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Las buenas noticias (el fin de ETA)

La entrada del Viernes 21 de octubre de 2011, por Alejandro Carantoña

Unos se alegraron ayer porque estiman que el comunicado del cese definitivo de la violencia de ETA supone su final. Se habrán llevado un chasco tremendo al escuchar hoy a Rufi Etxebarria que este no es el fin del conflicto, aunque solo sea político. Conflicto, haberlo, háylo.

Otros no nos alegramos de que ETA se acabase porque lo dijera, sino por lo que implicaba el comunicado: que están acabados. Esa salida altanera del escenario, por chulesca que haya sido, no deja de ser una salida que, como no poca gente sabe, es una derrota.

Desde ayer he intentado leer y detectar las opiniones no solo de los políticos, sino de los tuiteros y opinión pública en general. Juntándolo todo, diría que ahora tenemos cuatro vertientes de opinión fundamentales:

  1. Los escépticos, como Pedro J., que hablan de tregua trampa.
  2. Los que critican a los primeros por eso, por escépticos, y prefieren lanzarse a los brazos de la alegría.
  3. Los inflexibles, que hasta que los etarras no pidan perdón y entreguen las armas no se darán por satisfechos.
  4. Los victoriosos por la llegada de la paz, que consideran (casi igual que los del segundo grupo) que cualquier pega son ganas de remover lo irremovible.

Por desgracia, ninguna de estas cuatro vertientes lleva la razón del todo. Este no es el fin de ETA, sino un reconocimiento implícito de que ese fin está cerca. Ese fin será policial, no nos engañemos. Ya lo decía el lunes: ETA no se va a acabar el día D a la hora H, por mucho que busquemos la foto para el recuerdo.

Lo que ahora toca es que Policía y Guardia Civil, exultantes de felicidad (y con razón) sigan haciendo su trabajo. La concordia para con los terroristas ni es ni será una opción –nunca lo ha sido– pero tampoco hay que olvidar que no hay nada peor, para restañar heridas, que meter el dedo en la llaga.

Existe un sector de la sociedad vasca que aprueba parte de las reivindicaciones abertzales: prueba de ello es la llegada de Bildu a las instituciones. Y dentro de ese sector, una parte estima que la violencia etarra estuvo justificada en un momento dado.

Por lo tanto, es esencial que separemos a quienes promueven, incitan y practican la violencia y a quienes la han justificado pasivamente en algún momento. Entiendo que en el ideario de esas personas determinados actos terroristas tienen legitimidad. Ahí reside la clave del equilibrio deseable para el País Vasco.

Solo lo lanzo como un hecho –no seré yo quien se atreva a proponer una solución o a repartir culpas–: por un lado tenemos terroristas, acabados y finiquitados desde ayer; y por otro a quienes les entienden de una forma o de otra.

Esas son las brasas que quedan. Esperemos que alguien sepa apagarlas sin soplar.


2 comentarios »

  1. Fernando González dice:

    Muy buena síntesis, sí señor.

  2. [...] que empecé con estos domingos electorales he creído que el fin de ETA sería crucial para Rubalcaba. Mucha gente me ha dicho que no, que de ese árbol no iba a crecer [...]

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