Casi sin pretenderlo, el suplemento Culturas que con tan buen tino dirige María de Álvaro, cumplió un año ayer: 53 números, que se dice pronto.
Para celebrarlo, se publicaron dos relatos inéditos de Ignacio del Valle y de Miguel Rojo, además de la habitual ristra de firmas de cada fin de semana, entre las cuales, por suerte, me cuento.
Inicialmente, publicaba sencillamente la columna de la contraportada del suplemento cada dos semanas, hasta que llegó el verano y, por mi dedicación a Verano Fatal, me despedí de tan agradable hogar hasta septiembre. Pero la vuelta fue mejor: una entrevista enorme a Miguel Munárriz fue el principio de una larga ristra de artículos y de conversaciones más y más interesantes con escritores, músicos, artistas…
Por un motivo o por otro, tengo la inevitable sensación de que quienes tenemos la pata metida, de alguna forma, en Culturas, nos identificamos con algo. Con un proyecto, con una forma de entender la cultura que a mí, por lo menos, sigue dándome un leve cosquilleo: las buenas ideas, lo puramente intelectual, rebozado con el aroma estrictamente asturiano que le da un encanto definitivo.
En fin, gracias por hacerlo posible.
