Memorias de un europeo. El mundo de ayer
Stefan Zweig
Barcelona, Acantilado, 2001
552 páginas
Puede parecer una banalidad decir que este libro es el más personal de Stefan Zweig tratándose de su autobiografía, pero quien lo haya leído entenderá que no es una afirmación evidente en absoluto.
Como ya mencionaba en el segundo episodio del Podcast, dedicado al autor, la primera particularidad de la narración se encuentra ya en el prefacio del libro, en el que advierte de su renuncia a contarnos su propia vida para rendirse al papel de espectador de uno de los momentos más sombríos del siglo XX europeo.
Primero, la felicidad de principios de siglo; luego, el mazazo de la Primera Guerra Mundial; después ese limbo en el que parecía que la situación se estabilizaba; finalmente, la explosión de la Segunda Gran Guerra y su (para él inevitable) retirada de un mundo que parecía repudiarle.
La vida y formación del escritor sólo sirve para enmarcar el contexto en el que se produjeron todos estos acontecimientos, y a pesar del empeño de Zweig en “quitarle hierro”, cualquier seguidor de su obra curioso por la trastienda de su creatividad encontrará también una dosis de lo que busca. El resultado es, en definitiva, apasionado y fluido, mucho menos desbastado que cualquier otro relato suyo (basta con observar la extensión de los párrafos y segmentos, menos purgados y depurados que en otras ocasiones) pero, por suerte, producido en un momento literario en el que ya se podía permitir sentarse ante el folio y dejarlo salir todo sin aburrir a las moscas.
Mención aparte merece la traducción: como viene siendo costumbre en Acantilado, se trata de un texto cuidado y pulcro, pero una observación atenta permite entrever la presencia de las cuatro manos que lo firman, quitándole en algunos pasajes la fluidez que le habría dado el trabajo de un único traductor.
Pero minucias aparte, la traducción salva con mucho más que dignididad un texto complicado, ensimismado y en algunos instantes amargamente sombrío tras el tono entusiasta y emocionado que es costumbre en Zweig. Al final, un libro indescriptible en su desarrollo —¿qué personalidad lo es?— y de emociones variopintas, encontradas, superpuestas y habitualmente intensas.
Inusual y necesario para entender un siglo que ya nos pilla algo lejos.