Miedo me dan estas cosas. Ayer, por si alguien no se había enterado, llegaron a Barcelona los dos cooperantes que quedaban secuestrados en Mali: han sido unos meses muy largos de un caso del que la opinión pública casi se había olvidado. Había entrado en esa dinámica de estancamiento informativo que se rompe regularmente para recordarnos que siguen ahí, pero, aparentemente, en stand by.
Ahora ya están en casa. Sus vidas valían dinero, o un prisionero, o algo, y seguramente por ello no se las arrebataron: eso sí, cuanto más altas son las apuestas (dos españoles por aquellos lares deben de equivaler a un hotel del Monopoly en la calle Serrano en términos diplomáticos) más opaca se va volviendo la pátina que lo recubre todo.
Mi querido Rubalcaba, el rey de la sonrisa con los hombros subidos, respondió ayer en Rabat, a la pregunta de si se había pagado un rescate (equivalente a un par de estaciones de tren en lo que a nosotros concierne) y se había entregado un preso (supongo que una de esas calles amarillas con un par de casas): «Teníamos un objetivo, que era traerlos.»
¡Bravo! Debemos suponer, pues, que AlQaeda se ha embolsado unos ricos dineros procedentes de algún lugar; acompañados de las oportunas gestiones de nuestro cuerpo diplomático y (miedo) del CNI. A la española: probablemente nunca lleguemos a saber a ciencia cierta qué ha habido detrás de la liberación; igual que ocurre con las operaciones de ajusticiamiento de piratas (grande Chacón). Ahora bien, mi pregunta es: ¿Estamos quedando como unos pringados ante la comunidad internacional o como un ejemplo de inteligencia?
Es evidente que hacer las cosas a la francesa (los reyes del ratatá) o incluso a la filipina (eh, un tío con un M16 tiene a 15 rehenes en un autobús ¿qué hacemos? Entrar por la puerta trasera, que igual no se da cuenta) puede resultar algo tosco; pero andar pagando rescates de estrangis puede convertir a los españoles en la pieza más suculenta de El Corte Inglés del terrorista internacional. Es decir, si la estrategia española es la que parece, puede que lo más recomendable sea endosarles una de cal después de la de arena; el problema, visto lo visto, es que la de cal nunca llega.
¿Todo el monte es orégano?
Lo malo de este asunto es que sin saber qué dieron a cambio, no puede saberse si ha sido una genialidad o una auténtica bajada de pantalones. Y no lo vamos a poder saber en plazo cierto porque esta MIERDA sigue en vigor desde 1968. Mira quién la firma.
http://noticias.juridicas.com/base_datos/Admin/l9-1968.html
Quien se vaya de vacaciones solidarias debería firmar una póliza de seguros y un contrato con Blackwater para que le rescaten llegado el caso. Que uno no paga impuestos para esto, caramba.