Dice cierta ley no escrita, pero de validez igual de irrefutable que la de Murphy, que los estudiantes siempre damos con la que será nuestra serie preferida, o el programa de nuestras vidas, en pleno periodo de exámenes.
El caso es que el domingo pasado poco antes de cenar andaba haciendo un zapping cuando casi se me caen los ojos: Julio Salinas, Nicaragua, cinco jóvenes absolutamente imbéciles, Antena 3… Nah, no, será broma: voy a ponerlo a ver en qué consiste la cosa.
En fin, el cásting del asunto es de la misma calaña (así, calaña) que el de Curso del 63, con el aliciente de que a la anormalidad de aquellos jóvenes –”yo nunca he robado un móvil para comprar droga”– se une la inexplicable presencia del ex futbolista Julio Salinas, que se los lleva a algún paraje de Nicaragua para:
a) echarles la bronca: “A ver hostia, me parece de respeto esperar a que todos hayamos comido para levantarse de la mesa”;
b) infundirles valores: “Mirad qué poco tiene toda esta gente, y todo lo que disfrutáis vosotros en España”.
El objetivo, aparte de demostrarnos lo podrido que está el mundo, es claramente transmitirnos que quienes deberían irse no ya a Nicaragua a construir un colegio, sino a un gulag, son los padres de las criaturitas: aunque sólo fuera para que le explicaran a España cómo puede tenerse un hijo que sólo sabe jugar a Warcraft, sacarse mocos y/o propagar enfermedades venéreas por este mundo.
Pero bueno, yo me lo he buscado. Al día siguiente –ayer–, para amigarme, opté por ver la retransmisión en directo de Rock in Rio, en concreto el concierto de Metallica.
Nos recibe una afable presentadora que se sale del guión impreso de Wikipedia para hacernos saber que, en Arganda, hace frío. Bueno. Gracias.
Empieza el concierto y el sonido, digno de Radio3 –lata– no acompaña, pero la banda ofrece lo que necesitábamos, y más en una noche de estudio: música y espectáculo de fondo. Entre canción y canción, sin embargo, empieza a llegarme un zumbidito molesto. Qué raro: ¿qué será? Vuelve a sonar, ahora más insistente: ¡albricias! ¡Unos comentaristas! Sí, parece que son necesarios comentaristas en un concierto (“Hetfield por la derecha”, etc.). A ver qué dicen: “Metallica se cortaron el pelo para atraer a otro público”; “¿Habéis visto? Lars Ullrich está tocando la batería de pie.” Gracias, de nuevo.
Como colofón, los Metallica empiezan a despedirse del público, a tirar púas, vuelan fuegos artificiales y, en ese momento, el grupo queda relegado a una minipantalla porque los 657 enviados especiales de TVE tienen que dar las gracias –”Al equipo humano, a las dos Evas, a Juan… Sois todos maravillosos.”– mientras que en Arganda podrían estar volando un puente, que eso a nadie le importa.
Al menos tengo la certeza de que sacaré una notaza: sin series, y sin tele, sólo queda una opción: ¡estudiar!