Rock’n'roll de Tom Stoppard
Naves del Matadero, Madrid
Toda la información aquí.
Tom Stoppard era, hasta el sábado pasado, un dramaturgo de lo más desconocido para mí; pero resulta que no sólo es importante sino que, además, es guionista prolífico (y no menos reseñable). Con lo que vi entonces, y lo que leo ahora, no me cuesta confirmar la imagen mental del escritor de origen exótico reconvertido en autor perfectamente anglosajón, e inserto en su cultura y su forma de entender el arte a la perfección.
Eso, desde el minuto uno, es Rock’n'roll: un relato pseudohistórico a caballo entre Praga y Cambridge con una densidad ideológica e histórica detrás (no, lo siento, no estoy muy puesto en regímenes autoritarios en Checoslovaquia) que, por suerte, Stoppard sabe encauzar de manera que no resulte plomiza (otro escollo: 2 horas 50 minutos).
Los diálogos son ágiles y el espacio escénico está perfectamente aprovechado en el montaje de Teatre Lliure dirigido por Álex Rigola, con una presentación ambiciosa pero bien cuidada y en absoluto excesiva o grandilocuente. Los actores contribuyen a esta sensación, la traducción suena bastante natural, pero…
Pero. Hay un pero, y cuesta definir cuál es: existe un problema oculto en Rock’n'Roll, que reside quizás en el texto original, quizás en el español, quizás en la dirección, no lo sé –porque todo el mundo parece desempeñar su labor competentemente– que lastra en exceso la primera parte. Va gustando, camina, pero casi antes del descanso el espectador empieza a tener la sensación de que el ritmo se está enfangando y de que, de pronto, algo falla.
La sospecha se confirma con la segunda parte, mil veces más ágil, aguda y liviana que la primera, en una oposición bestial que sólo puede radicar en la obra original; no obstante, también cabe la posibilidad que, siendo el principio de la obra el de mayor contenido histórico-político, y tener un ambiente, un tono, un discurso teatral absolutamente distinto, a alguno de los responsables de la adaptación se les haya ido la mano.
Sin embargo, no me hagáis ningún caso e id a verla. En estos tiempos que corren, pillar un teatro de calidad medianamente decente, bien montado y que encima proporcione conversación al salir ya es todo un regalo. Y seguro que disfrutáis del Rock’n'Roll que le da título…
