendo –al menos de momento– el sistema electoral que nos rige, es nuestro nuevo presidente. Cuanto antes lo asuma quien sienta asco; y cuanto antes olvide la euforia y el revanchismo quien lo celebre por todo lo alto, antes podremos empezar a ver cambios.
Yo me he levantado esta mañana y el cielo no era más azul, y el café seguía sabiendo igual. El mundo, parece, no se había acabado.
