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Artículos, Ficción

El gran paseo [2]

La entrada del Jueves 20 de agosto de 2009, por Alejandro Carantoña

Ver la primera parte.

Hacía un día tan excepcional que no pude dejar de seguir caminando, bordeando la costa con dirección a la Providencia: pasé al lado de los campistas apiñados y me dejé sorprender por la espléndida tarde que caía sobre la bahía. Glorioso calor, sorprendentemente excesivo para estas latitudes, y un sol de los que invitan al moreno marbellí que más de una y más de uno lucen por estas fechas (nos vemos en diciembre…).

La cuestión es que sobrepasar aquel recodo, el del camping, y enfilar la empinada cuesta es como superar una frontera inesperada: parece que sólo los elegidos la cruzan, porque más allá se terminan súbitamente las parejas de paseantes calmos y sólo quedan o bien enérgicos andarines o bien deportistas de pro, además del viento atronador.

Desde allí se domina todo, se ve la ciudad en una dirección y, hacia la otra, tan sólo verde y azul, sin más. Esto, unido a una buena ducha tras desandar el camino y una ración de terraza en buena compañía es, a buen seguro, la impagable recompensa de sobrevivir a las eventuales inclemencias de esta villa: prometer lluvia por la mañana, amenazar niebla a la hora de comer y regalar tardes claras y agradables de vez en cuando. Días como este son los que, a fin de cuentas, dan sentido al verano. Y sería una pena desperdiciarlos.

Ver la tercera parte.


2 comentarios »

  1. [...] la segunda parte. Etiquetas: El Norte, Ficción, Paseo, Sol, Verano.Comentarios [1]Digg it!FacebookTwitterEditar [...]

  2. [...] Ver la segunda parte. [...]

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