Estas (¡ya últimas!) noches de calor veraniego, que invitan más a quedarse al fresco de una plaza que a embutirse en bares sospechosamente cálidos o heladoramente acondicionados, nos han permitido descubrir el maravilloso mundo de la gastronomía nocturna gijonesa.
En Madrid contamos con la comunidad china, que cierra el chiringuito a eso de las 12 y se lanza a las calles del centro provista de vituallas («sevesa, alós, taalines» es su lema, su mantra, convertido ya en un himno generancional).
Pero por estos lares aún no hemos llegado al servicio a domicilio: son las bocaterías y kebabs las que nos suministran las providenciales viandas de última hora de la noche. Tal es el éxito de este fenómeno, que nos encontramos en disposición de realizar una suerte de «Guía Michelón» de los locales más selectos de la ciudad: en Cimadevilla, el mejor chorizo a la sidra a este lado del Piles; en la Arena, el ínclito bocata mejicano, toda una delicatessen; en Fomento, el kebab más refinado y goteante; en el puerto, el «chori con chimi», llamado a convertirse en clásico atemporal.
Existe una competencia encubierta por las patatas más crujientes, los bocatas más fornidos, la salsa más perfecta, la grasona más económica… La más inaudita batalla gastronómica desde el helado de centollo, vaya.