Carnaza

logoculturasNo hay como levantarse de buena mañana y hacer un repaso a un puñado de periódicos y blogs para quedarse tranquilo una semana más: el mundo sigue su curso. Así es, en esta esquina de la Red de redes nosequién lanza su pulla personal contra la discográfica/editorial de turno porque no puede pagar el alquiler con su arte; Ramoncín dice «Blah» en un comunicado y le destruyen en la ristra de comentarios que acompañan a la noticia; por allá asoma la enésima diatriba contra González Sinde con lo mejor de un cabreo ilustrado: resulta que la cultura se ha convertido en «campo de fuerzas profundamente estratégico donde se libra la batalla global, donde se confrontan, encuentran y resitúan intereses, valores y significados».

Y es que el café, con un poquito de bilis, entra mejor. Anoche estaba tan tranquilo leyendo en el sillón, viendo la última de Clint Eastwood o escuchando alguna novedad musical y notaba que algo me faltaba, que la velada se encarrilaba al fracaso: ponerme un ‘reality’ y ver a dos gemelos darse puñetazos, a una tertuliana con boca de estropajo y lengua viperina descuartizar a José Amedo (!), focos resplandecientes, sudor, sangre y lágrimas, espectáculo en estado puro.

Es la diferencia entre la cultura de suplemento y la de toda la vida: aquellos se aferran al DRAE y a su afilada pluma mientras que los segundos (¡gracias!) han aprendido el glorioso camino de la metadestrucción, esto es, de sacar chicha de la propia inmolación de su cultura. ¿Qué tienen que hacer los llorones, ristomejides y editorialistas jurásicos frente a un montador de Telecinco bien forrado de féminas, injurias y paternidades dudosas? Hermánense de una vez y epátennos con lo mejor de este país: ¿Sara Montiel con Alaska? Esto no ha hecho más que empezar…


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