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a febrero 22nd, 2012

  1. ¿Y si?

    Lo escribí el Miércoles 22 de febrero de 2012

    Cuando Urdangarín te agota, Valencia te espanta, el Gobierno te aburre y el fútbol espera, en capilla, a la goleada que este fin de semana le va a meter el Sporting al Racing, es un buen momento para acudir a la ficción.

    Hoja en blanco, de un blanco total. ¿Ahora qué?

    Un buen amigo me dejó hace un tiempo –lo tengo ya casi en régimen de adopción– La escritura dramática, del José Luis Alonso de Santos, donde explica magistralmente el funcionamiento del ¿y si…?

    El supuesto es la pregunta que el autor se hace, y que no encaja con la realidad. Ahí nace todo: ¿Y si Urdangarín acabara en la cárcel? ¿Y si no? ¿Y si lo de Valencia se viera truncado por la intervención de Godzilla? ¿Por quién tomaría partido el dinosaurio nuclear?

    Lo que sigue varía mucho de los unos a los otros. Pero, aunque eso no llegue a ocurrir, conviene tener a mano un ¿y si…? por si la realidad (como es el caso) empieza a volverse aburrida y densa. Cuando rebuscas febrilmente a tu alrededor con lo que cabrearte, escribir, gritar, actuar, proferir y no lo encuentras.

    Y te desplomas sobre el sofá, empiezas a reunir retazos y, sin siquiera tomar una mísera nota, vuelves a tu hoja en blanco, ahora dispuesta, fértil, ansiosa por que la rellenes de palabritas.

    Luego querrás ser autor, como digo, y querrás que aquello aparezca impreso en algún lado, rodeado por unas tapas –¿libros electrónicos? ¡Ja!– y con tu nombre en la portada. Vanidad ineludible, sin moverse aún del sofá.

    Pero no vendamos la piel del oso: hay que llenar muchas páginas. ¿Cómo de larga será tu novela, ocioso observador? ¿Y si la escribes de 200 páginas, de 500? ¿Cuánto tardarás? ¿Cómo será? ¿Tienes algún tipo de control sobre el fregado en el que estás a punto de meterte? No, claro que no.

    Siéntate, y escribe. Y vuelve por aquí en un par de meses. A ver qué tienes entonces.