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mayo, 2010

  1. M. Ward – Hold Time

    Lo escribí el Domingo 30 de mayo de 2010

    Inauguro esta sección con el excelente disco de M. Ward. Se trata de la mitad de She & Him, que quizás os suene más.

    Bien, la gracia de Ward reside en su acertadísima fusión de folk, gospel, rock y nosecuantas cosas más: es decir, su música trasciende la fusión pura y dura para situarse en un estilo totalmente nuevo; no inventado por él, eso desde luego, pero sí con una producción y un estilo marcadamente propios: las armonías y melodías no resultan especialmente originales.

    Es casi un artista de “domingo”, perfecto para tener de fondo mientras que se lee, se vaguea o se friegan los platos; no obstante, resulta igualmente propicio para dar un paseo con él, por esas rítimicas tan marcadas y, a la vez, perfectamente engarzadas con las melodías. Sorprendente, de hecho, resulta escuchar su versión de Rave On, de Buddy Holly.

    Que lo disfrutéis: M. Ward – Hold Time


  2. Música

    Lo escribí el

    Hola a todos:

    He decidido inaugurar una nueva sección en este mi bienamado blog, sobre música exclusivamente. Lo que postearé será un disco o una lista de reproducción cada domingo, con un disco o una serie de canciones que me hayan llamado la atención en esos días.

    Todos o prácticamente todos los enlaces irán mediante Spotify, por lo que si no lo tenéis podéis mandarme un correo electrónico a alejandro@alejandrocarantonna.es y, si tengo invitaciones disponibles en ese momento, os enviaré una.

    Ahí va: http://www.alejandrocarantonna.es/wordpress/?cat=35

    Abrazos, y gracias por seguir ahí.


  3. El imperio de lo agradable

    Lo escribí el

    Coincidiendo –qué casualidad– con el arranque de la Feria del Libro de Madrid, sale a la venta la que podría ser la carga de profundidad definitiva, a medio plazo, para el mundo editorial tal y como lo conocemos: el iPad.

    Cuando el Kindle, el primer dispositivo para leer libros electrónicos, salió a la venta en 2007, el sector se echó a temblar; con el tiempo, se ha visto que no había tanto que temer: el funcionamiento del Kindle no se basa en una pantalla retroiluminada normal, sino en un mecanismo algo más complejo que, según publicaba The New Yorker en una ácida crítica el año pasado, presenta desventajas básicas, como puede ser el fondo irremediablemente gris de la pantalla o el posible apagón total de esta si le da el sol directamente.

    Por otro lado, Amazon, la librería en línea que lo comercializa, adoptó una estrategia para con el mercado editorial que la aleja varios continentes de la de Apple: mientras que la primera trató de puentear a las editoriales y de negociar directamente con el autor, para así rebajar costes al máximo; la segunda ha empezado su andadura en el mundo de la librería digital por sentar a las seis mayores editoriales de Estados Unidos y proponerles un modelo de representación. Cinco aceptaron; una, Random House, no: creen que es demasiado pronto para lanzarse a esta piscina con tanto entusiasmo y que aún le quedan entre cinco o siete años para cubrir lo suficiente.

    El futuro es de lo más incierto, en este sentido, pero al menos, parece claro que se está intentando aplicar el mismo modelo que va a salvar el mundo de la música o el del cine (ya existen programas gratuitos que, por un módico precio mensual, nos permiten consumir cuanto queramos en línea); y que, además, con la entrada de Apple en este terreno de juego se impone el imperio de lo agradable: trastos quizás inútiles, quizás excesivamente caros, pero tan bien diseñados…

    No obstante, el peligro a la masificación que ya atenaza los otros dos sectores se va a cebar con el libro: hoy, cualquiera puede escribir, maquetar y «publicar» un libro electrónico. Ya no desde el punto de vista comercial, sino cultural, sólo nos queda, pues, la figura del editor como filtro, como proveedor al que acudir: por ese modelo apuestan Libros del Asteroide o Acantilado.

