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Enmiendas y culpas

  1. Yihadistas neonazis del Real Madrid

    Lo escribí el Viernes 23 de marzo de 2012

    Me ha salido un título bastante atractivo para ser totalmente falso. La realidad no supera a la ficción: una historia que aúne yihadismo, xenofobia, sangre y al Real Madrid no puede salir mal.

    Esta semana, en que hemos acabado siguiendo de cerca los pasos de la muerte hasta alcanzar a Mohamed Merah, hemos visto también cómo nuestros medios se iban tirando de piscina en piscina, como una foca graciosa, sin ni siquiera tocar lo seco: primero, Merah era un asesino xenófobo. Un neonazi.

    Luego se convirtió en un yihadista, cuando, ejem, se descubrió que se llamaba Mohamed y que aquello no encajaba con el perfil de neonazi. Pero a todo esto sin dar un paso atrás, sin rectificar o, como mucho, escurriendo el bulto hacia la prensa de los franceses que, seria o no seria, siempre sirve de pararrayos para un «se había manejado la hipótesis de». Total…

    Pues bien, por ir enganchando temas, y ya que vamos de asesinos que no son lo que resultan ser: ayer El País reabrió el 11M a lo grande y sin contemplaciones. José Yoldi explica, en su artículo, que dos periodistas de El Mundo presionaron a testigos protegidos para obtener la versión que querían, y llegaron a regalarles sendas camisetas del Real Madrid (!), según se recoge en una denuncia presentada ante la Audiencia Nacional.

    Pedro J. no ha tardado en reaccionar: a través de uno de los periodistas en cuestión, para ser exactos. Casimiro García Abadillo, vicedirector de su periódico, firma hoy un desmentido que empieza por lo importante: por las camisetas del Real Madrid. Y después sigue todo lo demás, con idas y venidas, con hierros y densidad, muy en la línea en la que se ha venido contando todo el 11M en casi todos los medios excepto en unos pocos, como ABC.

    Incluye el vicedirector de El Mundo, como aventurando la guerra mediática y navajera que se avecina, esta frase en referencia a las acusaciones de los testigos protegidos:

    No hay ninguna prueba de sus acusaciones, más que su testimonio.

    Así, claro, yo también puedo titular con yihadistas neonazis del Real Madrid. La realidad, si es que existe, no se revela más que con el tiempo.


  2. Caídas

    Lo escribí el Jueves 22 de marzo de 2012

    En Madrid cayó nieve y, en Toulouse, una pistola a cambio de un teléfono. La capital se maravillaba ayer con la nevada, blanca, y Francia permanecía encogida, con la mirada puesta en el bloque en el que se había atrincherado el ya celebérrimo Mohamed Merah. Un chico normal, uno que siempre saludaba y que ha matado a siete personas en poco más de una semana.

    Mientras que aún dura la incertidumbre sobre la resolución del asunto, sobre si Merah está vivo o no, más y más ojos se van posando sobre el pequeño barrio de Toulouse. «He puesto a Francia en jaque» y « Me apena no haber matado a más gente» son las dos sentencias, de tamaño titular, que han salido de la boca del atrincherado terrorista. O asesino. No sé cómo llamarlo.

    El caso es que mientras que ayer triscaba por la prensa francesa y por la española, descubrí que por estas fechas los dos tenemos nuestras propias efemérides nacionales. Ha dado tiempo a descubrir, entre que Merah se decide y que no, que si bien los españoles celebrábamos el domingo el bicentenario de La Pepa, los franceses andan medio inmersos en los cincuenta años de la guerra de Argel, que concluyó en julio de 1962.

    Nuestra conmemoración tiene un signo institucionalmente honroso, indudablemente orgulloso y, desde luego, imposible de usar como arma arrojadiza más que por el precio de esta o de aquella charanga de celebración. Aunque haya dado para reflexionar sobre lo que queda de 1812  –y descubrir que poco o nada– el caso es que el domingo aún pudimos reunirnos para, más o menos, celebrar algo histórico para nuestra nación en paz y armonía. O algo así.

