Un siglo después
Cuando llegó el año 2000, aparte de lo exótico de la cifra, me dio por pensar en la visión que ahora tenemos del siglo pasado, más allá de análisis históricos: atrás quedaron las roídas maletas de cartón de los malos tiempos; qué lejana resuena la biografía de un Truman Capote bañado en lujo neyorkino; qué extraña se ve Ava Gardner tomándose sus cócteles en el castizo Chicote de la Gran Vía madrileña.
¿Les dará a nuestros sucesores, dentro de un siglo, por verle el encanto a lo que ahora estamos viviendo? Seguramente se reirán de esa payasada del libro electrónico, ese armatroste que el bisabuelo guardó en un cajón un par de navidades después de recibirlo, en 2010.
Qué lejanos quedan los manifiestos contra la piratería, con aquellas llantinas que les daban a los atribulados intelectuales, cuando tenían la solución delante de las narices.
Y montarán un ‘Curso del 2010’ que levantará ampollas, o un Gran Hermano con animales –«Rebelión en la casa»–.
Ansiarán la efímera (pero resultona) ropa de H&M que ahora tanto nos gusta; en algún momento se pondrán de moda las AllStar, el rosa, los sombreros, los mostachos, y ‘Colgando en tus manos’ será considerada ‘vintage’.
Cunde la preocupación, no obstante, porque algunos desaprensivos consideran que en lo cultural vamos cuesta abajo en la rodada: ¡No, por Dios! ¡Brindemos porque dentro de 100 años sea una Belén Esteban biónica quien presente las campanadas!: ¿Quién quiere premios Nobel pudiendo criar campeones de las ondas?
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