El ataque de los murcianos

Podría publicar esta entrada en Ficción, pero no pienso hacerlo porque lo que me dispongo a contar, aunque literario, es absolutamente verídico.

Por norma, no suelo responder a las llamadas de teléfono de números que no conozco si se producen a horas extrañas; igual que no respondo al timbre del portal en determinados momentos del día. Bien, así y todo, lo más frecuente es que esas llamadas sean debidas a una equivocación, y no vuelva a saber nada de ese misterioso móvil que no conocía: la última vez que, de hecho, me propuse comprobar una de ellas me respondió una mujer bastante asustada cuando le dije que me habían llamado desde su móvil: ¡qué glorioso bucle: ella se confunde; luego yo me confundo al devolverle la llamada; luego ella se vuelve a confundir; luego, un señor de Albacete; después, una señora de Hospitalet…!

El caso es que ayer, volviendo en el tren a Madrid, a media tarde, sonó mi móvil. Era un prefijo 968, un fijo: no me sonaba de nada, así que, fiel a mis principios, no respondí. Pero me quedé con la duda: ¿de dónde sale ese prefijo? ¿Conoceré a alguien en esa provincia?

En cuanto llegué a casa encendí el ordenador, me conecté a Internet y comprobé el prefijo: ¿Murcia? Murcia, qué hermosa eres.

Murcia, Murcia, Murcia, Murcia…

Sólo conozco a una persona en Murcia, y dudo que me llamara desde un teléfono fijo.

¿Murcia?

En fin, no le di más importancia: otra equivocación. Pero hoy, ahora, hace un rato, ha vuelto a sonar el teléfono, y era el mismo número. He vuelto a no cogerlo, claro, pero ahora sigo preguntándome quién narices era… No es que me inquiete, pero sí que tiene visos de guerra psicológica la cosa: Y ¿si llamo y me lo coge un Golem de siete cabezas? Y ¿si se han equivocado? ¿Quién será la misteriosa identidad tras el teléfono murciano?


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