    En el caso de los franceses, el episodio de los pieds noirs y los ocho años de enfrentamientos siguen siendo una herida abierta y lacerante, que supura con cada cumpleaños alguna injusticia pasada. Y que requiere, aún, de malabarismos para darle ese enfoque institucional que acalle los chillidos de fondo, las vergüenza, los errores que, para bien o para mal, hoy configuran parte de lo que es Francia.

    Merah pasó en pocas horas de ser un neonazi a ser un yihadista. Pocos hubo que no se tiraran a la piscina de la crispación religiosa, a este lado y al otro de los Pirineos, con la irresponsabilidad del momento: igual que cuando TVE anunció a bombo y platillo, en el mediodía de ayer, que le habían aprehendido, sin citar a la fuente que resultó estar mal informada. Sin añadir que no estaba confirmado.

    Es ese momento, son estas horas, las que transcurren fuera del encierro de un joven de 24 años, las que marcan el devenir del mañana: ya que estamos de resurrecciones, hoy el 11-M vuelve a las portadas, un 22 de marzo de 2012. Ya que estamos, todo sigue y seguirá volviendo para dar unos brochazos de realidad pasada. Está en nuestras manos ver cómo lo sacan, cómo acaba todo y qué color, en fin, adquiere el mañana.

    (Actualizo a las 11.42 horas: el Elíseo acaba de confirmar que Mohamed Merah ha muerto con las armas en la mano. Ahora empieza a espesarse la pintura que impregnará los próximos días. Tres agentes heridos.)


  3. El encantador de serpientes

    Lo escribí el Lunes 19 de marzo de 2012

    «Me duele menos la muerte de un etarra que la de un inocente»

    Felipe González

    Todo político tiene el superpoder, más o menos desarrollado, de encantar serpientes. En el sentido estricto de la expresión, es decir, devolviendo las pelotas que le lanza un periodista más o menos avezado y lidiando, además, con las cloacas de esa política que nunca llega a ser transparente para el gran público.

    Hay otro tipo de serpiente, la que vive enroscada a un hacha sobre fondo euskaldún, que está reservada a los políticos de determinadas zonas de España y de determinado nivel en la jerarquía de este país. Presidentes, ministros, etc.

    Felipe González fue uno de ellos, y ayer pasó por Salvados, con Jordi Évole, igual que en su día lo hizo por las manos de Juan José Millás, suaves estas como la piel de un niño; o por las de Iñaki Gabilondo, mucho más recio este. El caso es que sea frente a Évole, a Millás o a Gabilondo, así como frente a tantos y tantos y tantos otros, González siempre ha negado que hubiera tenido nada que ver con aquello de empuñar el hacha y descabezar la serpiente.

    A quienes nos ha espantado, y nos sigue espantando este asunto, y quienes hemos leído todo lo legible al respecto, sabemos que no dice la verdad. No hablamos de maquillar una respuesta sin llegar mentir; hablamos de la necesidad nerviosa de negarlo, de desviarse, de evitar hablar de aquel momento negrísimo en el que se organizó un cuerpo parapolicial, chapucero y bastante turbio para acabar con la vida de etarras.

    Nadie en su sano juicio se atrevería a afirmar sin pruebas –no indicios– que González estuvo detrás de aquella operación. Pero sí que estaba, o estuvo, al tanto de todos sus entresijos y que ahora los calla. Y que, por eso, afirmar anoche que nunca se le pasó por la cabeza acabar con la vida de etarras es, a todas luces, mentir. No puede vanagloriarse de haberse negado (y eso que, ha dicho, tuvo en su mano tomar la decisión) a matar personas para salvar a otras, de haber evitado el terrorismo de estado, mientras que lanza afirmaciones como la que encabeza este artículo.

    Esas bajezas son indignas para un ciudadano de a pie, pero no digamos ya para un ex presidente, un hombre de Estado con una responsabilidad pública e institucional. Un tipo, en fin, que demuestra con sus risitas por lo bajo lo que ya demostró cuando estaba en el Gobierno: que no tiene empacho en cruzar líneas rojas. Lo que desconocemos, aún, es cuáles.


