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febrero, 2009

  1. Nuevos blogs para nuevos tiempos

    Lo escribí el Viernes 27 de febrero de 2009

    Hace unos días, sentado en mi sillón, pasaba la última página de Momentos estelares de la humanidad. Catorce miniaturas históricas. Se trata de un libro en el que Stefan Zweig relata, con el pulso de un maestro en el arte del costumbrismo, cada uno de los instantes decisivos de la Historia, instantes que quizás no resplandezcan en nuestra memoria, que probablemente caigan en el olvido, pero que, sin duda, significaron profundos cambios en el transcurso de nuestra existencia.

    Zweig, igual que Larra o Galdós —por poner ejemplos más cercanos—, forma parte de ese equipo de autores que, fascinados por los pequeños detalles fruto de una observación curiosa del mundo, decidieron tomar ese camino, el de la crónica puntual y meticulosa, para radiografiar a la humanidad. Lo lograron en un momento, en un lugar concreto, pero con una precisión y una profundidad tal que aún hoy nos cuesta contener el aplauso, asombrados ante la vigencia de sus relatos cien, doscientos, dos mil años más tarde.

    Salir a la calle, abrirse al mundo y aprehender todo lo que nos rodea es un ejercicio que, en ocasiones, hace saltar la pequeña chispa de cronista que todos llevamos dentro, jamás con el tino o la maestría de estos autores, pero sí con su ilusión, o sus ganas. En mi caso, esa chispa fue la que detonó el primer blog de esta serie, Bah. Con la ingenuidad y la juventud como armas —sin siquiera saberlo— comencé un proyecto que se convertiría en un diario, a medio camino entre lo personal, lo intransigente, lo cultural y lo anodino: un chorro de escritura que, si bien no conducía a nada, fue una escuela inigualable para empezar a progresar.

    En 2008, un año más tarde, cualquier día de febrero, me encontré aburrido y comencé a releerlo. Primero sentí vergüenza, después la urgencia de destruir aquel blog y empezar otro. Así nació Bah (2), en el cual el campo se acotaba un poco más, el alcance era así más reducido y, según lo veo hoy, más atinado, más exhaustivo.

    Tras meses sin actualizar Bah (2), sin encontrar la manera de sacarlo adelante, y sin saber bien qué contar, comencé un diario en la calidez del papel, en el que anotaba las impresiones que va dejando el día a día, notas deslavazadas y en ocasiones sin sentido alguno, pero que me permitieron (y me permiten) seguir dando rienda suelta a todo aquello que nunca quise ver publicado, pero que me apenaba callarme, y olvidar.

    La crónica inmediata, el pulso con la calle y sus gentes, quedó por su parte relegado a Generación Alsa, el proyecto que refleja todas las inquietudes de unos chavales cualquiera, en esta ocasión asturianos.

    Habiendo encontrado, de esta forma, los canales adecuados para liberar lo que quería contar, me limité a seguir observando y a introducir el resultado de este ejercicio en el proyecto más pertinente, fuera el público Generación Alsa, fuera el privado diario personal, ese cajón de sastre en el que guardar todo lo que me interesaba pero no estimaba oportuno mostrar. Hasta que un día, hace poco, no fue suficiente.

    Necesité, una vez más, un espacio en el que verter todo aquello que no tenía cabida en ninguno de los otros dos proyectos y, de nuevo, se repetía la historia: vuelta a la necesidad de un blog, vuelta a la necesidad de analizar, de escribir, de opinar, de adquirir el compromiso, conmigo mismo, de hacerlo lo mejor posible. Equivocándome y tropezando, sin duda, pero con fuerzas renovadas para aprender de lo publicado y no arrepentirme de haberlo intentado.

    Bah (3) tomaba cuerpo, empezaba a gritar que quería salir adelante, y una mañana soleada lo creé. Para expandir y amplificar esos pensamientos que a todos, alguna vez, nos asaltan: frente a un libro, a un periódico, a una película, a un videojuego; para hacerlo sin miedo a la inevitable vergüenza que da leerse tiempo después.

    Y hasta aquí puedo leer: no puedo pretender avanzar más de este nuevo espacio porque uno de los motores del proyecto es, precisamente, la jugosa incertidumbre del que no sabe qué será lo que aguarda a la vuelta de la esquina. Es una incertidumbre que asusta, que angustia, que da vértigo… pero que me encanta.