    En este sentido, en esta Feria del Libro, más que el año pasado y menos que el que viene, algunos nos centraremos más en las casetas de las ocho, diez editoriales que sabemos que nos ofrecerán un producto de calidad, desconocido e interesante. Pero, una vez llegue el 14 de junio y la Feria haya acabado; una vez que la gente deje de acudir a las librerías y las reemplace por Internet, ¿será capaz el mercado editorial español de sobrevivir importando, en otra revolución tecnológica más, las ideas que se les han ocurrido a otros con un par de años de retraso? Ahora, más que nunca, adaptarse o morir: ir a rebufo del resto del mundo no parece una opción.


  4. Que Lost nos pille confesados

    Lo escribí el Sábado 22 de mayo de 2010

    Para quien no esté enterado de la movida, explico lo que va a ocurrir el próximo domingo: Cuatro va a emitir cuatro de los últimos capítulos de Lost, luego va a estrenar el penúltimo subtitulado y, por fin, va a emitir –agárrense– el doble capítulo final con una diferencia de 30 minutos con respecto a la emisión estadounidense. La movida es que lo va a hacer subtitulado…

    Bueno, los fans de Lost se congratulan por esta iniciativa y, sin duda, tienen motivos para hacerlo: por fin, los piratillas de Internet han ganado la partida a los traductores profesionales que se desloman para que los capítulos lleguen en el menor tiempo posible: ojo, siempre he creído que tendría que ser el sector audiovisual el que se adaptara a los nuevos tiempos, y no al revés, pero tener a alguien subtitulando una serie como Lost en un intervalo de media hora, a riesgo de que se equivoque y la horda de frikis le meta fuego a Cuatro armada con azadas, me parece inhumano.

    Obviamente lo voy a ver, y no por ser fan de la serie sino por admirar el temple de quien vaya a llevar a cabo este triple mortal, y con la mera esperanza de que en la web de Cuatro cambien la expresión “generar los subtítulos” por algo un poco más elegante. No es que tenga que aparecer quien los vaya a hacer en pantalla pero, copón, ya les vale.


  5. Culpa de la gente

    Lo escribí el

    Estaba el lunes pasado viendo nosequé zapping, tirado en el sofá, cuando aparecen Jordi González, ese solemne presentador de programas rosas, y mi ministro de Fomento preferido, José Blanco. Salto del incipiente letargo, y me pregunto si será un avance de la nueva película de Goddard –al que, si no fuera por el plantón de Cannes, seguiría dando por muerto–.

    No, será real: veamos lo que piensa el número dos del PSOE: que le han criticado en los últimos días por ir a ‘La Noria’, pero que a él no le importa porque tiene una «másima»: el político ha de ir «donde esté la gente». ¡Por fin alguien valiente, no como Montilla, ese desaprensivo que pasó de irse a quemar contenedores a Canaletas!

    Seguía sospechando que era un sueño, y que, como digo, Goddard había pasado a mejor vida; le rescaté de la categoría de «genio fallecido», gracias al episodio blanquiano. Sí, resulta que el tipo no solo aguanta sino que sigue haciendo películas, como ‘Film Socialisme’, una ida de olla sin precedentes.

    En cualquier caso, en el preciso instante en el que nuestro ínclito ministro acudía a la cadena de Berlusconi, yo –y otras enecientas mil personas que no nos encontrábamos delante de la caja tonta– estábamos distribuidos entre los estridentes conciertos que tomaron la Gran Vía; o en las Vistillas, aprovechando que por un día Madrí se baja del pedestal para ofrecer unas gratas fiestas de pueblo; o tomándonos un vermú a la fresca de una noche más que agradable, con la gorra y el clavel. Y a mí, la verdad, si no llega a ser por el camarero del bar de paisanos de la esquina, que está muy puesto, nunca se me hubiera ocurrido pensar que realmente Goddard sigue vivo o que ‘La Noria’ sigue emitiéndose…