Los fans condicionales y condicionados tenemos el gran problema de que tardamos horas, incluso días, en decidir si lo último del ídolo nos gusta o no. En esta ocasión, el bocado ha sido este, y ha requerido de todo el fin de semana para llegar a una conclusión:
La última vez que le vi en directo me prometí no volver a hacerlo, al menos con la E-Street Band, para no destrozar las buenas sensaciones que me dejó. Sigo firme con mi objetivo.
Al lado de lo que es, o fue capaz de hacer, esta canción es bastante flojera: letra endeble, melodía simple y arreglos ramplones.
Pero, con todo, me pone de buen humor, me despierta, me da ganas de barrer, de cantar, de fregar los cacharros, de andar por la calle, de no aburrirme. No sé qué pasa con tres acordes y ninguna floritura.
De viejo, me acusan al chaval. De haber perdido la pegada y de no ser capaz de innovar más. De hacer nada así, nuevo, y de estar estancándose en lo que hacen los grupetes con los que se junta últimamente, como The Gaslight Anthem, a los que servidor no aguanta.
El fan condicional y condicionado lo es porque procura escuchar varias veces los singles no con el objetivo de que le gusten sino de disfrutarlos en distintos momentos del día y de la noche. De darles nueva vida o de que se la den a él, como pasa con este temazo de los Black Keys que lleva pegado a mi cabeza una semana, sin dejar hueco a la posibilidad de que el propio fanatismo sea el que hace escucharlo.
Springsteen para el común de los mortales, Bruce para los amigos, se nos hace mayor. Ahora bien, parece que se acerca más al retiro olímpico que a una residencia de ancianos de Florida: hazte viejo, Bruce. Que innoven otros.