Lo que ocurrió el sábado en la sala Heineken de Madrid fue, principalmente, un desarme en toda regla: uno iba sin apenas haber escuchado el último disco del inglés, Truelove’s Gutter, y con las melodías más animadas de anteriores entregas en la cabeza. Sin embargo, tenía organizada mi idea del repertorio guardando un hueco para alguno de los sugerentes medios tiempos que copan los discos del ex-Pulp, y lo que encontré no tenía nada que ver con cualquier idea que hubiera podido formarme.
El concierto del sábado pasado se basó en el valor de una banda que cree en sus canciones y sabe por dónde agarrarlas; un Hawley y compañía con la capacidad técnica y las tablas necesarias para entregar canciones de bastante más de cinco minutos a tempos lentos, lentos, sin dejar por ello de conectar con su público: el gran peligro de la música que hace este señor es que puede resultar un soberano tostón si uno se escuda en las correspondientes gafas de sol y una supuesta sensibilidad salida de madre, que le lleven a tocar para los cuatro tipos que le acompañan en el escenario y no para los 500 que están delante. Pero no, en esta ocasión ocurrió el milagro: una sala repleta, un silencio sepulcral, aplausos merecidos y un Hawley y banda emocionados. ¡La conexión es posible!
En lo musical los cinco brillaron, contenidos, atinados y perfectamente compenetrados. Una pena, en cualquier caso, que tuvieran que recurrir a secciones de cuerda grabadas, que le quitaron algo de brillo a ciertos temas pero sin llegar a deslucirlos, en absoluto. El sonido, por una vez, era claro en medios y agudos, con una voz ecualizada a la perfección y unas guitarras limpias dentro de la eventual distorsión; ahora bien, collejón para los graves: el bajo y el contrabajo formaban una masa pegajosa que haría las delicias de los más “ambientales” pero que, a quienes gustamos de distinguir el bombo del bajo nos resultó más bien insufrible.
Por último, todo un placer la sala Heineken, en la que a pesar de su nombre la cerveza se cotiza a 5 euros la caña (previo pago de una entrada de 29 para mis amigos de TickTackTicket) y 8 euros la copa, con el oportuno grifo de Coca-Cola silbando entre canción y canción. Así, uno puede fundirse tranquilamente 10 euros por no morir deshidratado. En serio, un gustazo.