  4. El Cristo de Krahe

    Lo escribí el Sábado 17 de marzo de 2012

    Ahora que tenemos fecha para el juicio contra Javier Krahe por el vídeo Cómo cocinar un Cristo, ahora que se está montando la marimorena, vamos a romper una lanza en favor de no seguir inundando los juzgados.

    En primer lugar, dudo mucho que, como leo en prensa, ejem, seria, le acusen de haber cometido un delito tipificado en el Artículo 521.1 del Código Penal. Más que nada porque dice:

    Artículo 521.

    En el delito de asociación ilícita, si el reo fuera autoridad, agente de ésta o funcionario público, se le impondrá, además de las penas señaladas, la de inhabilitación absoluta de diez a quince años.

    Pero corramos un tupido velo sobre el tema teletipos… El artículo bueno está un poco más abajo, y dice:

    Artículo 525.

    1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.

    2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.

    Aparte de la gracia que tiene el vídeo (que la tiene), el peligro absoluto que plantea este artículo del Código Penal es que no sirve para castigar un delito o falta fehacientes, sino la ofensa provocada. En términos jurídicos este es un barullo considerable (¿un lío de la virgen?) pero, a grandes rasgos, basta con que quien presente la denuncia demuestre que se ha sentido herido por determinadas actitudes.

    El juicio a Krahe, y la consiguiente polvareda en la que se refocila el famoso Instituto Jurídico Tomás Moro (que es quien le ha denunciado) sienta un precedente peligrosísimo. Porque si una chorrada como la de Krahe crea jurisprudencia, mañana mismo empezarán a llover denuncias por un lado y por otro, al mejor estilo Manos Limpias. Aunque no fructifiquen, ¡da igual! Hay mucho abuelete ocioso con conocimientos de Derecho.

    Y cuando llegue ese día, aburrido, peligroso, se desencadenará un peligro aún mayor: huracán de acusaciones de prevaricación por sobreseer tonterías como esta. ¿De verdad nos hacen algún tipo de favor?

    Dicho lo cual, añado que creo que va a salir inocente, porque no tenía intención de hacer escarnio y no le costará demostrarlo… Crucemos los dedos.


  5. La ciénaga

    Lo escribí el Martes 28 de febrero de 2012

    8,51 %. 8,51 %. Así de grande, persiguiéndonos hasta en nuestros peores sueños (valientes ojeras), es la cifra definitiva del déficit.

    No se salva nadie de la quema: ni herencias ni malas gestiones. Ni fity-fiftys ni nada. No hay excusa, solo la debacle detrás de una colección de excesos que aún no se ha detenido, ni se va a detener.

    En Asturias nos ha faltado poco para cuadruplicar el límite de déficit, motivo más que válido para tirarse excrementos de vaca (culona, o asturiana de los valles, eso sí) durante una temporada. Las soluciones luego. El 26 o 27 de marzo.

    –Buenos días, presidente –saluda el presentador a un sonriente Griñán, esta mañana.

    Se embadurnan en una cordial conversación sobre el día de Andalucía (que es hoy) y, después, se despiden.

    El presentador dice a sus tertulianos: «Bueno, y ¿qué opináis, por cierto, de las encuestas que dan la mayoría absoluta al PP en las andaluzas del 25 de marzo?»

    Pero Griñán ya ha colgado. Ya da igual, porque a estas horas el Gobierno espera que la Unión Europea suavice antes del viernes el objetivo de déficit para este año.

    Ya da igual porque, total, los números no son más que eso: argumentos remojados, pelotas de papel húmedo que emplear como arma arrojadiza mientras que nos hundimos (o no) y buscamos la manera adecuada (o no) de que las tablas preñadas de manchitas rojas se vuelvan verdes, y tener así la opción de devolver la pelota al tejado del vecino.

    Seguimos empeñados en buscar el culpable en el lodazal, en enmarañarnos en debates estériles para salvar una economía cuyo funcionamiento ni siquiera somos capaces de vislumbrar. ¿El resultado? El resultado, en el fondo, nos da igual. Hemos venido a emborracharnos. A seguir nadando en la ciénaga.