Me ha salido un título bastante atractivo para ser totalmente falso. La realidad no supera a la ficción: una historia que aúne yihadismo, xenofobia, sangre y al Real Madrid no puede salir mal.
Esta semana, en que hemos acabado siguiendo de cerca los pasos de la muerte hasta alcanzar a Mohamed Merah, hemos visto también cómo nuestros medios se iban tirando de piscina en piscina, como una foca graciosa, sin ni siquiera tocar lo seco: primero, Merah era un asesino xenófobo. Un neonazi.
Luego se convirtió en un yihadista, cuando, ejem, se descubrió que se llamaba Mohamed y que aquello no encajaba con el perfil de neonazi. Pero a todo esto sin dar un paso atrás, sin rectificar o, como mucho, escurriendo el bulto hacia la prensa de los franceses que, seria o no seria, siempre sirve de pararrayos para un «se había manejado la hipótesis de». Total…
Pues bien, por ir enganchando temas, y ya que vamos de asesinos que no son lo que resultan ser: ayer El País reabrió el 11M a lo grande y sin contemplaciones. José Yoldi explica, en su artículo, que dos periodistas de El Mundo presionaron a testigos protegidos para obtener la versión que querían, y llegaron a regalarles sendas camisetas del Real Madrid (!), según se recoge en una denuncia presentada ante la Audiencia Nacional.
Pedro J. no ha tardado en reaccionar: a través de uno de los periodistas en cuestión, para ser exactos. Casimiro García Abadillo, vicedirector de su periódico, firma hoy un desmentido que empieza por lo importante: por las camisetas del Real Madrid. Y después sigue todo lo demás, con idas y venidas, con hierros y densidad, muy en la línea en la que se ha venido contando todo el 11M en casi todos los medios excepto en unos pocos, como ABC.
Incluye el vicedirector de El Mundo, como aventurando la guerra mediática y navajera que se avecina, esta frase en referencia a las acusaciones de los testigos protegidos:
No hay ninguna prueba de sus acusaciones, más que su testimonio.
Así, claro, yo también puedo titular con yihadistas neonazis del Real Madrid. La realidad, si es que existe, no se revela más que con el tiempo.