Una de las maneras más provechosas y cómodas de lograr que el lector quede atrapado por la novela o el relato de turno es rellenar el texto de imágenes, de escenas cuya representación mental resulta bastante más duradera que cualquier otra noción. Ejemplo: de las múltiples festividades que siguen al fin de exámenes será duro recordar la fecha o el número exacto de asistentes; no obstante, recordaremos con precisión milimétrica el plato de huevos con chorizo al amanecer, tras una infinita sesión de bailoteos en traje y corbata.
Este es uno de los baremos infalibles para, recién entrado el verano, medir la calidad de los dos meses largos que están por venir.