Pero que sea un volumen entretenido (dentro de nuestro perroverdismo) y muy sabio tampoco lo transforma en un manual de cabecera, ni en una obra de consulta, ni en un libro de texto siquiera. Es una obra que, también en la mejor tradición europea, recoge una enorme cantidad de información de materias muy diversas, y la uniforma y la pule bajo un discurso continuo que hace difícil distinguir dónde termina cierta “escuela” y dónde empieza un “dogma”: aunque los epígrafes permitan recuperar lo leído rápidamente, no siempre es fácil relacionar los contenidos con otros estudios, con otros enfoques.
Es decir, si un traductor trata de sacarle cierto jugo, ciertas técnicas que aplicar a su labor, tendrá que andarse con pies de plomo. Es evidente que hay un sustrato de ideas muy interesantes, aunque también lo es que, como adelantaba, la mayoría de procesos en los que se detiene Eco se encuentran a años luz del mundo real. Pero no debemos olvidar que incluso de un tratado matemático podemos extraer lecciones aplicables a la traducción. Posiblemente este sea el prisma a través del cual debemos leer Decir casi lo mismo.
Un libro, en definitiva, muy interesante para traductores y potencialmente somnífero para el resto de los mortales. Pero, en cualquier caso, de los que hacen bonito en la estantería.