Hace no demasiado acudí, en busca del tema de conversación del mes, a ver ‘Avatar’, y no pude más que esperar curioso a leer alguna crítica (francesa) sobre la enésima voladura cerebral de James Cameron. Háganse cargo: «François, necesitamos que nos escribas un par de páginas.» ¡Menudo papelón!
Señalaba el semanario ‘The New Yorker’ en un reportaje previo al estreno de la película la cantidad de plumillas de todo el mundo caídos en desgracia tras descuartizar, a raíz de los pases de prensa, ‘Titanic’: alguno aún lleva el rabo entre las piernas por haber vaticinado un trompazo de proporciones épicas (porque la película buena, lo que se dice buena, no es) que resultó en el mayor éxito de todos los tiempos. Con Oscars, y todo.
Ahora añádase a la prudencia del entendido cauteloso el inevitable requisito al que hacen frente los colegas del cruasán: insertar un par de reflexiones sobre la modernidad y derivados en cualquier crítica, algo peliagudo en este empastillamiento ‘new age’ ecologista de agradables tonos azules. ¿El resultado?
En el ‘Libération’ del 16 de diciembre está: en el tercer párrafo se cuela un tímido «imperialismo cultural»; en el séptimo, en un esfuerzo de contención, aparece la ‘Ilíada’; y en el octavo, ya con la gota condensándose en la frente, Lévi-Strauss hace su aparición estelar: cine palomitero, sí, pero con cabeza. Y mientras, la mitad de la humanidad duerme plácida tras sus gafas de 3D.
Alejandro, permíteme disentir contigo. Dentro de lo que es, entretenimiento, “Avatar” es un éxito logrado y justificado. No se trata de un tratado de filosofía, tampoco de algún aporte a las ciencias, ni viene a resolver ninguno de los tantos problemas que enfrenta la humanidad. Creo que nuestra crítica debiera ser también autocrítica a la hora de tirar abajo sistemáticamente todo lo que tiene éxito por el simple hecho de que quien lo hizo supo hacerlo bien. No necesariamente debe tener un valor intrínseco. Basta con que produzca el efecto que buscó. Y “Avatar” también nos dejó algún que otro asuntito sobre el cual reflexionar.
Un saludo.
Hola, Rudy:
Ante todo, gracias por tu comentario. Que la película sea un éxito logrado es algo indiscutible, aunque a mí personalmente me parezca soporífera y el guión, en general, plomizo. Pero precisamente por ello la crítica va dirigida contra los propios críticos, que le buscan tres pies al gato cuando no hay más que entretenimiento. Y de paso, le damos un par de collejas a Cameron. Un abrazo.
Los críticos con su vista de águila. Buf. Recuerdo haber leído una anécdota sobre Buñuel (creo que la contaba un sobrino suyo en un suplemento dominical), que en una de sus películas sacó a un hombre vestido de traje y luciendo una corbata con un determinado tipo de rayas. Bueno, pues parece ser que sobre las rayas de aquella corbata se escribieron no pocos artículos y hasta varios ensayos, pues toda la intelectualidad de la época veía en ellas referencias subliminales a esto y a aquello. Contaba el familiar de Buñuel, que, en realidad, fue la primera corbata que se echaron a los ojos en el momento del rodaje (incluso creo que se la pidieron prestada a alguien que estaba por allí), y era de rayas como podía haber sido lisa o con rombos.