Leo en El Mundo de hoy un reportaje de media página sobre el creador de Facebook, uno de esos tipos de 25 años que hacen que los padres empiecen a mirar a los hijos universitarios con cara de «ya te estás dando prisa». Resulta que se forró a base de mangar fotos de sus compañeras del archivo de la universidad y, a partir de ahí, sólo había que dejar hacer a la máxima universal de la interné: «Dame chicas y fútbol, y te haré rico». De fotos de compañeras a red de colegas de universidad, de ahí a red social y voilà.
Mientras tanto uno, que tiene aspiraciones poco más que napoleónicas con este blog, asiste perplejo a un nuevo episodio de desastre absoluto en el ínclito reino de la informática: se desenchufa mi página web un soleado domingo a mediodía por un oportuno fallo eléctrico, según descubro al enviarles un e-mail y así me tiro más de 24 horas.
Agradezco la consideración de enviarme a tomar algo el sol y despegarme del engendro maligno, pero sólo renuncio a la Red para ir a topar con el mencionado artículo, desde el cual me sonríe el tipo con su misma camisa de hace 6 años, vanagloriándose de su oficina de californianos enrollaos que llegan cuando quieren, comen gratis y curran poco: «Sí, Alejandro, mi hosting funciona y el tuyo no.»
Y mientras, mis reyes del servidor 20 horas intentando conectar el cable azul con el verde. Hay que joderse.