Es muy probable que la caída en desgracia (presupuestaria, política, municipal) de la Semana Negra en lo que al nuevo ejecutivo gijonés respecta comenzara con el primer ultimátum de Paco Ignacio Taibo II, su director. No hay nada peor que buscarle las cosquillas en público a un político.
Es el síndrome del ultimátum, un virus que con el cambio de Gobierno se ha extendido como setas por la región y que también ha tocado al Centro Niemeyer de Avilés.
El consejero de Cultura de esta nuestra Asturias, Emilio Marcos Vallaure, es un señor, digamos, decidido en la forma de presentar sus planteamientos: en su comparecencia ante la Junta General del Principado de Asturias dijo, en referencia al modelo del Niemeyer:
Aflora una ideología de forzada modernidad, que se queda a medio camino entre la ambición frustrada y una perspectiva original pervertida por su alejamiento de la cultura.
Todo un charco de gasolina en el que solo hacía falta una cerilla. Esa cerilla se llama Natalio Grueso y dirige, dirigía, dirigiría o dirigiera el Centro Niemeyer:
El cierre del Centro Niemeyer a finales de la próxima semana es un símbolo de la derrota de la sociedad civil y de la ciudadanía frente a la política, o quizás sea más preciso decir frente a determinada forma de hacer política, esa basada en la destrucción y la venganza despreciando el bien común.
Tampoco es cuestión de aburrir con las dagas que vuelan de un lado a otro. Resultado: el Niemeyer está cerrado. De su futuro poco se sabe, aunque los pronósticos no son de lo más halagüeño. Aquí la polémica está en la calle, pero, como ocurre de vez en cuando y para desgracia de quienes queremos que este asunto se resuelva rápida y velozmente, la prensa nacional ya ha entrado como un elefante en una cacharrería.
En octubre, fue esta sonrojante información, por llamarla algo, de La Sexta:
Y este lunes, ha sido El País el que ha permitido a Borja Hermoso escribir este reportaje, o editorial. Extracto algunas perlas:
Todo es dinero, la política también; todo es política, la cultura también. Con el primero de por medio, la tercera suele pasarlo fatal en las fauces de la segunda.
[...]
Álvarez-Cascos y su apisonador Foro Asturias, armados hasta los dientes con el ferozmente demagógico aunque eficaz argumento de que, en tiempos de crisis, hay que recortar en cultura, llevan seis meses enfrentados a los gestores de la Fundación del Centro Niemeyer.
Kevin Spacey ha defendido el Niemeyer, y ha brindado en Avilés el lujo de su Ricardo III. Y lo defienda Spacey o el Papa, el caso es que en un sitio como ese nada malo puede ocurrir. En un espacio reservado a la Cultura o a la cultura, elíjase la mayúscula, el beneficio obtenido es irreprochable.
Pero ocurre que estos equipos solo se sostienen con dinero público, del que maneja la política, y ocurre que sus gestores y todas aquellas personas que orbitan en torno a su funcionamiento tienen que dividir su talento y su aptitud entre mantener una paz mínima y jugársela con la programación.
Igual que la Cultura, o la cultura, es un patrimonio irrenunciable y no siempre rentable económicamente, la entrada en este tipo de lizas no le hace ningún favor a nadie. Y, lo que es peor, no tiene vuelta atrás.

