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Bah

Libros sin abrir

La entrada del Viernes 8 de enero de 2010, por Alejandro Carantoña

Cada vez que paso por delante de una librería suelo apretar el paso y, como dice esa creencia popular sobre las funerarias, agacharme para que no me tomen las medidas. Si por un casual se me ocurriera virar, empujar la puerta y meterme en la librería, tendríamos un enorme problema.

Para empezar, caminaría entre las estanterías sin saber bien qué buscar. Entonces recordaría un trozo de periódico, una reseña, una recomendación y me encaminaría a donde estuviera el libro en cuestión. Lo abriría, lo hojearía, me gustaría. Luego otro. Y otro. Me encontraría con siete estimulantes libros en las manos, el tipo de la caja sonriendo y mi tarjeta temblando en el bolsillo.

La última vez que me ocurrió eso (“venirse arriba”, lo llamo yo) rellené la estantería de libros por leer y llena sigue: se tarda un segundo en comprar Vida y destino; no se tarda tan poco en leerlo… Pero sí, va bajando, uno disfruta de tener tanto entre lo que elegir cuando se levanta, por ejemplo, un domingo con la literatura efervescente y tiene ganas de desayunarse con algo rico.

Pues ahora que han venido los Reyes, estamos igual, pero con la cuenta corriente encamada: abro un paquete y Jan Potocki, desde Acantilado, me saluda con casi 800 páginas de tapa dura. ¡Viva! Y luego abro otro: Todo fluye, de Vasili Grossman, ¡alegría! Qué contento estoy con mis libros nuevos, ahora podré leerlos, toquetearlos, abrirlos, cerrarlos, contemplarlos y… ponerlos a la cola. ¡Maldición!


2 comentarios »

  1. Azulmarino dice:

    ¡ qué bien lo describes!…..
    Lo comparto.

    Saludos

  2. Alejandro Carantoña dice:

    ¡Gracias!

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